massobreloslunes: Vetusteando, que es gerundio

sábado, 4 de febrero de 2012

Vetusteando, que es gerundio

Es una de esas noches. Noche de viernes preguardia, que es algo así como un falso viernes porque sabes que al día siguiente te toca currar. Mi casa, una vez más, parece haber vomitado sobre sí misma. Odio la colada y odio tender con este frío terrible. Llego a casa después de entrenar un rato y de tomar algo con la gente del roco. Caliento un tazón de sopa, le echo un par de hojas de la planta de hierbabuena del balcón y me siento frente al ordenador con los pies prácticamente incrustados en el calentador de aire.

No se me ocurre nada, no se me ocurre nada, o más bien se me ocurren cosas y ninguna me satisface. Podría escribir un post sobre tíos que no son guapos y que aun así me ponen. Para lavar mi honor y borrar un poco esa imagen de chica superficial que estoy dando últimamente. Pienso en John Cusack, pienso en Valentino Rossi (va, no, este es guapo; bajito, pero guapo). Luego se me ocurre un post de recomendaciones metaliterarias: libros sobre escritura que me han inspirado. Pienso en El gozo de escribir, pienso en Pájaro a pájaro, pienso en La novia imaginaria.

Pero en realidad no quiero eso. En realidad quiero, como decía Golfo, romper a escribir como quien rompe a llover. Así que me levanto, miro la pila de platos sucios sobre el fregadero y decido que voy a escuchar Vetusta Morla y a fregar, a ver si entre la música y la espuma me visitan las musas. Me pongo los guantes para poder poner el agua muy caliente y ver, encantada, cómo la grasa sólida se diluye y se marcha por el desague. Hay algo de mágico y sagrado en la mugre que se va y en cómo lo sucio se vuelve limpio.

Saqué el primer disco de Vetusta de la biblioteca hace más o menos un año y no llegué a escucharlo. Se me pasaron los días de préstamo y tuve que devolverlo deprisa y corriendo sin acordarme siquiera de importarlo al iTunes. Meses después conocí a IA, que estaba empeñado en que los escuchara, así que una noche abrí el Spotify, busqué Vetusta Morla y pinché en el primer título que me llamó la atención: Maldita dulzura. En aquel momento era así: maldita dulzura la suya, porque yo colgaba el teléfono todas las noches y gemía de desesperación sobre mi cama, verídico. Lloriqueaba como si tuviera ocho años pensando que de ahí no podía salir nada bueno. Escuché la canción medio estremecida. "Hablando pasan los días que nos quedan para irnos."

El primer fin de semana que pasamos juntos, IA me puso el primer disco entero en su furgo, conduciendo hacia Valladolid el domingo por la tarde. Me gustó mucho. Me gustó tanto que cuando comprendí que lo nuestro, si se puede llamar así, había terminado, me propuse seguir escuchando el CD hasta que dejara de recordarme a él, porque podía renunciar a IA, pero me negaba a renunciar a Vetusta. Aun así, sigo pasando Maldita Dulzura cada vez que el orden aleatorio del Spotify la selecciona. Y en eso pienso hoy mientras friego los platos y canturreo Sálvese quien pueda: en que ahora Vetusta me sigue recordando a IA, claro que sí, pero de forma menos emocional, menos brusca. Puedo tolerarlo. Pensando que en algún punto él dejará de importarme, y lo sabré porque vendré aquí y contaré la historia como sucedió: no trozos escondidos, no verdades a medias, no alusiones que yo entiendo y que creo que él entiende y que vosotros no sé si entendéis. Lo escribiré todo. Mientras no sea capaz de eso significará que me sigue importando.

Friego despacio y repaso el día. Le he pasado un test de inteligencia a un señor con una demencia tipo SIDA que al terminar no sabía volver a su habitación desde la consulta. Yo le hablaba suave y él sonreía: ¿lo hago bien? preguntaba desde detrás de su lengua disártrica. Había estado viviendo un tiempo en la casa Colichet, un centro para enfermos de SIDA que hay en Churriana en el que trabajé un verano como voluntaria. Ayer repasaba la historia del paciente y vi un informe escrito por Sor Juana, la monja que lleva el centro, y la recordé machacándonos a trabajos de bricolaje y jardinería y explicándonos que los enfermos necesitaban nuestra compañía, sí, pero necesitaban mucho más que encaláramos la pared del patio. Uno de los pacientes murió el día después de que nosotros acabáramos de trabajar allí. Aguantó hasta que nos fuimos. Otro me miraba tan fijamente y con unos ojos castaños tan profundos y dulces que una tarde me volví a casa convencida de que era la reencarnación de Jesucristo.

En realidad, pienso mientras sigo fregando platos y el reproductor me canta Valiente, no tengo carencias afectivas. No ya por mis pacientes. En general, podría decirse que mi corazón está a pleno rendimiento. Quiero y me quieren. Aran me ha mandado hoy un corazón verde por Whassap, "me acordé de ti y te he enviado un corazón de meta" (creo que es un juego de palabras entre menta y metta, el amor compasivo budista, pero no lo tengo claro). Ayer una lectora me escribió un mail tan largo, bonito y agradecido que me tuvo toda la tarde con una sonrisa en la cara. Y en realidad ya os digo: quiero, me quieren. Funciono.

Pero hoy salía del roco con Eva y Toñi, que iban a cenar en casa de Eva y acarreaban sendas bolsas del Mercadona llenas de lasaña y vino. Yo habría ido también, pero me he abstenido en pro de llegar a la guardia descansada y poder escalar el domingo. El caso es que hace un frío que se congelan los pingüinos incluso aquí, en el dulce sur, con lo que no quiero ni imaginarme cómo estará el rudo norte. Y me acuerdo de IA y pienso que tiene que estar bien contento con todas las montañas del mundo cubiertas de hielo para que él pueda clavarles sus crampones. Y la cuestión, que me disperso, es que hacía un frío tremendo y yo era la única que no llevaba guantes. Llegamos a la furgo de Toñi, yo me siento detrás y Eva en el asiento del copiloto. Me miro las manos heladas, con la piel reseca del magnesio y los nudillos hinchados. Qué frío, cojones, suelto, tengo las manos congeladas. Eva saca los brazos hacia atrás, "trae, que te las caliento", y agarra mis manos con las suyas que están templaditas y suaves. Me rodea los dedos, me dice que pegue mis pulgares al dorso para que no se queden fuera, y mientras charlamos y cruzamos el Puente de Carranza, yo con las manos enfundadas en las de Eva, pienso que en mi vida afectiva no tengo carencias, pero que necesito tanto que alguien me toque.

Por instinto sé que lo que escriba hoy deberá mencionar eso, y por instinto voy componiendo las frases en mi mente mientras me estremece Copenhague, paso la bayeta por la encimera y limpio la vitro con una espátula. Ladrillos de vida en forma de palabras que intentan plasmar una imagen. No se trata más que de eso. Y ni siquiera he empezado a escribir hoy, pero ya sé que podré llover con los dedos y que el post va a gustarme, aunque sea de una forma dolorosa. Que tardaré menos de lo que creo y corregiré menos de lo que imagino. Y mientras La marea va desgranando las últimas notas y recuerdo a IA cuando la cantaba mirándome a los ojos e intentando llegar a los agudos, estiro los dedos como un concertista, despejo un poco la mesa de pintaúñas y papeles y me siento a escribir. Prematuramente satisfecha. Deliciosamente melancólica. Contenta, en general.

9 comentarios:

  1. A mí los vetustos ni fu ni fa, pero los posts con banda sonora me maravillan.

    Y este es tan bonito que hace sonreír. Sobre todo por leer las últimas tres frases... que a pesar de los párrafos de antes y la maldita dulzura de la gente estés contenta (en general) es chachipirulijuanpelotillas.

    Qué paz me ha dejado el post, oyes. Qué agustico me voy a dormir. Bonica :*

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  2. :)

    Genial seguir tus pasos a través de los Vetustos y ver con tus ojos a la gente guay que tienes cerca. Ojalá nunca te falte ni contacto ni música, ea.

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  3. Por cierto, te dejo una recomendación que igual ya conoces o, lo que es peor, igual ya aborreces por haberme leído mencionar unas 700 veces. Pero tengo que asegurarme, que si hay aunque sea la mínima posibilidad de que te maten tanto de amor como a mi sería un crimen que no lo hiciera:

    http://vimeo.com/19321940

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  4. Vetusta, Love of Lesbian, buah, me voy a llorar a otro sitio...xD

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  5. 2 cositas. Valentino es bajo? creo que mide aprox 1.80. Y te importaría recordarme el significado de IA?
    Por lo demás, AMO vetusta, y ¡que bien escribes, joder! Besos, Fátima.

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  6. Aldery: gracias. Me alegro de que te haya gustado.

    Deira: ¡Ojalá!

    Marta: Me alegro también :)

    Mario: Para criticar mis gustos musicales así de forma gratuita no comente... hay que ver, yo preparándole insinuantes y obscenos post sobre sexo y así me lo paga. Vergüenza debería darle.

    Fátima: ¿1'80? ¿Seguro? Ah, pues no sé, yo le veía bajito. No sé, es que me pone mucho ese chaval, con esa cara de niño malísimo que se gasta. Yo con Valentinno y un bote de Nutella voy a donde haga falta.

    Besos a tutiplén.

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  7. ¡Ah! Fátima, IA es Interlocutor Adorable, un personaje masculino con el que tuve contacto físico-emocional hace unos meses. Si rebuscas por el blog encontrarás la historia (allá por julio empieza, si no me equivoco).

    Más besitos.

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  8. Muchas gracias! Buscaré, si, recuerdo haber leído algo, pero mi memoria pez había escondido las siglas, ji.
    Lo de Valentino lo sé, pq a mi tb me encaaaanta, y creo que no es guapo, pero tiene una "feura gamberra" que a mí me pone más que muchos bellezones. Fátima.

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