massobreloslunes: Profesiones inventadas, 2: El anecdotista

miércoles, 13 de febrero de 2013

Profesiones inventadas, 2: El anecdotista

El anecdotista inventa anécdotas para la gente. No se trata de vulgares recuerdos, de esos que todo el mundo tiene, sino de anécdotas originales y divertidas que quedan bien en una primera cita o en una reunión social.

El anecdotista sabe adaptar su material al público que lo recibirá. Puede crear una historia para que un universitario presuma frente a sus colegas. En ese caso, hablará de aquel día, en el instituto, en que se quedó un rato después de clase y la profe de francés, aquella rubia demasiado pintada de tetas gloriosas, le pidió que le grabara con su smartphone mientras se masturbaba en un pupitre. Para la chica a la que el estudiante quiere impresionar, sin embargo, el anecdotista inventará que hace muchos años, cuando era tan pequeño que apenas se acuerda, su abuelo le llevó a un risco cercano al pueblo donde podía verse anidar al alimoche, pero que no hubo suerte y no divisaron ninguno. Y que años después, cuando el abuelo murió de insuficiencia respiratoria sin que nadie lo esperara, el chico caminó hacia el risco con el corazón encogido y justo allí, mientras se permitía llorar todo lo que no había llorado en el funeral, vio como un alimoche dibujaba un círculo elegante en el cielo de la tarde y se perdía en el horizonte.

El anecdotista sabe que la frontera entre lo interesante y lo irreal es delicada, así que procura medirse. Nunca inventará que te acostaste con un cantante famoso, pero quizá sea capaz de mencionar los suficientes datos verosímiles sobre bares, fechas y películas como para que hagas creer que te tomaste una copa con él una noche de marcha en Barcelona. También sabe que la combinación de emoción y sorpresa es la ganadora, así que toca los resortes de la gente para que hagas de ellos lo que tú quieras. La próxima vez que te llegue una historia curiosa por una red social (ya sabes: animales sabios, bebés asombrosos, increíbles historias de amor a primera vista en el metro) y te veas haciendo clics en páginas que te llevan a otras páginas, plantéate que quizá esté detrás la mano del anecdotista.

El anecdotista, por último, es consciente de que lo más importante no es el público, y por eso también te vende anécdotas privadas a un módico precio. Te las cuenta varias veces hasta que acabas por creértelas, y te encanta recordar aquel día que tuviste que ayudar en un parto de emergencia porque el avión estaba en medio del océano y no daba tiempo a llegar a un hospital, o cuando una compañera recibió un ramo de rosas en el trabajo y tú, que nunca en tu vida habías recibido rosas, te encontraste con otro en casa por pura casualidad.

A veces te sientes culpable porque sabes que tu anécdota es mentira. La cuentas frente a la gente o la recuerdas en silencio y te sientes una farsa. En ese caso, el servicio del anecdotista incluye la posibilidad de llamarle entre dudas. "No te preocupes", contestará él. "Ningún recuerdo de nadie existe ya. ¿Qué importa que los tuyos no existieran nunca?".

PD: Otorgo un Premio Especial del Público a quien recuerde cuál era la otra profesión inventada sin usar google.

2 comentarios:

  1. ¿Acelerador del tiempo en de momentos inolvidables?.

    Lo siento, he pecado y no he podido resistir la tentación...

    Txabi

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  2. Eeeergh... yo no me acuerdo, maldición! :D

    Un besote!

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