massobreloslunes

domingo, 2 de mayo de 2010

Me paso la vida (o al menos las vacaciones) suspendida en el dilema de acostarme tarde o levantarme temprano. Deseando siempre ser insomne y tener suficiente con cuatro o cinco horas de sueño. Me encanta quedarme despierta cuando alrededor sólo hay silencio, y me encanta levantarme cuando el mundo está todavía dormido. El problema es que si no duermo nueve horas

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