massobreloslunes: Traspiex

domingo, 27 de junio de 2010

Traspiex

Es domingo por la mañana y estoy bañándome en topless en el Balneario cuando, cruzando la playa, montado en su bicicleta, con unas gafas de sol de aviador y una camiseta de Ferrari, aparece J.

[Razones para no meterse en el agua sin la parte de arriba del bikini. Un, dos, tres, responda otra vez:
- Encontrarte a tu ex en bicicleta.]

J. me llamó el martes por teléfono para preguntarme qué tal y para contarme sus problemas de trabajo, en un claro ejercicio de no asumir que no soy ni su novia ni su psicóloga. Encontrármelo allí y estando yo medio desnuda me parece surrealista. Tengo la tentación de sumergirme en el agua y dejarle cruzar la playa, pero al final aprovecho una mirada suya hacia la orilla para levantar la mano y llamarle. No sé por qué lo hago. Él mira, sonríe, se acerca y se queda de pie, como esperando a que salga del agua.

- ¡No pienso salir! - grito -. ¡No tengo bikini!
- ¿La parte de arriba, o la de abajo? - pregunta él.
- ¡La de arriba!

Ni corto ni perezoso, se baja de la bicicleta y se quita la camiseta roja y el pantalón desmontable. Se mete en el mar con decisión, como los vigilantes de la playa, mientras yo permanezco agachada junto a la orilla. Se zambulle detrás de mí y aparece después, con el pelo tieso como las plumas de un pollito mojado.

- ¿Qué tal todo? - me pregunta con los ojos muy abiertos.
- Pues yo qué sé, bien, aquí.
- Yo estaba buscando a mi compañero de piso húngaro, que me dijo que estaría en esta playa.
- Ah.
- Pero debe de estar en la de al lado, porque por aquí no le veo.
- Ajá.

Nos quedamos callados unos segundos.

- Voy a salir, ¿vale? - digo.
- Vale.
- Quédate detrás.
- Te he visto mil veces desnuda.
- Me da igual. Has perdido el derecho a ver estas tetas - me tapo con un brazo y le señalo acusadoramente con el dedo tieso.
- Vale, vale.

Tropiezo intentando salir del agua sin manos. La playa del Balneario está llena de rocas, y me hago polvo el tobillo contra una mientras J. me sigue hacia la orilla. Mis amigas se ríen desde sus toallas, y yo camino deprisa y sin dignidad hacia la mía y me pongo el bikini. J. saluda a mis amigas y se sienta en la arena frente a nosotras, pero la arena quema, así que se acuclilla encima de las chanclas de la PK.

Charlamos un rato. Yo le miro y le veo flaco, y constato que le clarea más el pelo en la parte superior de la cabeza. Dentro de poco empezará a quedarse definitivamente calvo, pienso. Pero me lo seguiría tirando ahora mismo, en este momento, me tiraría sin pensármelo a mi canijo y moreno y pesado ex novio, reluciente de agua y sal en esta mañana de verano.

[Que yo no quiero a J., de verdad. Que si le quisiera, quiero decir, si le amara y quisiera volver con él, casarme con él y tener un montón de hijos morenos y charlatanes, lo diría. Para los cuatro gatos que leen este blog, como para andar mintiéndome a mí misma. Pero tirármelo me lo tiraba, claro que sí, siempre me quiero tirar a J., aunque no lo haya admitido hasta que no he llegado a mi casa de la Viña, a trescientos kilómetros de sus hombros tostados, y me he sentado a escribir esto en el portátil.]

Las cosas que me cuenta ya me las dijo el martes, en la hora que pasó calentándome la oreja por teléfono, así que la conversación languidece por momentos. Al final le propongo acompañarle a buscar a su compañero de piso a la playa de al lado. Caminamos despacio entre las rocas, cruzamos frente al Nereo y bajamos de nuevo a la arena. Él levanta la bicicleta para pasar entre los barcos que hay junto a los astilleros, y yo voy delante muy erguida, sabiendo que me está mirando el culo.

Al final encontramos la bicicleta de su amigo aparcada junto a una de las calas de Pedregalejo y me despido de él con dos besos y un abrazo breve. Cómo huele de bien, pienso, mientras le estrecho contra mí con una mezcla de resignación y alivio.

- La próxima vez que vengas a Málaga llámame - me dice mientras me alejo -. Nos tomamos un café.
- Ya veremos.
- O una piruleta.
- No lo creo.
- ¿Por qué?

Me vuelvo mientras camino. Me encojo de hombros, arqueo las cejas, sonrío con mis dientes blancos y fuertes de niña solitaria y salida. Él se ríe brevemente, me dice adiós con la mano y yo me voy correteando de vuelta al Balneario.

4 comentarios:

  1. En qué momento deja una de ver a un ex como un ser follable? Para mi, un gran misterio.

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  2. Qué grande ese párrafo entre corchetes, sí! :)

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  3. Caótica: para mí también, hija, para mí también.

    Aldery: gracias :P Los corchetes es que son un gran invento. Por cierto, estuve hace poco intentando seguirte la ciber-pista, ¿estás escribiendo en algún sitio ahora?

    Besitos para las dos y gracias :D

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  4. Uy, sí...! te lo digo por e-mail o MSN, que es secreto! ;*

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