massobreloslunes: Reflexiones caleteras, I

jueves, 7 de octubre de 2010

Reflexiones caleteras, I


La semana después del curso la pasé básicamente dormida. Estoy segura de que si me hubieran hecho un electroencefalograma en esos momentos, habría salido que estaba mínimo en fase I del sueño, si no en REM. Me acostaba a las diez y me levantaba a meditar a las seis exactamente igual de cansada. Tenía cinco o seis pacientes por día gracias a mi fastuosa idea de citármelos todos a la vez para la vuelta de vacaciones, y cuando empezaban a entrar en la consulta, uno detrás de otro, apenas podía hacer más que sonreír con empatía y asentir.

A mi favor diré que uno de los pensamientos que cruzaban mi cabeza dormida con cierta frecuencia era "debería actualizar el blog".

Después de dormir todo el fin de semana, por fin parece que mis fuerzas van regresando. Hoy es fiesta en Cádiz y no he ido a trabajar, así que ayer me tomé la tarde con calma, me eché dos horas de siesta y me pasé las demás leyendo y perdiendo el tiempo en Internet. Por la noche, después de cenar, fui a dar un paseo a la Caleta. Tenía una pinta entre harapienta y perriflauta, con los pantalones tailandeses, las albarcas rosa que Luna, mi fabulosa R externa, me convenció para comprarme y no pegan con nada y una camiseta morada del Lefties.

El paseo habría sido mucho más bucólico si yo no hubiera estado 1) meándome en cuanto salí de mi casa y 2) volviéndome totalmente parana con las cucarachas voladoras que infestaban el paseo marítimo. Mal que bien, esquivando bichos vivos y muertos, llegué a la playa y eché a andar hacia el faro. Me paré a los veinte metros, por si alguien intentaba violarme a pesar de mi antierótico look cutrehippy, y me senté en la baranda, meándome y todo, a escuchar el sonido del mar.

Pero qué raro es vivir, pensaba todo el rato, mientras observaba las olas que se sucedían en la Caleta. Qué olas más lentas, por cierto. Será por el apiscinamiento del agua, que esto era Luna también quien lo decía.

Estaba particularmente contenta. Claro que, en general, mi estado de ánimo se divide entre "particularmente contenta" y "terriblemente desanimada", así que tampoco era nada del otro mundo. Le daba vueltas a lo bien que está todo ahora. Ya os lo dije. Todo está bien, no es por chinchar. Es como... no sé, uno hace un plan, el plan se cumple y el resultado te llena.

A veces me recuerdo dando vueltas por Granada antes de elegir carrera, después de dejar Barcelona, reflexionando sobre si hacer Psicología, Filosofía, Humanidades o qué coño. Visitando las facultades con Adri cuando de aquellos polvos todavía no habían venido estos lodos. Luego la carrera, año a año, que visto desde ahora parece un suspiro, pero que mientras transcurría fue ancha como un río.

Después el PIR como la opción más fácil, aunque parezca mentira. Yo asegurando a todo el mundo que me lo sacaba a la primera, y la gente diciéndome "si está muy bien que tengas confianza en ti misma, pero luego no te desanimes si no te lo sacas". Los siete meses que pasé como en retiro espiritual, sin hacer nada más que estudiar, ver series e intentar exprimir las últimas gotas de amor que nos quedaban a J. y a mí. Las plantillas, los resultados, el puesto 12. Yo pulsando el intro en el edificio del Ministerio, en Madrid, sintiendo que caía por un precipicio cuando me di cuenta de que ya no tenía vuelta atrás. Y luego paseando por el Retiro, rara pero feliz.

Las primeras veces que escuché el levante ulular entre los edificios. Al principio me daba miedo y me parecía siniestro, pero ahora me resulta familiar, casi agradable. Como si me recordara que estoy en Cádiz, en ningún otro lugar.

Y ahora pasar las mañanas detrás de una mesa intentando ayudar a la gente a sobrellevar la vida. Ayer se me acabaron los pañuelos a primera hora y me lloraron todos los pacientes menos uno. Había que verme a mí yendo y viniendo del baño para traer manojos de papel higiénico a mis trastornos adaptativos. Luego salgo y me siento contenta y pienso "qué curro más raro", porque me preocupa que escuchar penas y quejas me resulte tan estimulante, y me preocupa que me dé la sensación de que esto no sólo me gusta, sino que se me da bien, y me preocupa estar engañándome a mí misma y que todo sólo parezca encajar y en realidad no sea así.

Mirándolo desde aquí, mirando todo el cuadro, como dirían en inglés, es como que todo ha salido bien. Por las noches me acuesto tranquila con mis dos vueltas de llave y las persianas bajadas. Me meto sola en la cama de matrimonio, en el mismo centro, con las piernas y los brazos extendidos, y después de unos minutos me giro hacia la izquierda y me pongo a pensar en cosas bonitas. Hay gente a la que le parece triste acostarse sola. Yo por las noches, justo antes de dormirme, me siento en paz, afortunada, sin crear karma.

Y me duermo escuchando el silencio o el levante entre los edificios.

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