massobreloslunes: Pesadillas (un minicuento con final feliz)

sábado, 23 de febrero de 2013

Pesadillas (un minicuento con final feliz)

Procuraba tener siempre pareja, y aunque la gente la creía incapaz de estar sola, la verdadera razón eran las pesadillas. No sucedía muy a menudo, pero al menos dos o tres veces al mes se despertaba sudando y con la respiración entrecortada en medio de pesadillas extrañas, donde personajes de contornos nítidos en tonos sepia la amenazaban con gestos que sólo entendía ella. Así que intentaba tener siempre a alguien al lado para no morirse de miedo.

Cada uno reaccionaba de una manera. Marcos la abrazaba fuerte y le obligaba a respirar al mismo compás que él, como si estuviera dando a luz. Alberto se empeñaba en que se levantaran a la cocina a tomar un colacao y hablar de otra cosa; "si te quedas dormida ahora - decía -, volverás a soñar con lo mismo". Víctor dormía tan profundo que ella tenía que clavarle las uñas para que se despertara, y entonces él se cabreaba un montón, y gruñía, y le repetía por quincuagésimoctava vez que más le valía pedir hora en el psicólogo, y ella se quedaba frita arrullada por sus quejas.

Pero supo que Jaime era el hombre de su vida la primera noche que tuvo una pesadilla con él. Porque cuando se despertó, como siempre, muerta de miedo (jadeante, empapada en sudor, con el corazón latiéndole a mil por hora), Jaime abrió enseguida los ojos. ¿Tienes una pesadilla?, le preguntó. Ella asintió sin decir nada, mientras intentaba recuperar el aliento. Él la miró y le acarició la mejilla con suavidad. Tranquila, susurró. Entonces le cogió la mano, se la metió en los pantalones y se rodeó el pene con ella. Hale, le dijo. A dormir. Y ella se rió tanto, tanto, tanto que nunca más volvió a tener pesadillas.

1 comentario:

  1. Tan tan buena la idea que deberías patentarla. :) Me encantan los finales con risas. Un abrazo.

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