massobreloslunes: 2. Exitus

jueves, 14 de julio de 2011

2. Exitus

Hoy se ha muerto un paciente del cupo de la médico con la que paso consulta. Ha sido raro. El señor tenía más años que el sol, era pluripatológico y además llevaba meses con un dolor insoportable en una pierna y no paraba de gritar que quería que se la amputaran. Aun así, lo de morirse no creo que le haya hecho gracia.

Yo pienso a veces en la muerte. No mucho, porque entonces me rayo y no puedo vivir, pero de vez en cuando me viene la idea a la mente y me entra un pánico breve e intenso. Me pasa sobre todo a la hora de la siesta, no sé por qué. Estoy ahí tan a gusto fantaseando con chulazos morenos y de repente pienso "no quiero morirme", y me resulta extraña y terrible la idea de que un día voy a desaparecer.

Han llamado a primera hora a la consulta de la médico para avisar de la muerte del señor del que os hablaba. Yo lo conocía, porque tanto él como la mujer venían cada pocos días a la consulta a negociar analgésicos y parches de morfina. Ni la médico ni yo esperábamos que fuera a morirse de pronto, creo; ella porque no lo veía tan mal, yo porque la idea de que alguien de pronto esté vivo y luego se muera todavía me resulta bastante ajena.

Cuando se muere una persona el médico de cabecera tiene que abrir una última hoja de consulta en su historia digital. Al principio de cada hoja hay que escribir el motivo de consulta, por ejemplo catarro, o dolor de oídos, o infección de orina. Cuando te mueres, el médico escribe "EXITUS", y debajo apunta la hora y la causa de la muerte. Y ya está: fin. Ya no vas a ir más a que te renueven las medicinas de la tarjeta o a que te miren la garganta. Te has muerto. Punto.

Después ha llegado el señor de la funeraria para que la médico le firmara el parte de defunción. Traía el informe del 061 y unos cuantos formularios que había que rellenar. Lo peor era el electrocardiograma. Yo ya me he acostumbrado a ver electros sin entender ni papa de las ondas que recorren el papelito. La médico, que es muy maja, me explica: "esto es la cara A, esto la cara B y esta la onda Q que como ves tiene aquí un piquito preocupante", y yo asiento fingiendo que me entero, como cuando veo House. El tema es que el tío de la funeraria traía el electro plano del paciente muerto como prueba para el certificado de defunción. Tres rayas rectas como tres siniestros dedos del destino debajo del nombre del señor, que ahora sonaba vacío como la piel de un animal muerto.

Toda la vida creyéndonos que somos algo. Con nuestro nombre, nuestros apellidos, nuestro DNI, nuestros motivos de consulta apuntados en el ordenador. Toda nuestra pequeña o gran historia de catarros y picores o de cánceres e infartos. Y al final, exitus. Salimos hacia algún lugar y no tenemos ni idea de hacia dónde. Mientras miro escalofriada el electro plano sobre la mesa, me pregunto cómo hacemos para que todo nos importe tanto y para ignorar a diario la cruda realidad de la muerte. Y en realidad es curioso, porque después la mañana avanza, yo me olvido del señor muerto, me voy a casa, después a la playa y después al Carrefour, y sigo mordiendo el bollo de los vivos mientras todavía me queden dientes para hacerlo.

3 comentarios:

  1. "Y en realidad es curioso, porque después la mañana avanza, yo me olvido del señor muerto, me voy a casa, después a la playa y después al Carrefour, y sigo mordiendo el bollo de los vivos mientras todavía me queden dientes para hacerlo."
    Sin embargo, acaba de formar parte en la historia de este blog.
    Un saludo.

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  2. Anicca, Anicca, Anicca, nunca lo olvides

    saludines

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  3. Mopi!
    Muy bien tu reto de los 365.

    Respecto a la muerte:no te preocupes!afortunada o desgraciadamente no vas a desaparecer, simplemente pasarás a otra vida que con los buenos kharmas que estás creando tanto en tu trabajo para la sociedad como en tu relación diaria con las personas te llevará sin duda a algo mejor. Eso, a no ser que te ilumines, que entonces no tengo ni zorra de que pasa contigo pero como estarás iluminada no te preocupará la idea de morirte.El paso de la muerte a otra vida es como el de la niñez a la adolescencia, una simple etapa del ciclo de la existencia.

    Besotes

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