massobreloslunes: Cómo vivir/ Olivetti rosa modelo pluma

domingo, 12 de febrero de 2012

Cómo vivir/ Olivetti rosa modelo pluma

Si es que soy mis huevos. Tengo escrita una entrada gigante en la que llevo trabajando una hora y no me gusta. Los párrafos están alineados uno detrás de otro como un montón de soldados aburridos y yo no quiero eso. Quiero algo orgánico y potente que me haga tener faltas de mecanografía porque estoy escribiendo muy rápido de puro entusiasmo y no puedo pararme. Así que a borrar y a empezar de nuevo. Y después a quejarme los lunes de falta de sueño.

Me he comprado una máquina de escribir rosa. Verídico. Esta mañana he ido con Luna y Batalecotal al Charco de la Pava, un mercadillo completamente inverosímil en las afueras de Sevilla donde puedes comprar desde tornillos hasta coches. Lo que hay, en su mayoría, no son ni puestos, sino puras mantas extendidas en el suelo y cubiertas de lo que en general puede definirse sutilmente como basura. Pero como en todas partes, algunos objetos son hermosos y brillan por sí solos con una luz extraña. A veces es complicado distinguirlos, porque están sucios o escondidos, pero están ahí, como la máquina de escribir rosa, que es tan inútil como bonita.

Por la noche he llegado a casa aturdida después del viaje en tren. Qué poco me gusta transportarme en el espacio. Viajar mola, pero eso de mover el cuerpo tantos kilómetros en tan poco tiempo no puede ser sano, en el sentido cuántico de la palabra. Además, ha sido un fin de semana raro. Divertido, sí, pero he echado tanto de menos Cádiz y escalar que al final me pregunto si me estaré volviendo una persona extraña y campestre que ya no encaja bien en las tiendas y en los restaurantes modernitos.

No sabía muy bien qué hacer al llegar a casa. He sacado la máquina de su funda, la he desempolvado, la he colocado sobre la mesa para poder mirarla. Nunca he escrito a máquina; no escribo bien a casi nada que no sea a ordenador, ni siquiera a mano. Pero son objetos curiosos de por sí: fetiches absurdos de aspirantes a escritores. Luego me he dedicado a fregar platos y a empaquetar el macropollo para meterlo en el congelador, mientras reflexionaba sobre qué escribir. Pensaba que mi cerebro es como el Charco de la Pava, todo lleno de basura polvorienta, de situaciones y recuerdos gastados que, en principio, no tendrían por qué interesarle a nadie, y que yo rebusco metiendo los brazos hasta el codo y con suerte daré con un objeto que brille por sí solo, como mi máquina de escribir, y que me sirva para no irme a casa de vacío.

Hoy pensaba en el profesor que me daba teatro contemporáneo cuando tenía dieciséis años. Me apunté a clases con un amigo porque le amaba perdidamente, y si por algo no se me han caído a mí nunca los anillos es por hacer cosas para conquistar a tíos. Y allí que me tenéis, en una clase llena de bohemios trasnochados de mediana edad, pasando una vergüenza mortal en los ejercicios de improvisación. Mirando fijamente un sombrero y una pelota y pensando en cómo podían atravesarme para ejecutar una actuación única y verdadera, que al parecer era lo que quería el profesor.

Me he acordado de él porque cuando mi amigo/amado le contó que al año siguiente se iba a Madrid a estudiar, mi profesor asintió con la cabeza y se quedó reflexionando un rato. Y luego le dijo algo como: "Ahora te toca averiguar cómo quieres vivir. Qué quieres hacer con tu tiempo y tu dinero. Si quieres o no beberte esa copa, si quieres o no follarte a esa chica. Nadie va a decirte cómo hacerlo".

Diez años después, yo sigo intentando averiguar cómo vivir. Porque no tengo ni idea. Me gusta mi vida y, al mismo tiempo, quiero que sea diferente. Quiero plantearme bien mis decisiones. No quiero comprarme un coche sólo porque todo el mundo tiene un coche, o estudiar un master solo porque todo el mundo estudia un master. No quiero ir a las rebajas porque lo diga el calendario ni pensar que es obligatorio saber la diferencia entre una chaqueta y un blazer. No quiero tener todo el rato la sensación de que estar sola es peor que estar mal acompañada. No quiero que escribir un libro suene como un objetivo vital absurdo. Quiero ser capaz de mirar el tiempo que tengo por delante obviando el que me queda detrás, mi trayectoria, todo lo que se supone que soy y que me define. Y con esa libertad quiero elegir y vivir una vida con la que sentirme, si no plenamente feliz, por lo menos razonablemente de acuerdo.

Y termino el post aquí porque elijo y quiero irme a dormir medio temprano para no pasar la semana hecha una zombi. Incluyo una foto de mi máquina de escribir nueva-vieja; no es la mía, pero es el mismo modelo, así que como si lo fuera. La pondré en mi escritorio cuando tenga una casa lo bastante grande como para tener un escritorio, y dentro de unos años, cuando sea mortalmente famosa y los semanales me entrevisten, posaré frente a mi máquina de escribir rosa y diré que la compré de joven en el Charco de la Pava. Y que escribir se parece mucho a buscar objetos singulares que brillen con luz propia en la basura de la mente. O alguna chorrada parecida.




PD: La moderación de comentarios, para el que no se haya enterado, consiste en que a partir de ahora yo leeré todos los comentarios y decidiré cuáles se publican y cuáles no. Será una medida temporal y espero que breve. La razón es que ni de coña voy a tolerar que la gente venga a este sitio, que no deja de ser mi casa, a insultarme de forma gratuita. Nunca. Por lo demás, publicaré cualquier cosa que no sea ofensiva para mí y/o otros lectores del blog.

5 comentarios:

  1. ¡Escríbeme una carta a máquina, Mopi!

    Besotes

    p.d.¿Blazer?

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  2. Un lunes más. llego a la oficina y enciendo el ordenador. Los compañeros revolotean y el jefe se frota las manos. Y en medio de este barullo, yo leo a Marina, un poco precipitadamente, porque en cualquier momento me van a mandar zumbando a hacer algo de (poco) provecho. Leerte, es estas condiciones, y volver a emocionarme (por el penúltimo párrafo, por querer una vida diferente y, al mismo tiempo, descubrir que me gusta mi vida), es casi un deporte de riesgo.

    Gracias por todos estos lunes, Marina (tu máquina rosa necesita unos Pantera Rosa al lado, y una casa muy, muy moderna)

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  3. "Quiero ser capaz de mirar el tiempo que tengo por delante obviando el que me queda detrás..."

    Me encanta! Yo también quiero! Alguna idea de cómo hacerlo? :-)

    La máquina es brutal!

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  4. Elsi; blazer es lo que, de toda la vida, ha sido una (chaqueta) americana. Igual que, de toda la vida, lo que ahora son leggins antes eran pitillos. :)
    Marina me gusta tu post, a mi me parece muy alegre, no sé si por el horizonte de posibilidades o por la máquina de escribir rosa. ;)
    Besitos
    Marta

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  5. Pues sí, al final resulta difícil no dejarse llevar por el pensamiento generalizado, ese que impone la sociedad. De hecho, a veces incluso resulta difícil identificar o distinguir si un determinado pensamiento es realmente tuyo o es simplemente que nunca te has planteado otra cosa.

    Con respecto a esto, el otro día iba por la calle y vi en un muro de piedra una pintada que decía: ¿Eres normal o aún piensas?.

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