massobreloslunes: SSHP 11 y 12: agridulzura, retorno, conclusiones y cierre

domingo, 2 de septiembre de 2012

SSHP 11 y 12: agridulzura, retorno, conclusiones y cierre


WARNING: Post Obscenamente Largo Y Autocompasivo.
(Iba a poner las iniciales, pero me ha dado la risa)

El último día del viaje es raro. Me doy cuenta de que Joaco, sus sándwiches, sus gemelos y sus “calla, ho” han sido una perturbación en la Fuerza. De repente no sé qué hacer ni a dónde ir. Me siento sola y absurda, no sé si llamarle, pienso que debería dedicarme a descansar, o quizá incluso tirar ya hacia Cádiz. Y aunque hace sol y Pablo me ha invitado a ir con ellos a nosequé poza paradisiaca, reservo un hostal en el centro de Gijón y me marcho a la playa hasta que llega la hora de poder entrar en la habitación. Llevo todos estos días acompañada y tranquila, fluyendo con confianza en el viaje en particular y en la vida en general, y ahora es como que todo se me atasca, y me pierdo buscando la playa, me siento sucia y no quiero más que dormir. Voy a un Mercadona y me proveo de crema depilatoria, hidratante y un rímel. Como en un chino y después me dedico a lavarme y a dormir con intensidad en la estupenda habitación del hostal. Cuando abro la puerta y veo la enorme cama pienso que, de hecho, casi que preferiría tirarme a la habitación antes que a Joaco.

Pero no debe de ser verdad, porque cuando me informa de que se va con los colegas a la Fiesta de la Sidra, en Villaviciosa, me apunto sin pensármelo dos veces. No tengo ropa decente ni limpia, pero tiro la casa por la ventana y me compro unos vaqueros en el Stradivarius, como una versión cutre y barata de Pretty Woman. A mi favor diré que, como ya expliqué, llevaba un tiempo buscando vaqueros. Después me pinto los ojos, me unto de crema, me recorto un poco el flequillo con las tijeras de las uñas y suspiro. Me miro al espejo: esto es lo que hay. No hay mucho más. Quiero decir, que sí lo hay, que joder, soy una persona estupenda, pero eso Joaco no lo ha visto o bueno, sí que lo ha visto, pero soy estupenda modo ando contigo por el monte, no modo me encierro contigo en una habitación con una caja de condones y un paquete de muesli.

En la cena me lo paso como los indios. Y eso es lo peor, que me lo estoy pasando como los putos indios, porque los amigos de Joaco son encantadores y están muy borrachos, son muy asturianos y cantan muy alto, me animan a mí para que cante y cuando me quiero dar cuenta estoy improvisando fandangos y todo el bar me da palmas. Eduardo, un chico alto con una cara dulce y familiar, no para de mirarme y sonreír borracho; “tienes una energía muy linda”, me cuenta, “se nota que eres muy sensible”. Explícaselo a tu amigo, me entran ganas de decirle, a tu amigo el moreno de ojos claros con la camiseta celeste, que baila como si el mundo y la pista le pertenecieran, que me trae café a la furgo y me llama “Marinuca”, que sin quererlo vuelve a despertar al león hambriento que llevo en el estómago y después lo deja mordiéndose las garras.

Al final... pues bueno, tampoco quiero entrar en detalles, porque incluso a mí me parece todo demasiado íntimo y humillante, pero aunque puedo comprobar que Joaco, además de todo lo anterior, besa que-te-cagas, la noche la acabo sola y algo bebida, durmiendo en el asiento de la furgo cubierta con el edredón porque no quiero que me haga soplar la policía en la rotonda de Villaviciosa. Es un final bastante triste y sórdido para un viaje precioso, y me paso todo el camino hasta Gijón regañándome. Eres una absurda, Marina, joder, estás chiflada y no eres capaz de interpretar señales ni de asumir cosas, eres un ser impar que no capta las frecuencias que le corresponden y tienes una incapacidad patológica para despertar en los demás el interés y el cariño que tú experimentas con tanta facilidad. Eres absurda, insisto, absurda e impulsiva, y por culpa de ser absurda has pagado una habitación de hostal en la que no vas a dormir, y te vas a presentar media hora tarde y con resaca a recoger al notas del coche compartido, y vas a hacerte un viaje de diez horas en coche habiendo dormido una, en tu coche y borracha, y estás, como diría tu tía Maripaz, gilipollas del cuerpo entero.

Todo esto voy diciéndome por el camino, y para cuando recojo a Alejandro, mi compañero de coche compartido, no puedo parar de pedirle perdón y de contarle mis movidas con la misma verborrea incontenible que tenía Cris el primer día del SSHP, hace ya como un millón de años. Alejandro, que es un jipi nervioso de treintaymuchos con botas de montaña y una larga trenza gris, debe de estar flipando, pero al menos se presta a conducir primero y escucha toda la historia de Joaco con la resignación del que no tiene otro medio de viajar a Cádiz. Poco a poco me tranquilizo, tomamos café, echamos gasolina, me separo con una pena intensa de las montañas verdes y cautivadoras de Asturias y todo se va normalizando. Hablamos durante las diez horas de viaje de amor, música y viajes compartidos. Elaboramos una lista de reglas de las relaciones para La Nueva Marina, a saber:
- La Nueva Marina ya no le entra ni a Dios. El que quiera algo, que me busque, y quizá me pierda algunos besos pero voy a ganar paletadas de dignidad.
- La Nueva Marina no mezcla el alcohol con los hombres.
- La Nueva Marina no lo intenta de nuevo con tíos de su pasado (con matices si se trata de J).
- La Nueva Marina intenta relajarse y confiar en el proceso, aunque no tenga muy claro qué significa eso.

Alejandro añade: "la nueva Marina no es tan dura consigo misma", y a mí me gusta tanto que me alegro y vuelvo a recordar todo lo bonito y la manera en que la Vida, con mayúsculas, me ha cuidado en estos doce días. Tanto, tanto me ha cuidado que hasta en el día en que la lío parda y termino borracha y sola en el asiento de mi furgo me manda a este chico paciente para conducir y charlar conmigo en el camino a casa.

Ahora, mientras escribo esto, me entra una ternura profunda hacia mí misma y bastante agradecimiento. La llegada a Cádiz ha sido traumática. Todo este viento, la desproporcionada luz, de nuevo el calor y yo pensando que no sé, de verdad que no sé, cómo voy a ir mañana a trabajar, cómo voy a reincorporarme a mi vida después de estos doce días. Porque estoy ilusionada con el otoño, como siempre, y tengo proyectos, amigos, mi precioso piso, más ganas de escalar que nunca, pero este viaje ha sido una maravilla, uno de estos paréntesis hermosos y relucientes en Matrix que te hacen recuperar fe perdida, emociones dormidas, confianza en el proceso.

Al final es un poco eso con lo que me quedo. Cuando en el viaje dejé de confiar en el proceso, cuando empecé a forzar y a apretar en el mal sentido, noté cómo la cosa se torcía, cómo me tensaba y estaba a punto de destruir algo bonito. Joaco me ha llamado mientras conducía de vuelta, afortunadamente. Estaba resacoso, contento como siempre y, según sus propias palabras, “extremadamente avionil”. Me alegra comprobar que no me odia ni me ignora. Me duele, de verdad que me duele, ver otra vez que determinadas cosas, determinadas personas que son como países ignotos y bellos, parecen ser para otros, y que desde hace un tiempo esa parte de la vida me la han vetado. Y me jode, no puedo evitarlo, me jode, y lo estoy escribiendo aquí porque creo que merece la pena decirlo sin vergüenza. Es una putada irte de viaje sola a escalar por ahí, dormir en tu furgo, conocer a gente maravillosa de verdad, trepar mucho y bien, ver paisajes hermosos, sentirte viva y valiente y, aun así, tener que afrontar el rechazo y la verdad dolorosa de que no lo puedes controlar todo, y que todo tu amor, tu ilusión y tus ganas de querer y cuidar no sirven para nada antes las uñas crudas de la realidad. 

A lo mejor me estoy poniendo dramática (recordemos que he dormido una hora), pero es así como me siento ahora. Infinitamente agradecida, sin duda, de que todo haya salido bien. Ni un contratiempo, ni un robo, ni una pérdida importante más allá de un pendiente en Jaca y otro en Gijón. Gente generosa, buen tiempo, actividades variadas y una alegría casi constante. Pero también esto. Esta soledad. Esta distancia.

Llego a casa y no me ducho, no deshago el equipaje, no ceno; me siento en la mesa del salón frente al secreter, porque la silla me la he dejado en la furgo, y escribo estas cuatro páginas del tirón. Tengo la esperanza de sentirme mejor al hacerlo, pero ya veis: casi he llegado al final y no me siento mejor. Estoy triste. Me da pena que todo se haya terminado. Los preparativos, los planes, los contactos, los números de móvil apuntados en la agenda con las ciudades detrás (“Jorge Jaca”, “Bea Polientes”, “Joaquín Gijón”), pensar dónde voy a dormir hoy o qué voy a comer, los paisajes, la voz monótona pero tremendamente útil del GPS, la admiración por los paisajes.

Sólo me queda recordar que hoy, mientras conducía de camino a Cádiz y charlaba con Alejandro, me ha entrado un ramalazo extraño de ganas de ver pacientes, y que bueno, la vida sigue, y si soy lista archivaré los ojos de Joaco en el rincón de mi corazón donde guardo los sentimientos inútiles, los arbolitos extraños y torcidos que me crecen en el alma, e intentaré vivir como en este viaje. Intensamente en el presente, escuchando mucho, abriendo mucho los ojos, confiando en que todo va a salir bien. Siendo agradecida por todo lo que se me ha dado y generosa con una vida que es más que generosa conmigo.

Con esto termino la crónica del SSHP, que podemos calificar como un éxito. Si os digo la verdad, nunca pensé que realmente fuera a hacerlo, es decir: me veía viajando, pero no pensaba que fuera a lograr escalar o relacionarme con desconocidos. Este alien chalado y con piercing que ha poseído mi cuerpo se lo monta bastante mejor de lo que yo pensaba. A lo mejor es a ella a quien tengo que darle más las gracias.

8 comentarios:

  1. Oh, muy bonito Mopi. Me entran ganas de aconsejarte que mandes el PIR a la mierda y te dediques a dar paseos con Joaco hasta que se enamore locamente de tu persona y tu ser, y que no vayas a trabajar y sigas viajando y trepando y así y así forever.

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  2. No te castigues tanto, no eres absurda, o al menos eres tan absurda como todos los demás.
    Un beso guapa.

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  3. Pues yo creo que la nueva Marina es la onda. Y que pronto andará por ahí cual rosa temprana y alguien guapo e inteligente se fijara (y como el chico es inteligente, se enamorara) en ella y será feliz para siempre.
    Hablando en serio: de leerla ya siento que la conozco. Y espero de corazón mañana amanezca contenta y la vida le de muchas sorpresas. Sino a quien leeré en mis ratos libres?
    Un beso.

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  4. Puedo entender tu frustración, hermosa, y ya lo siento... A veces casi me dan ganas de desear que se extingan las ganas de, oye, que siempre se lo pasa uno tan bien y vive tan tranquilo hasta que aparecen...

    Pero no eres absurda para nada, mujer. Yo creo que lo estás haciendo bien, te estás exponiendo ahí sinceramente para lo bueno y para lo malo, y simplemente el azar sentimental este torturador no te ha sido favorable esta vez :*********

    Me ha encantado leer tu viaje, de verdad. Mucho ánimo con la rentrée al curro!! :***

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  5. Ay! Qué rabia me da leerte así... y si tú eres absurda, madre de dios, ¿qué me queda a mí? :p

    Ahora en serio, yo también creo que lo estás haciendo bien. Más que bien, en realidad, estás ahí, sientes con intensidad y te atreves a demostrarlo. Y eso es algo muy bonito, pienso, y ojalá no lo pierdas, por muchas frustraciones que de vez en cuando, inevitablemente, tocan.

    Espero que hoy te encuentres mejor! :*

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  6. Eres genial, Marina. Endavant, sempre endavant!!!

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  7. Niña, y todas las experiencias chachiguays que te has llevado para tu cuerpo serrano estos días?? Eso no está pagao! :)

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  8. bueeenoooo, nadie dijo que la vida fuera justa. a otra cosa, mariposa.

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