massobreloslunes: 55. El post que nunca estuvo allí

sábado, 24 de septiembre de 2011

55. El post que nunca estuvo allí

Llevo varios días en los que me está costando bastante escribir. Es el típico caso del elefante en la habitación. Hay un elefante en la habitación de mi mente ocupando todo el espacio, y mientras me empeño en ignorar que existe no puedo ver el resto del mobiliario.

Así que vamos a aprovechar que el elefante en sí está haciendo surf en nosedonde y en teoría no va a mirar este blog hasta el lunes y vamos a explayarnos un poco. Tampoco mucho, porque ya os dije una vez que la primera regla de oro para un bloguero es que si no quieres que alguien lea algo, no lo escribas, punto. Así que elefante: si lees esto, que sepas que en realidad no me importa tanto como para no escribirlo.

Supongo que lo peor de este asunto es el blog. Una vez que ya has decidido poner punto final a algo, una vez que has eliminado móviles, facebooks y fotos, una vez que quieres salir de la vida de alguien y que ese alguien salga de la tuya, ¿qué haces cuando tienes un blog en el que cuentas tus intimidades y que en principio ve todo el mundo? Cuando llegué a la conclusión de que mi amigo A., el que no me habla, no iba a hablarme ya nunca jamás, le pedí que dejara de leerme. No sé si lo hizo, pero a mí la idea me tranquilizaba. Si no lo hizo: hola, A. Llevas casi dos años sin hablarme, así que deja de leer mi blog; no te lo mereces.

La cosa es que es una mierda. Si algo me saca de quicio es la falta de información. Y estar ofreciendo mi información, mi vida, a quien ya me ha dejado claro que no la quiere, me pone de mala ostia. En el sentido de que bueno, está guay leerme, ¿no? Es como la parte buena siempre. La parte corregida y pulida, la parte optimista pero fuerte y divertida y a la vez siempre bajo control de mí. La parte creativa y loca, pero loca en plan guay, rollo entrañable. Luego está la yo real, que supongo que no es ni de lejos tan guay, o quizá también es guay pero tiene sus historias. Es desordenada, tiene pesadillas y chirría los dientes cuando duerme. Cuando la yo real no interesa pero la yo literaria sí, es como si se abriera en mí una falla de incomprensión, un crack en mi cerebro de yo esto no lo entiendo, por qué una cosa sí y otra no, cuando en realidad sé perfectamente que mi escritura y yo no somos la misma cosa. Lo que pasa es que mi escritura no tiene contras, no exige nada, sólo está ahí para quien quiera disfrutarla y punto.

Y aun así, me jode. Me jode seguir dando cuando sé que no voy a recibir. Me entran ganas de ponerle contraseña al puto blog, aunque sea unas semanas, hasta que se me pase este cabreo y estas ganas de no escribir nada más nunca porque qué queréis que os diga: a veces se harta una de ir por la vida con el corazón en las manos. A veces echo de menos darle un poco más de uso a mi caja torácica. Pero no quiero ponerle contraseña, me parece un rollo. Quiero que esto esté abierto porque es como ha estado siempre y es la forma en que me gusta escribir y vivir. Me gusta que luego venga Elsa y me diga que el otro día escuchó a una amiga de su madre utilizar la expresión "flequillo venganza". Me parece super guay, no sólo por el masajito en el ego, sino porque es curioso y divertido que tus miserias se extiendan por ahí y diviertan y conmuevan a los demás.

Así que ésa es la disyuntiva. O sigues dando indiscriminadamente, en cuyo caso sientes que se te está quitando el derecho a una intimidad que en realidad no tienes, porque a ver, Marina, corazón, por eso escribes un blog y no un diario, seamos serios... o das un poco menos, y en ese caso lo que se te está quitando es el derecho a la apertura y a crear unos lazos que también te pertenecen. Odio muchas cosas, pero sobre todo odio sentir que no puedo ser como soy o escribir como quiero. Sentir que soy demasiado intensa, que doy demasiado, que escribo post muy largos y doy abrazos muy fuertes y me pego demasiado al otro mientras duerme. Que me despierto demasiado contenta y como demasiado chocolate y doy demasiados besos con lengua en momentos inapropiados.

Estoy desvariando. He tenido una tarde de mierda. Se me han saltado las lágrimas en la ferretería escuchando a Lady Gaga, tócate los huevos. Menos mal que después he ido a nadar, y casi me ahogo haciendo sprints de 50 metros con una sensación superdesagradable de no querer más que morirme. Pero al final no me he muerto, he entrado en calor, y al salir me dolía el cuerpo un poco más y el corazón un poco menos. Hoy estoy pesimista, de verdad. Hoy pienso que hay un abismo gigante entre los corazones y pienso que sí que hay razones para tener miedo. Que la próxima vez me lo voy a pensar más antes de todo: antes de escribir, de coger el teléfono, de coger un avión o de bajarme los pantalones, porque para acabar como hoy, escribiendo mierda autocompasiva, lloriqueando en el sofá chaiselonguero y pensando que lo prefiero todo antes que este vacío, y que para mí, que vivo entre palabras y me entiendo con ellas, el silencio me parece una ofensa tan grande, tan grande que querría gritar y arrancarte los ojos y partirte las piernas sólo para que te dieras cuenta de lo mucho que me duele.

Este post se autodestruirá el domingo por la noche. Hasta entonces podéis comentar con solidaridad y tal. Os lo agradeceré. No sé si releer el post o colgarlo del tirón. Me voy a dormir y mañana a escalar a Grazalema, así que no creo que publique nada más hasta el domingo por la noche. Me siento mejor, de una forma rara y seguramente transitoria.

Resumiendo: buenas noches.

12 comentarios:

  1. Si quieres que lo que salga sea tú, que les follen a los otros, sean quienes sean.

    Y no lo digo a malas, conste. La cosa es que escribas lo que escribas, en cualquier momento, va a picarle a alguien (que si molestar, que si no gustar, que si patatím o patatám). Así que partiendo de esa premisa, pues ni tan mal.

    En el único momento en el que deberías plantearte la autocensura es cuando vas a escribir para alguien, porque ese destinatario/s merecen que juegues limpio y no metas tus cosas en las suyas. Y aún así, que a menudo no hacemos otra cosa que tirar de nuestras experiencias.

    Sigue escribiendo y punto; los lectores, en realidad, somos lo de menos.

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  2. En realidad no se trata de qué escribir. Digamos que más o menos tengo claro qué puedo/quiero escribir y qué no, teniendo en cuenta a la gente concreta que me lee y los condicionantes que eso supone. Sé dónde está mi límite. Se trata del hecho de escribir en general; que incluso lo que veo aceptable sigue siendo mío y a veces me jode compartirlo. Pero vamos, que tampoco culpo a nadie si no se ha entendido mucho, que es un post más bien raro.

    Tampoco creo que los lectores seáis lo de menos, es decir... pues en general escribo lo que me sale, pero también tengo en cuenta que quiero que la gente disfrute con ello y lo lea a gusto. Es parte del encanto. Supongo que tu comentario tiene más que ver con que no me raye en exceso y siga escribiendo sin pensar más de lo necesario en quién me lee, y ahí sí tienes razón.

    En fin, metarreflexiones...

    Gracias por comentar :)

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  3. Es una pena que lo vayas a borrar, porque este post resume el 80% de mis inquietudes bloggeras xD

    Siento que estés en este punto, sé que es una mierda inmensa. Y no sé qué puede ayudar a superarlo, la verdad: yo siempre he intentado apretar los dientes y simplemente seguir, aunque inevitablemente pase más tiempo entre entradas y una se sienta dolorosamente sobreexpuesta durante un tiempo...

    En fin. Me alegro de haber podido leer tu desahogo de todas formas, guapa. Ánimo, que al final resultará que no hay elefante o que se irá porque claramente no sabe lo que es bueno :P

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  4. Si el silencio te parece una carga pesada, hazle vudú al silencio. Si no, anda cuando quieras con ella. No tienes que serle completamente fiel al blog o a las palabras, si no te apetece.
    ( Y no te lo pienses mucho la próxima vez, o no harás nada. Adoro (adoramos) tu corazón de puertas abiertas)

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  5. Ay, Marina!
    Me gustaría que te hubiese llegado un fuerte abrazo mío cuando escribiste esto.

    No te preocupes absolutamente de ser como eres, eres una persona sensible, abierta, que se nota que tienes un enorme corazón a la legua. Ahora bien, si dar mucho de tí en el blog te hace sentir mal, no lo hagas. Creo que sé por donde vas.
    Irte a escalar hoy te va a venir de perlas.
    Yo también cuando estoy así, nado como si perteneciera al equipo olímpico, cuando normalmente tengo que elegir un carril de circulación lenta para que no me agobien los otros.

    Te envío un abrazo muy fuerte, como los tuyos.

    Estoy segura de que cuando acabes de escalar, lo vas a ver todo muy diferente, pero tampoco te arrepientas de haber escrito lo que escribiste. Somos así, a veces estamos pletóricos, otras veces cabeza abajo y muchas en medio.

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  6. AMÉN, HERMANA. No borres el post o me lo tendré que copiar en un documento de Pages para releerlo cuando me entren inquietudes porque me lea gente que ya no me habla sin yo saberlo y me frustre viva XD

    (A mí la Gaga también me ha hecho lloriquear. Con Hair, concretamente. Qué cosas. Va a ser que el out-of-character en realidad es una tontería sin importancia!).

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  7. A quien le vas a hacer caso, ¿a ti misma o al mundo que te rodea?

    Todo pasa demasiado rápido para darnos cuenta

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  8. Supongo que recordarle a una psicóloga que hay gente escapista y gente ansiosa, y que no son mas que instintos de autodefensa, y que cualquier reacción ante los disgustos que no sea hablar con la otra persona es estúpida es bastante absurdo
    pero igual hace falta recordártelo
    no te enfades, habla con el, dile que te duele, y si sigue respondiendo con silencio, pues el tiene un problema mucho mas gordo que el tuyo.
    a ver si me lo aplico yo ;)

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  9. Es curioso, porque desde que yo mismo tengo blog, me ha llamado la atención lo personal que me resulta este espacio... a mí no me sale contar tantas cosas sobre mí y de forma tan abierta. Supongo que por lo que estás planteando en esta entrada.
    Un saludo, y ánimo.

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  10. Mi reflexión sólo puede ser desde la perspectiva del lector, porque no tengo blog.

    Tú post me ha hecho pensar sobre lo que vengo haciendo compulsivamente desde que se rompió – o se suspendió sine die – mi relación con ella ¿Por qué lo hago? No lo sé. No puedo evitarlo. Puedo borrarlo todo, pero me sé su dirección de memoria, y cuando pienso que lo he superado, caigo de nuevo y entró, y a veces lo lamento, lo lamento tanto que pienso que no lo haré nunca más, pero... Quizá soy lo que dice Primaveritis, que no sé lo que es. Creo que lo hago por conservar algo de ella, y por si algún día cambia, o cambio yo, o cambiamos las dos, o lo hace el mundo o los astros, y podemos volver, y entonces lo sabré, y la buscaré, y yo que sé que más... Supongo que sabe que entró en su blog como tú sabes que entra A. en el tuyo, pero nunca he pensado que podía molestarle, o daba por sentado que si le molestaba me lo diría. Sí, supongo que es eso, entro en su blog porque es lo que me queda de ella.

    Isabel

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