massobreloslunes

viernes, 10 de agosto de 2012



Una de las vidas que me queden me la reservo para dibujar. En ésta no me da tiempo, que soy muy lenta. Sin embargo, qué a gusto se pasan las horas intentando plasmar algo con el lápiz. Qué extraña la capacidad del ojo para calibrar si el resultado es o no humano, si se parece a lo que nuestro cerebro reconoce como normal. Y, sobre todo, qué curioso que el dibujo de una persona no tarde en convertirse en un personaje, en querer contarme su historia y en tener algo casi familiar en los rasgos que yo misma he trazado. La chica de la arena está ensimismada en su dibujo y ya no se parece en nada a la de la foto de dónde la saqué. Tiene su propia explicación de por qué está ahí sentada y de qué quieren decir esas figuras que compone sobre la arena. Me fascina que exista ahora y no existiera antes, que tenga una expresión distinta a la chica que copié y que, precisamente por eso, sea un ente nuevo en el universo y que lo haya creado yo.

(Y podría seguir reflexionando, pero voy a dormir, que es tardísimo y esto ha tardado más en cargar la imagen de lo que pensaba)

3 comentarios:

  1. Oh, qué bien te quedó! Cuando era pequeña dibujaba bien, pero ahora se me da insultantemente mal.

    Buen finde!

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  2. Dibujar, seguramente mi mayor frustración...

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