massobreloslunes: La inocuidad sentimental

domingo, 25 de septiembre de 2011

La inocuidad sentimental

Voy a dejar de numerar los post, porque me estoy fumando algunos días y esto es un cachondeo. Pero seguiré escribiendo todos los días, que conste.

Hoy he llegado de Grazalema a eso de las nueve. He pasado un finde muy, muy bueno. De estos que son tan buenos que mejor no escribes mucho sobre ellos porque va a parecer que quieres fardar ante el mundo de que tu vida es guay y, en realidad, vosotros mejor que nadie sabéis que mi vida tiene sus más y sus menos.

La cosa es que cuando he soltado la mochila y me he dado una ducha tipo lavado prequirúrgico, me he acordado de que justo antes de irme a escalar bajé el primer capítulo de la nueva temporada de Anatomía de Grey. La felicidad me ha inundado de golpe. Lo peor del verano es el parón de las series, pero se compensa en otoño, cuando los nuevos capítulos que van apareciendo en seriesyonkis maquillan tu depresión estacional.

Grey suele salir el jueves por la noche, así que el año pasado me bajaba el capítulo el sábado por la mañana, me hacía un súper desayuno de paleocrepes y me lo veía más a gusto que un arbusto. Me requeteencanta esa serie por varios factores. El primero es que hay una cantidad de tíos buenos indecente, que encima va aumentando en cada temporada. Yo soy de las que piensa: si hay actores guapos, para qué los vas a poner feos. Además, los personajes pereza se han marchado y el argumento no deja de mejorar.

Pero el año pasado, cuando estaba aquí en Cádiz un poco sola y un poco desubicada de la vida, me daba la impresión de que la verdadera razón por la que veía Grey era por la intensidad. Cuando uno observa a otros personajes vivir en el drama como si no hubiera un mañana, tus neuronas espejo se lo curran de tal manera que te parece que la que lo está viviendo eres tú. Tú te enamoras, salvas vidas, amputas piernas en momentos críticos y estás ahí observando la vida, la muerte, el surgir del amor y los corazones rotos, oh-ah-uh. Con la diferencia de que, en realidad, tú estás tirada en tu sofá chaiselonguero comiendo paleocrepes y sintiéndote segura.

Durante los últimos años he pasado bastante tiempo creyendo que era una loca peligrosa en lo que se refería a las cuestiones sentimentales. La lié tanto y de formas tan diversas que pensaba que era una bomba de relojería oculta bajo un montón de pelo rubio. Así que creo que una parte de mí creía que si experimentaba las emociones así, a salvo bajo mi mantita, no sólo yo estaría segura, sino que también los demás lo estarían. Quería ser inocua y no quería sufrir, y me encantaba mi ración de tíos buenos y sentimientos precocinados de los sábados por la mañana.

Han pasado cuatro meses desde la última vez que vi Grey. De hecho, había partes del argumento que ni recordaba. El de hoy ha sido un capitulazo doble maravilloso, con un mega accidente y mogollón de muertos, drama, sangre, peleas, rupturas, reconciliaciones y de todo. Yo estaba cansada y un poco dolorida, que el recuento de lesiones post escalada de este finde está siendo abundante. Y mientras escogía un esmalte de uñas para reemplazar el que llevaba, y que estaba hecho polvo de arañar roca, he pensado en la de cosas que han cambiado desde el último capítulo de la última temporada. Ha cambiado que no es por la mañana y no estoy sola en casa viendo paleocrepes; es domingo por la noche y he tenido uno de esos findes de tobillos sucios que significan vida feliz.

Además han cambiado dos cosas. La primera es que me he sentido lo suficientemente fuerte como para salir al mundo a vivir emociones de verdad. A que no sean las neuronas espejo las que actúen, sino las otras: los órganos de los sentidos comunicando con el la amígdala, los neurotransmisores dándose una fiesta de dopamina en mi núcleo accumbens y el prefrontal intentando controlar el cotarro sin mucho éxito. Eso tiene sus más y sus menos, porque una no puede cerrar el quicktime player de la vida y volver a sus cosas como si nada, pero es más interesante, y además los tíos buenos son de verdad y los puedes tocar, y eso mola.

La segunda es que ya no me siento como una bomba de relojería. Sé que tengo repercusión en la vida de otra gente, y que al final no tengo más remedio que influir en los sentimientos ajenos. Pero también siento que estoy haciendo lo posible por ser inocua y conservar la buena intención, y que lo estoy consiguiendo bastante bien. Y eso me hace feliz.

Ah, y para quien tenga curiosidad, toca semana de uñas rojas. No tengo claro lo que significa, pero ahí está.

Feliz lunes, queridos lectores. Y gracias. Vosotros sabéis a lo que me refiero.

3 comentarios:

  1. Repercutir en los demás es inevitable, incluso aunque seas la persona más parada y pasiva del mundo. Partiendo de esta base, lo que más cuenta es esto:
    "siento que estoy haciendo lo posible por ser inocua y conservar la buena intención, y que lo estoy consiguiendo bastante bien".
    Al menos yo es de lo que más valoro en una persona.
    Me alegro muchísimo por este post :)
    Saludos.

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  2. Yo creo que influir en los demás es señal de que se está vivo y se vive, y siempre acabaremos haciendo daño a alguien por mucho que lo evitemos. Pero también dejarás huella positiva en muchísimas personas y para eso se paga un precio. Está claro que no es adecuado ir como una bomba de relojería, ni para tí ni para las personas con las que te relaciones, pero tampoco ser un helecho.
    Tu intencionalidad es de valorar y lo vas a hacer muy bien.
    Me ha gustado ese cambio en la forma de ver la serie.
    besos
    María
    Me encantan las uñas de colores, sobre todo las rojas.

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  3. Buena elección: ROJAS.

    pasión

    energía


    vitalidad


    ¡a por todas!

    Me alegra verte así

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