massobreloslunes: Tiburoncitos

viernes, 20 de junio de 2008

Tiburoncitos

- Oye, ¿tú en qué trabajas?
- Yo no trabajo, yo soy compañera de clase de tu hermana. ¿Te parezco muy mayor, o qué?
- No sé…

Irene sonríe mientras remueve el pisto en la sartén, e Isaías me mira desde sus ojos castaños y grandes.

- Entonces, ¿en qué trabaja tu padre?
- ¿Mi padre? Pues verás… mi padre es biólogo marino.
- ¿Y eso qué es?
- Es un trabajo que consiste en estudiar el mar, los peces y todo eso.
- ¿Y los tiburones?
- Claro. Los tiburones son peces. De hecho, mi padre es especialista en tiburones.
- ¿Y los cuida?
- Sí… mira, los tiburones cuando nacen son muy pequeñitos.
- ¿Así? – Separa las manitas como un palmo.
- Más bien así – junto un poco más sus manos -. Son tan pequeñitos que no pueden vivir en el mar.
- ¿Porque se los comen las ballenas?
- Las ballenas, los delfines… por cierto, ten cuidado con los delfines, porque parecen buenos, pero son animales muy peligrosos.
- ¿Y se comen a los tiburoncitos?
- No, hombre. Para eso está mi padre. Cuando los tiburoncitos nacen, los trae a mi casa. Allí tenemos una bañera especial, más grande que las normales. Les dejamos que vivan allí hasta que crecen un poquito. Jugamos con ellos y les damos comida.
- Venga ya… ¡te lo estás inventando! Irene, ¿se lo está inventando?
- Qué va, ¿a que no, Irene? Ella vio la bañera de los tiburones cuando estuvo en mi casa hace dos meses.
- Es verdad. Cuando yo estuve había por lo menos cuatro o cinco.
- Hala…
- ¿Ves? Yo no te mentiría.
- ¿Y qué comen los tiburoncitos?
- Pues casi de todo: jamón york, boquerones, salchichas... Una vez tuvimos uno al que le encantaban las lentejas. Se las echábamos en el agua y las absorbía, así – abro mucho los ojos y succiono como un desague.
- ¿Y no te dan miedo?
- No, porque son muy pequeñitos, y además no pueden salir de la bañera. Y los dientes que tienen son como granitos de arroz. Una vez meti la mano a ver si mordían, pero apretaban muy flojo.
- Así – dice Isaías, y mordisquea suavemente la piel morena de su brazo.
- Eso es.
- ¿Y un día puedo ir a tu casa para ver los tiburones?
- Claro que sí. De hecho, si te portas bien…
- ¿Qué?
- No, nada, iba a decir una cosa, pero es que no sé si puedo confiar en ti.
- ¡Dímelo! Porfa…
- Nada, sólo que si te portas bien, a lo mejor la próxima vez que venga te puedo traer un tiburoncito para que tú lo cuides. Lo metes en tu bañera y me lo llevo cuando sea más grande.
- No sé – arruga el entrecejo, preocupado -. Me da un poquito de miedo…
- Pero si no dejaríamos que se hiciera muy grande. Yo vendría a llevármelo con nuestra furgoneta-piscina y lo echaríamos al mar antes de que fuera peligroso.
- ¿Tienes una furgoneta-piscina?
- ¡Claro! ¿Cómo íbamos a transportar si no a los tiburones?
- Qué guay…
- ¿Entonces quieres cuidar al tiburón o no? Imagínate lo que vacilarías delante de tus amigos con un tiburón en casa.
- ¿Sólo mientras sea chico?
- Sólo mientras sea chico.
- ¿Le puedo llamar Iker Casillas?
- Por supuesto.

Y mientras Isaías se va corriendo a decirle a su hermano que va a tener un tiburón bebé, yo sonrío, suspiro y me digo que no tengo remedio, que invento por puro vicio.

6 comentarios:

  1. Mentirle a un niño es tan cruel...

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  2. Aguafiestas.
    ¿Es que hay que explicártelo todo?
    ¿Es que no has visto Big Fish?
    Ay, señor...

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  3. El libro es mucho mejor que la peli. De Daniel Wallace, creo recordar.


    Tiene también otra novela sobre sandías que no está mal.

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  4. Hoy estaba yo jugueteando en la orilla de una playa de Fuengirola y una niña ha gritado mientras me señalaba con el dedo: "mira, mamá, liberad a willy"
    Y me he acordado de este cuento.

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  5. xDDD

    De todas formas, no es ficción. Quiero decir, lo de los tiburoncitos sí me lo inventé, pero la conversación sucedió tal cuál.

    Besitos.

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  6. cuidado con las tildes en los cuales... que duelen a la vista.
    :P

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