El viernes emerjo de la furgo con el estómago
hecho una basurilla. Tanto es así que le mando un whassap a Joaco
para decirle que paso de manifa, pero él me llama antes de leerlo y
da tan por sentado que vamos a ir que al final me animo, me tomo un
par de yogures con miel de los Picos de Europa y tiro para allá. En
el coche Joaco ha puesto The Killers a todo volumen, “Mr
Brighside”, y yo, además de acordarme de cuando la tocaba con J.
en el Guitar Hero, pienso que a Joaco esa canción le pega. Porque
busca el lado brillante y está lleno de una energía limpia y
potente, como los molinos eólicos.
La manifestación es interesante y
pacífica. Joaco me ha prestado una camiseta verde a favor de la
escuela pública, y cuando sus amigos me preguntan en qué cole trabajé
el año pasado tengo que explicar que no, que soy psicóloga, que he
venido a escalar, que conozco a Joaco por Internet, etcétera,
etcétera, etcétera. Llevo la réflex y camuflo los momentos en que
no sé qué hacer sacando fotos a las caras de la gente al sol. Una
manifestación es buen momento para robar retratos sin parecer una
chiflada.
Después tomamos cañas con los colegas de Joaco Qué gente, los asturianos. En este viaje estoy intentando
escuchar más de lo que hablo y practicar las conversaciones tipo tú.
No cortar lo que dice el otro con un “pues yo”, sino seguir
preguntando, casi como en consulta. Los profesores asturianos andan
como todos los jóvenes de España: precarios, interinos, a media
jornada, opositando en medio país para intentar optar a alguna
plaza. Y como la mayoría de los jóvenes, son lindos, están preparados e implicados en su trabajo. En este viaje me
está sorprendiendo la insospechada energía de mi generación; cómo, a pesar de lo mal que están las cosas, sigue
existiendo un espíritu animoso, generoso, disfrutón, y se comparte
lo que se tiene o se vuelve la cabeza hacia iniciativas nuevas. Me
conmueve que Joaco me traiga sandwiches que hace en casa de sus
padres o que Pablo y Jenna, que confiesan estar tiesos para pedir
algo de cenar, me inviten a la copa de vino porque yo, muy en mi
línea, estaba en el baño cuando trajeron la cuenta.
Cuando terminamos las cañas marchamos
de nuevo en dirección Gijón y pasamos por casa de Joaco a preparar
bocatas para ir a la playa. Sigo sin gustarle. Me lo dice su lenguaje
corporal, la forma poco entusiasmada de ponerme crema, la distancia a la
que coloca su toalla, el nulo tonteo que existe entre nosotros. Pero
a mí él me gusta, verídico e inevitable, y no puedo evitar
fantasear con que a lo mejor, aunque no juegue en su liga, está
encandilado porque soy lista y graciosa y rubia natural.
Después de la playa me marcho a Otura
a escalar otra vez con Pablo. La furgo y yo somos un solo ser, y
empiezo a conocerme las rotondas de Gijón mejor que las de Chiclana.
Otura está muy cerquita de Oviedo y, aun así, la carretera que
lleva hacia allí parece el inicio del país de los gnomos, llena de
árboles altos, hierba y musgo verde. Es una escuelita pequeña a pie
de carretera con vías de caliza pinchuda que me recuerdan a las de
la Veredilla.
Pablo asegura con su amabilidad
descomunal y chorros de motivación. Cuando pruebo un 6b corto de
pasos duros y delicados, me anima a matizar toda la secuencia antes
de darle otro pegue. Él escala otra vía mientras mis antebrazos
descansan y después vuelvo al 6b. Me caigo hasta cuatro veces y,
como es corto, Pablo me anima otras tantas a bajar, desatarme el nudo
y probar de nuevo desde abajo. Cuando me sale el paso difícil estoy
tan emocionada que tiemblo, y apenas sé salir de la sección
facilita de la vía, que tiene cantos enormes y buenas repisas para
los pies. Encadeno y ya está, ya he hecho un 6b, y me encanta que
haya sido aquí en Asturias, como bonito añadido a todo lo bueno que
ya me llevo de este viaje. La tradición dice que cuando subes de
grado tienes que invitar, pero como yo me voy pronto porque he quedado en
el centro, reparto simbólicamente mis tortitas de maíz del
Mercadona y me voy caminando contenta hacia la furgo carretera abajo,
con cardenales en las rodillas, magnesio en las manos y el material
de escalada en equilibrio sobre unos hombros cada vez más fuertes.
Llego a Gijón tarde y sucia. Menos
mal que Nieves, que también es amor, me perdona el desliz con cariño
de lectora benevolente. Me va a matar por contarlo, pero me lleva a
una sidrería vía GPS y después me levanta de la mesa porque no hay
platos vegetarianos en el menú. A mí me da igual y me parece
sumamente divertido todo: el GPS, el vegetarianismo, dar vueltas por
Gijón, hablar de blogs y de la vida, escuchar a Nieves y atender a sus preguntas de fan
curiosa. Terminamos en un italiano estupendo, y lo cierto es que
resulta difícil aguantarle la mirada porque es de estas
personas verdaderamente bellas; no por tener unos rasgos perfectos ni
nada, sino por su piel blanca y sus ojos vivos color verde Asturias,
la voz suave, la sonrisa encantadora.
Le cuento el asunto de Joaco. “Debería
pasar algo – me dice ella – porque el karma te lo debe y, sobre
todo, porque pega con la historia. Con el SSHP”. “¿Verdad que
sí?”, contesto, entusiasmada. Pero Joaco se ha ido a cenar con
sus amigos del fútbol, y cuando me llama es para decir que marcha ya
para casa. A las tres de la mañana, sin embargo, mientras yo ando
perdida por Gijón buscando el sitio donde aparqué ayer la furgo, me
llega un whassap, “que me he liado”, y a mí ese interés por
decírmelo ya me huele a la ambivalencia rara que algunos tíos se
traen conmigo. Cuando pasan de la fase amigos a la fase me creo que
tu corazón es un punchingball. Me voy a dormir mitad mosqueada,
mitad confusa. No quiero que me pase esto. No quiero que me guste un
chico al que no le gusto yo. No quiero más rechazos. Me propongo
firmemente quedarme quieta y ni siquiera contesto el último whassap;
creo que hasta duermo con los ojos apretados de frustración, maldiciendo al karma, a los
norteños buenorros y a mi puñetero corazón defectuosamente
programado.
Solo puedo decir: IIIIHHHHHHH :)
ResponderEliminarSolo quiero dejar claro que... ¡¡de blanquita nada!! ¡¡¡ESTOY MÁS MORENA QUE NUNCA!!!
ResponderEliminarQué pena no verte al día siguiente. Se me torció todo (incluido el calzado, verídico). Ha sido un placer conocerte y seguir desde aquí tu aventura :))))