massobreloslunes: Onicoterapia II

domingo, 27 de noviembre de 2011

Onicoterapia II

Así que últimamente llego a Cádiz los domingos así guay, con las endorfinas por las nubes, toda contenta y satisfecha de mis días de escalada. Hago el parte de lesiones: me duelen los dedos, por las malditas regletas de la vía que he estado probando hoy; me duelen las rodillas, porque me sigo dando golpes cuando me aturrullo; me duelen las yemas por la roca abrasiva de San Bartolo y los filos cortantes de Benaocaz. Me duelen los hombros de apretar, el cuello de llevar mi cuerda nueva, los pies de los gatos. Esto NO puede ser sano, me digo.

Entro en mi casa, cierro la puerta y saludo, "hola, casa". Cada uno tendrá sus rituales de domingo, y pienso en IA llegando tarde en la furgo y poniendo la lavadora. Qué limpito y qué apañao eres, IA: desde aquí te lo digo. Yo llego, tiro las cosas sobre la cama y abro el ordenador. Sacio un poco el mono de blog-facebook-chorradas y me pego una ducha espectacular, lavándome la cabeza con las muñecas porque, ya lo he dicho: me duelen las yemas. Friego los platos del desayuno, que me los he dejado sucios con las prisas de salir siempre tarde. Ceno los restos de la comida del mediodía, que ya sabéis que los escaladores no comen. Después quizá deshaga la mochila (quizá no) y por último me pongo a escribir.

Entonces me miro las manitas. Si os pensáis que por escalar me pinto las uñas menos, estáis en un error. Lo que pasa es que ahora he creado un ciclo del pintarse las uñas que voy ajustando a mis entrenamientos en el roco y a las salidas de escalada y consigo estar medio presentable casi todos los días. La manicura del domingo es fundamental, que se me ha caído la mitad de la pintura de tanto apretar. Echo un ojo a mi estante de esmaltes y elijo uno así como intuitivamente, desde el corazón. A veces pienso en qué me voy a poner al día siguiente, pero normalmente elijo más la ropa en función de las uñas que al revés.

Hoy sí, hoy pienso que mañana me voy a poner el vestido morado hippie granadino o quizá la falda negra con las medias moradas. Lo que sea, pero falda: los lunes de otoño es más que necesario enseñar las piernas. Así que me voy a pintar las uñas del morado nuevo que me compré en el Mercadona, que no sé por qué pero pinta mal, como raruno, pero con un par de capas no queda mal. Me quito el esmalte viejo, corto y limo las uñas muy muy bien para no arañar el martes las presas del roco y me pinto con destreza. Algún día os contaré los secretos de la vida para no salirte cuando te pintas las uñas y haré mucho bien a la humanidad.

Y en esa pintada de uñas nocturna hago mi ritual, mi pequeña transición. Del domingo al lunes. Del finde lleno de libertad y aire y amigos y vías al lunes lleno también de vida, también de otra libertad, de otro aire (calefacción) y compañeros y pacientes. Me escuece el quitaesmalte en los arañazos de las manos, pero en cuanto puedo ver mis diez uñas pintaditas pienso: ya está, ya soy una dama otra vez y ya estoy lista.

Que venga el lunes, si se atreve. Tengo una falda, unos tacones, unas manos divinas y todo un blog que gritan que no me da ningún miedo.


PD: Os cuelgo otro vídeo de mí escalando, hu ha. Porque sí, así de forma gratuita.

2 comentarios:

  1. Sí, por favor, por favoor, lo de no salirse de las uñas ya!! (yo a veces me miro las mías y me acuerdo de Carmen de Mairena).

    Y una pregunta en plan "aquí estamos, esperando a que los niños salgan del cole": ¿tú sabes alguna manera para quitar el tinte que un pintauñas malvado puede dejar en las idem? Que las tengo verdes como las de Laura Palmer.

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  2. La órdiga! eres mi héroa.
    Me has dejao temblando. Ni Bruce Willis en la jungla de cristal era capaz de semejante ascensión. Para mí tiene algo de incomprensible eso de escalar por paredes más verticales que la cuenta corriente de Botín sin más ayuda que los pies de gatos esos y los deditos con tiritas.
    Alucinao, ya te digo.
    Un abrazo.

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