Me paso la vida (o al menos las vacaciones) suspendida en el dilema de acostarme tarde o levantarme temprano. Deseando siempre ser insomne y tener suficiente con cuatro o cinco horas de sueño. Me encanta quedarme despierta cuando alrededor sólo hay silencio, y me encanta levantarme cuando el mundo está todavía dormido. El problema es que si no duermo nueve horas
No hay comentarios:
Publicar un comentario