- ¿Qué te pongo?
- Condones.
La farmacéutica levantó un poco las cejas. Estaba más acostumbrada al "preservativos" o al "unacajadepreservativosporfavor", todo así junto, muy rápido, como quien pide droga. El chico sonreía ampliamente.
- Eh... vale, muy bien. ¿de qué tipo?
- De los mejores.
- ¿Cómo que de los mejores?
- Pues eso - asintió con la cabeza -. De los mejores que tengas. Quiero condones del taco.
La farmacéutica resopló. Miró al chico con más atención: no tendría más de dieciocho o diecinueve años, y llevaba una gorra y una sudadera ancha.
- Es que lo de los mejores pues... depende de lo que a ti te guste.
- A ver, se supone que usted entiende de esto. ¿Cuáles son los de marca?
Este se cree que está comprando vaqueros, pensó ella.
- Las marcas son más o menos iguales. Todas las que tenemos aquí cumplen con los controles de sanidad y seguridad.
- Eso está bien, que no quiero que se pinchen.
- A ver - se dio la vuelta y empezó a tirar cajas sobre el mostrador con cierta brusquedad -. Tenemos estriados. Tenemos ultrafinos. Tenemos de los que retrasan la eyaculación.
- ¿Tardas más en correrte? Hala, ¿y eso cómo lo hacen?
- Le ponen alguna sustancia, un anestésico suave, si no me equivoco.
- ¿Y que se me duerma la polla? Yo paso.
- A ver, no es que se te duerma del todo - estudia una carrera para esto, se dijo -, pero si no te gustan, te puedes llevar otros.
- Pero es que yo quiero los mejores. Los mejores-mejores, no sé si me entiendes.
Sonó el pitido que indicaba que alguien acababa de entrar a la farmacia. Era un chico también joven, pero menos: un treintañero con aspecto despistado y gafas de pasta.
- Si yo te entiendo, pero te digo que eso es una cuestión de gustos. Llévate los más caros.
- ¿Y cuáles son los más caros?
- A ver... ocho con cuarenta... diez con veinticinco... estos. Los del anestésico.
- Ni de coña.
El chico se volvió hacia el treintañero, que miraba la colección de preservativos sobre el mostrador intentando enterarse de qué iba la cosa.
- ¿Tú qué crees? ¿Cuáles son los mejores?
- Pues...yo qué sé... depende de los gustos.
- ¿Verdad? - la farmacéutica asintió - ¡eso le he dicho yo!
El chico se quedó en silencio. Pasó la mano por los envoltorios de colores, levantó las cajas, las giró en sus manos.
- Es que ella es La Mejor.
La farmacéutica y el treintañero pudieron escuchar las mayúsculas.
- Me llevo estos - el chaval agarró la caja de ultrasensibles.
La farmacéutica los envolvió en papel con el logotipo de la farmacia, pensando que la serpiente y la copa nunca se habían visto en una parecida. Le observaron marchar con los Mejores Condones en la mano, casi saltando por la acera.
- Las hay con suerte - dijo el treintañero, subiéndose las gafas con el índice.
Ella tardó un par de segundos en contestar.
- Sí, la verdad. Las hay con suerte.
Y se apresuró a guardar de nuevo todas las cajas de preservativos mientras pensaba en el amor, esa mala hierba.
Jo! Qué bonito! Qué dulce! Que tierno!!
ResponderEliminarDesternillante. Lo mejor, el segundo chico colocándose las gafas (muy a lo anime japonés).
ResponderEliminarEs genial! Es muy dulce...
ResponderEliminarSí, muy dulce y tierno, me ha encantado. Aunque me hace pensar.....¿soy yo la única para la que el uso del condón siempre ha sido una lucha? "Venga va, póntelo ya", "Sí, voy....¿qué prisa tienes?"....y así con mis 2 ex y mi novio actual. En la farmacia pensarían que a ver cuándo me decidía a tomar la píldora. ¿Será la actitud con la que los compran una prueba de amor verdadero? :-)
ResponderEliminarJajajaja !! Buenísimo. Claro, rotundo . Genial
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