massobreloslunes: La postura del loto

lunes, 21 de enero de 2013

La postura del loto

- Así que nos sentamos todas en la posición del loto - dice el profesor -. Quien no pueda ponerse en loto completo, que cruce una sola pierna.

Carolina cruza las dos. Siempre ha sido muy flexible. Le hace gracia ese "todas", y mira al único alumno masculino de la clase: Jonathan, un colombiano la mar de majo que se pasa todo el rato hablando de su novia de ultramar, en un intento desesperado (piensa Carolina) por demostrar su homosexualidad.

Se siente sudorosa y cansada. Quedan diez minutos para que acabe la clase y no se ha relajado ni un poco. Todas cierran los ojos, y ella pasea la vista por el círculo de señoras extrañamente sentadas. Alguna gruñe al notar la tensión en las rodillas. Carolina piensa que vaya pandilla de inadaptadas son todas, obligadas a que alguien les diga cómo relajarse y cómo estar presentes. Piensa que tiene que correr después del trabajo para llegar a la clase, y que tiene que correr al salir de clase para no perder el último autobús, así que se pregunta si no estará anulando con tanta carrera el efecto supuestamente beneficioso del yoga.
- Ahora quiero que visualicéis una escena - dice el profesor -. Debe ser una escena que tenga que ver con lo que os ha traído a estar hoy aquí. A tomar la decisión de inscribiros en esta clase.

Carolina no sabe si ha entendido bien las instrucciones, pero le tiran los muslos en la posición del loto y, sin darse cuenta, ya está pensando en Jaime. No tiene nada que ver con lo que le ha llevado a estar en esta clase, pero todo aquello le aburre tanto, le aburren tan inmensamente la docena de señoras perimenopáusicas que intentan escapar de la frustración retorciéndose los cartílagos, que decide que al menos se dará el capricho de fantasear. Y fantasea. Recuerda la última vez que estuvieron juntos. Les recuerda sentados en el sofá uno junto a otro, viendo una película, los calcetines de ella sobre el regazo de él.

 - Visualizad bien la escena - insiste el profesor -. Imaginad todos los detalles.

Ella piensa en la cara de Jaime cuando empezó a frotarle los talones en la entrepierna, y su eterno "no creo que esto sea una buena idea", y ella contestando que todavía estaba a tiempo de levantarse e irse. Después se recuerda incorporándose sobre él, recorriéndole el perfil de la cara con el índice mientras él cerraba los ojos y alzaba la cabeza, mientras la película seguía sonando sin que nadie la escuchara.
- Pensad en todos los que están presentes en la escena, si es que hay otras personas además de vosotras.

Carolina piensa que eran dos, tres si contamos el televisor, y que a pesar de la resistencia inicial tampoco es que él tardara mucho en quitarse la camiseta y los pantalones de chándal o en sacarle a ella el vestido por encima de la cabeza. Después se recrea despacio mientras el profesor dice nosequé chorrada de acompasar la respiración y ella se da cuenta de que todo eso le da tan igual que no estaría allí si ahora mismo pudiera teletransportarse otra vez a la cama de Jaime.
- Permaneced presentes en la escena, totalmente presentes.

Ella sabe que no habría podido estar más presente aunque quisiera y que casi se le secan los ojos de tanto abrirlos. Que cada vez que puede hundir los dedos en la carne magra de Jaime, que le puede recorrer con la lengua los huesos de las caderas, que puede mirarle con los ojos muy abiertos mientras él se mueve sobre ella, no hay ni una célula de su cuerpo que no sea consciente de su presencia.
- Ahora, preguntaos cuál es vuestra intención. Qué intención tenéis en ese momento. Qué os ha llevado hasta donde estáis.

"Mi intención, querido, es que este hombre haga conmigo lo que quiera durante lo que me queda de vida", piensa Carolina, y se le escapa una sonrisa mientras piensa en las escenas anodinas de la cabeza de todas esas perimenopáusicas y en cómo ella se está escapando a su oasis particular, a su spa mental donde Jaime no puede irse a ningún lado una vez hayan terminado.

El profesor hace sonar la campanilla, les dice que reorienten su atención al exterior y les pregunta qué tal la experiencia. Ellas (y Jonathan) descruzan las piernas despacio, quejándose de las artritis y las condromalacias, y comienzan a andar hacia el vestuario.

Y Carolina se siente casi bien, casi contenta, casi nada frustrada por pasarse las tardes en clase de yoga y las noches sola comiendo verdura frente al televisor, y podría irse así con esa sensación tan agradable, de no ser porque, en ese momento, Puri, la más perimenopáusica de todas, la que se pasa la vida comentando los precios de la colección fitness del Decathlón, yergue la cabeza, sonríe y dice, dirigiéndose a todas y a ninguna al mismo tiempo:
 - Que levante la mano la que no estaba pensando en sexo.

6 comentarios:

  1. Me gusta el relato!

    Quizá pruebe el yoga :p

    Un besote y feliz miércoles!

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  2. Jejeje, si es que en el fondo todos somos animalillos :-)

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  3. ¿O sea que el tal Jonathan habla de su noviA para demostrar su homosexualidad? ¿No será más bien para intentar dar la impresión de que no es homosexual?
    En cualquier caso, qué suerte tenéis las tías: podéis pensar en público en esas cosas sin que cierta parte de vuestro cuerpo os traicione jeje.

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  4. Ainsss,a mí me ha pasado esto más de una vez practicando yoga, jajaj, qué perra es la mente!
    La postura del loto es mi especialidad, mi profe dice siempre lo bien que me sale.
    un beso
    María extremeña

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  5. me estais desmotivando. quiero hacer yoga y si hay veces que la mente se te va al sex, mas vale que no haga yoga, soy un hombre y se notaria en que estoy pensando, ejem ejem

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