massobreloslunes: Mi tobillo, mi corazón y tú

miércoles, 20 de febrero de 2013

Mi tobillo, mi corazón y tú

Esta es la última carta que voy a escribirte, como decía la canción aquella sumamente hortera de Los Cucas. La del chuchuchu. La cantaba a gritos en la feria cuando tenía catorce años, pero bueno; no es esa la cuestión. El tema es que ya no te voy a escribir más. No por aquí. Te he escrito mucho en este blog, desde el día que te conocí. A veces con más claridad; a veces con menos.

Ayer hablábamos de lesiones. De cómo recuperarlas: de escayolar o no escayolar, de fisios que te clavan los dedos en el tobillo hinchado. Me contabas cómo tú te hiciste una vez un esguince y te arrancaste la férula en cuanto llegaste a tu casa. Qué bruto eres, te dije. Yo no he descubierto todavía cuál es la mejor manera de cuidar un esguince; lo que sí sé es que hoy me duele bastante menos que ayer, y que cuando algo que te dolía mucho deja de dolerte, es mágico.

Eso pienso mientras camino en dirección al centro de salud para recoger mi parte de alta. Pienso que todo el mundo debería tener un esguince para valorar lo que es andar sin dolor, y que a todo el mundo deberían partirle el corazón para sentir el alivio cuando se recompone. Hoy he llegado a la conclusión de que la mejor manera de caminar normal cuanto antes es caminar normal cuanto antes, así que ya no cojeo. Voy muy, muy despacio, mirando las baldosas frente a mí y procurando no tropezarme con nada. Desde fuera debe parecer que estoy ensayando algún tipo de caminar lento y sexy.

Desplazarme por estas calles es milagroso. Cuando he salido de casa, el cielo tenía un azul particular: un azul tipo la primavera está mucho más cerca de lo que tú piensas. Mientras paseaba y observaba el interior de los bares, he recuperado el sentimiento madrileño: la fascinación por la de gente y sitios y cafés y tiendas y posibilidades que tiene este sitio. Llevaba muchos días sintiéndome fuera de todo esto. Hoy, por fin, recupero algo de mi espacio en una ciudad que todavía no es mía.

Hablar contigo y no sentir dolor es casi tan mágico como poder andar.

Así que no tengo mucho más que decirte. No por aquí. Hay otros canales. Más sanos, más lógicos, con menos necesidad de metáforas o de hablar a medias. Esos son los que quiero utilizar ahora, porque a mí también me gusta saber de ti. Hoy te he escrito esto porque... bueno, no sé: por lo de siempre. Porque será como sea, pero esta es nuestra historia, y todas las historias se merecen que se les escriba un bonito final.

Sin más. Cuídate. No te voy a repetir ya más que vales mucho, porque lo sabes. Ayer me contaste que vas aprendiendo que quizá seas hasta valiente y todo, y claro que lo eres. Tú me has construido un poco. Si pudiera elegir, no querría haberme hecho el esguince, pero mientras caminaba hoy despacito y sentía cómo vuelven a hacer su trabajo los ligamentos del tobillo, pensaba que me gusta la yo lesionada. Que es fuerte y valiente, que escribe mucho y que me cae bien. Tú también me caes bien, y me cae bien la yo que he sido contigo, así que estoy contenta. Y bueno, nunca he sabido por qué, y seguramente ni siquiera debería ser así, pero siempre vas a poder contar conmigo. No te olvides nunca, ¿vale? Por si acaso.

2 comentarios:

  1. Qué palabras tan bonitas. Y cuánto sentido común. Te descubrí por casualidad, pero ya estoy más que enganchada a estas historias de los lunes...o de cualquier otro día. A seguir caminando. Un abrazo.

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  2. Otro para ti y muchas gracias por tu comentario. Me gusta tu nick :D

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