massobreloslunes: SSHP 10: Mr. Brightside, seisbegradista y el maldito karma

domingo, 2 de septiembre de 2012

SSHP 10: Mr. Brightside, seisbegradista y el maldito karma


El viernes emerjo de la furgo con el estómago hecho una basurilla. Tanto es así que le mando un whassap a Joaco para decirle que paso de manifa, pero él me llama antes de leerlo y da tan por sentado que vamos a ir que al final me animo, me tomo un par de yogures con miel de los Picos de Europa y tiro para allá. En el coche Joaco ha puesto The Killers a todo volumen, “Mr Brighside”, y yo, además de acordarme de cuando la tocaba con J. en el Guitar Hero, pienso que a Joaco esa canción le pega. Porque busca el lado brillante y está lleno de una energía limpia y potente, como los molinos eólicos.

La manifestación es interesante y pacífica. Joaco me ha prestado una camiseta verde a favor de la escuela pública, y cuando sus amigos me preguntan en qué cole trabajé el año pasado tengo que explicar que no, que soy psicóloga, que he venido a escalar, que conozco a Joaco por Internet, etcétera, etcétera, etcétera. Llevo la réflex y camuflo los momentos en que no sé qué hacer sacando fotos a las caras de la gente al sol. Una manifestación es buen momento para robar retratos sin parecer una chiflada.

Después tomamos cañas con los colegas de Joaco Qué gente, los asturianos. En este viaje estoy intentando escuchar más de lo que hablo y practicar las conversaciones tipo tú. No cortar lo que dice el otro con un “pues yo”, sino seguir preguntando, casi como en consulta. Los profesores asturianos andan como todos los jóvenes de España: precarios, interinos, a media jornada, opositando en medio país para intentar optar a alguna plaza. Y como la mayoría de los jóvenes, son lindos, están preparados e implicados en su trabajo. En este viaje me está sorprendiendo la insospechada energía de mi generación; cómo, a pesar de lo mal que están las cosas, sigue existiendo un espíritu animoso, generoso, disfrutón, y se comparte lo que se tiene o se vuelve la cabeza hacia iniciativas nuevas. Me conmueve que Joaco me traiga sandwiches que hace en casa de sus padres o que Pablo y Jenna, que confiesan estar tiesos para pedir algo de cenar, me inviten a la copa de vino porque yo, muy en mi línea, estaba en el baño cuando trajeron la cuenta.

Cuando terminamos las cañas marchamos de nuevo en dirección Gijón y pasamos por casa de Joaco a preparar bocatas para ir a la playa. Sigo sin gustarle. Me lo dice su lenguaje corporal, la forma poco entusiasmada de ponerme crema, la distancia a la que coloca su toalla, el nulo tonteo que existe entre nosotros. Pero a mí él me gusta, verídico e inevitable, y no puedo evitar fantasear con que a lo mejor, aunque no juegue en su liga, está encandilado porque soy lista y graciosa y rubia natural.

Después de la playa me marcho a Otura a escalar otra vez con Pablo. La furgo y yo somos un solo ser, y empiezo a conocerme las rotondas de Gijón mejor que las de Chiclana. Otura está muy cerquita de Oviedo y, aun así, la carretera que lleva hacia allí parece el inicio del país de los gnomos, llena de árboles altos, hierba y musgo verde. Es una escuelita pequeña a pie de carretera con vías de caliza pinchuda que me recuerdan a las de la Veredilla.

Pablo asegura con su amabilidad descomunal y chorros de motivación. Cuando pruebo un 6b corto de pasos duros y delicados, me anima a matizar toda la secuencia antes de darle otro pegue. Él escala otra vía mientras mis antebrazos descansan y después vuelvo al 6b. Me caigo hasta cuatro veces y, como es corto, Pablo me anima otras tantas a bajar, desatarme el nudo y probar de nuevo desde abajo. Cuando me sale el paso difícil estoy tan emocionada que tiemblo, y apenas sé salir de la sección facilita de la vía, que tiene cantos enormes y buenas repisas para los pies. Encadeno y ya está, ya he hecho un 6b, y me encanta que haya sido aquí en Asturias, como bonito añadido a todo lo bueno que ya me llevo de este viaje. La tradición dice que cuando subes de grado tienes que invitar, pero como yo me voy pronto porque he quedado en el centro, reparto simbólicamente mis tortitas de maíz del Mercadona y me voy caminando contenta hacia la furgo carretera abajo, con cardenales en las rodillas, magnesio en las manos y el material de escalada en equilibrio sobre unos hombros cada vez más fuertes.

Llego a Gijón tarde y sucia. Menos mal que Nieves, que también es amor, me perdona el desliz con cariño de lectora benevolente. Me va a matar por contarlo, pero me lleva a una sidrería vía GPS y después me levanta de la mesa porque no hay platos vegetarianos en el menú. A mí me da igual y me parece sumamente divertido todo: el GPS, el vegetarianismo, dar vueltas por Gijón, hablar de blogs y de la vida, escuchar a Nieves y atender a sus preguntas de fan curiosa. Terminamos en un italiano estupendo, y lo cierto es que resulta difícil aguantarle la mirada porque es de estas personas verdaderamente bellas; no por tener unos rasgos perfectos ni nada, sino por su piel blanca y sus ojos vivos color verde Asturias, la voz suave, la sonrisa encantadora.

Le cuento el asunto de Joaco. “Debería pasar algo – me dice ella – porque el karma te lo debe y, sobre todo, porque pega con la historia. Con el SSHP”. “¿Verdad que sí?”, contesto, entusiasmada. Pero Joaco se ha ido a cenar con sus amigos del fútbol, y cuando me llama es para decir que marcha ya para casa. A las tres de la mañana, sin embargo, mientras yo ando perdida por Gijón buscando el sitio donde aparqué ayer la furgo, me llega un whassap, “que me he liado”, y a mí ese interés por decírmelo ya me huele a la ambivalencia rara que algunos tíos se traen conmigo. Cuando pasan de la fase amigos a la fase me creo que tu corazón es un punchingball. Me voy a dormir mitad mosqueada, mitad confusa. No quiero que me pase esto. No quiero que me guste un chico al que no le gusto yo. No quiero más rechazos. Me propongo firmemente quedarme quieta y ni siquiera contesto el último whassap; creo que hasta duermo con los ojos apretados de frustración, maldiciendo al karma, a los norteños buenorros y a mi puñetero corazón defectuosamente programado.

2 comentarios:

  1. Solo quiero dejar claro que... ¡¡de blanquita nada!! ¡¡¡ESTOY MÁS MORENA QUE NUNCA!!!

    Qué pena no verte al día siguiente. Se me torció todo (incluido el calzado, verídico). Ha sido un placer conocerte y seguir desde aquí tu aventura :))))

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