massobreloslunes: No me he muerto, solo estaba cansada

martes, 5 de octubre de 2010

No me he muerto, solo estaba cansada

El domingo, último día del curso, me levanté a las cuatro de la mañana después de haber dormido como cinco horas. Medité, escuchamos la última charla, desayunamos. Ayudé a limpiar la cocina del centro y fregué como doscientos millones de platos. Fui con Funes al aeropuerto y almorzamos dos hamburguesas carísimas, más que nada por paliar un poco el mono de carne.

[Nota: quizá este sea un buen momento para confesar que llevo tres años comiendo carne. Mucha carne.]

Viajé en avión a Sevilla y di vueltas por la estación de Santa Justa haciendo tiempo para mi tren, mientras miraba alucinada los escaparates de las tiendas. Después de diez días sepultada en el campo catalán, sin escuchar más que mis pensamientos y el ruido del gong, estar allí en medio de aquellos escaparates llenos de luces y objetos me parecía absurdo. ¿Qué clase de mundo es éste, donde podemos dedicar tiendas enteras a cosas tan estúpidas como bolsos o pendientes?, pensaba. Recordé la escena de “Mi vida sin mí” en la que la protagonista dice que se da cuenta de que la manera en que tenemos organizado el mundo: los supermercados, las tiendas de ropa, las luces, la publicidad y los carteles... todo eso no es más que un intento por olvidar que vamos a morirnos.

Había pensado también en eso en Barcelona, con Funes, frente a nuestras carísimas hamburguesas con bacon y queso. Le explico a MQEN que desde que estoy intentando aprender más sobre nutrición, después de haber tenido el insight de que llevo años alimentándome a base de atún y pasta, encuentro mucha información contradictoria. La leche es buena para los huesos, la leche te chupa el calcio de los huesos. La soja es buena, la soja causa trastornos hormonales. Los cereales son sanos, los cereales te raspan los intestinos. La carne roja es necesaria, la carne roja se pudre en tu interior y crea toxinas venenosas que te llevan a la gota y al cáncer.

Expongo todo esto preocupada mientras Funes mastica los nachos de acompañamiento embadurnados de mayonesa. Después traga, me mira muy serio y me dice:

- Lo que pasa, Peq – hace una pausa, bebe zumo de piña –, es que la gente no quiere aceptar que un día tendrá que morirse.

Maldito y sabio y largo ex novio.

Durante el curso, cuando sonaba el gong para el descanso o la comida, me levantaba desde mi sitio en la segunda fila y caminaba hacia la puerta. En el camino veía los sitios de meditación de cada uno llenos de cojines y mantas. Hay gente que acumula hasta seis o siete cojines a lo largo de un curso. Yo misma tenía cinco: dos para el culo, dos para la rodilla derecha y uno para la rodilla izquierda. Después de los primeros veinte minutos de curso vas añadiendo más y más, pensando que si te colocas un poco más alta la rodilla y un poco más recta la espalda, dejará de dolerte y podrás concentrarte en la meditación.

Miro los cojines y pienso: he aquí nuestro intento para escapar del dolor.

Y al final todo es lo mismo. Las tiendas de bolsos en la estación de Santa Justa. Los alimentos biológicos, las dietas crudiveganas. Las montañas de cojines en el centro de meditación. Toda la vida intentando escapar del dolor. Hasta que al final no te queda más remedio que enfrentarte a él y atravesarlo.

El sexto día del curso estoy angustiada. Me duelen muchísimo las rodillas. Ya os conté que había ido al médico por mi rodilla izquierda, que me tiene muy mosqueada. El día seis estoy agobiada porque no sé si observar el dolor es sensato o sólo me va a llevar a quedarme inválida. Esto dicho así puede sonar raro, pero cuando no puedes hablar con nadie los pensamientos se magnifican y te asustan, como sombras chinescas proyectadas en una pared desnuda.

Así que me acerco a la profesora en el turno de preguntas. Es una india que pone cara ceñuda cuando medita, pero que sonríe mucho cuando te habla. Le explico que tengo miedo a estar forzando demasiado y haciéndome daño. “Puedes moverte cuando no estés en firme determinación” (las horas de firme determinación son horas en las que haces el propósito de no moverte). “Pero observa el dolor – me dice, sonriendo todo el rato -. El dolor no es más que una sensación”.

Salgo de allí un poco cabreada. Mi cabeza me está ofreciendo una bonita exposición de cómo va a ser mi vida sin rodillas. Condenada a no hacer nada donde intervenga la gravedad, a dedicarme a nadar y al aquagym, como las viejas. Al final me rindo frente a las sombras de mi mente. Decido que si me quedo sin rodillas, pues sin rodillas me quedé. Que me pongan prótesis, que al menos no me dolerá cuando medite.

Al día siguiente, el dolor de rodillas desaparece.

Me cuesta expresar todo lo que he aprendido y estoy aprendiendo gracias a la meditación. Sólo puedo decir que es el viaje más fascinante, el que más sentido tiene. El único que merece la pena.

Cuando acabas el primer curso llamas a la gente y les explicas que te has pasado diez días sin hablar, que la firme determinación es terrible, que estás harto del comino en las comidas y bueno, que meditar está guay y tal. Luego ya sigues practicando, vas haciendo cursos y cada vez es más difícil transmitirle a la gente lo que has aprendido. ¿Qué tal el curso?, te preguntan. Y tú: bien, bien, con sus cosas pero muy bien. Porque ese viaje de diez días que tú has hecho lo has hecho sola. ¿Quién va a entender que tú has comprendido las ataduras de tu deseo o el valor de la renuncia? ¿Cómo (y para qué) vas a explicarlo?

¿A quién va a importarle? ¿Para qué vas a escribirlo en un blog?

Porque escribes para ti, supongo. Meditas para ti. Al final estás sola, y no es malo. Al final se va toda la gente, se van todos los momentos, y sólo quedas tú. Con tus palabras, con tus rodillas. Con tu firme determinación. Con tu dolor inabarcable.

2 comentarios:

  1. ¡Cuánto me alegro de volver a leerte! Te has equivocado, no deberías haberlo puesto en la sección "cosas absurdas que sólo me interesan a mí", sino en la sección "cosas absurdas que sólo nos interesan a mí y a MQEN"

    Besotes

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  2. Jajajaja sí, definitivamente tengo que crear esa etiqueta.

    Gracias por comentar. Montañas de metta y muchos besos.

    PD: Yo también me alegro de volver a escribir.

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