massobreloslunes: El pensamiento más raro del día

jueves, 14 de marzo de 2013

El pensamiento más raro del día

Esta mañana hemos hecho un taller de mindfulness con los pacientes. Se trata de reunirlos a todos en una sala de grupos y enseñarles mini-meditaciones y estiramientos tipo yoga. Es agradable. Hoy pensaba mucho en el contacto con los pacientes y en la extraña forma en que enriquecen mi vida. Me dan la oportunidad de estar y de escuchar de otra manera. Te entrenan en absorber por completo tu atención en el otro, en dejar tu ego a un lado y enterarte de verdad de lo que te están contando. Además, son auténticos. Es curioso, porque yo tenía mis prejuicios respecto al tipo de relación que se puede establecer entre un paciente y su terapeuta. Pensaba que no podía ser otra cosa que un vínculo forzado. Pero no es así; quizá sea porque me encariño con un apio, pero yo a mis pacientes les quiero, y les agradezco de una forma que nunca podrán imaginarse que se muestren frente a mí tal y como son.

El caso es que estaba ahí sentada, intentando encontrar un mínimo de paz en medio de un lugar que es la guerra, y entonces he girado un momento la cabeza para ver quién estaba a mi lado. Era una señora mayor, de unos setenta y muchos u ochenta años. Su piel era bonita, de esa forma en que sólo puede serlo una piel que ha cambiado tanto que ya no se compara consigo misma, y que ha adquirido una textura de arrugas y manchas totalmente nueva. Le brillaba el pelo ralo y blanco a la luz que entraba por las persianas entrecerradas.

Entonces he pensado: "cómo va a molar ser vieja". Y me he quedado sorprendidísima por ese pensamiento, porque yo no quiero ser vieja ni tampoco quiero morirme. No quiero estar funcionalmente limitada ni pensar que me queda poco tiempo en este mundo precioso. Y, aun así, en ese momento concreto, no sé si por el taller de mindfulness o por mi loco cerebro ciclotímico, he tenido ese pensamiento con mucha claridad. A menudo pienso en lo que queda por venir en los próximos años y me alegro, porque pienso que va a ser bueno. Pero esta mañana me ha entrado mucha intriga por imaginar cómo voy a ser cuando sea anciana, y cómo me sentiré cuando me mire al espejo y observe mis mejillas arrugadas y mi pelo blanco. Qué clase de mirada tendrán mis ojos. Me gustaría ser una anciana hipersabia y amorosa, tener el cerebro a pleno rendimiento y vivir en una casa muy bonita con muebles de colores. Haber encontrado el amor el amor y envejecido como los viejecitos de "Up", sin hijos pero felices y con quizá un par de gatos, y que él se muera antes que yo, porque será así de galante, y echarle mucho de menos y hacer galletas para los nietos de otra gente.

Después se me ha pasado, lógico, porque insisto en que no quiero ser vieja; de hecho, quiero ponerme súper fuerte y escalar muy locamente. Pero me ha gustado esa sensación. Esa curiosidad. Me contó Anxo hace algún tiempo que, al parecer, cuando le preguntaron a Erickson qué iba a hacer cuando cumplió 90 años, dijo que intentaría descubrir qué cosas bonitas podía ofrecer la vida a esa edad. Ojalá yo también llegue a los 90, y ojalá pueda ser de esa manera.

Y eso. Que si total, ya escribo como las viejas a veces; al menos, cuando sea anciana no quedará tan raro.

3 comentarios:

  1. Yo he tenido también un pensamiento extraño: el final se acerca. No sé qué es lo que termina, pero no era el apocalipsis, sino un cambio cotidiano pero importante. Me parece que es porque hoy me he echado siesta, cosa que jamás me sienta bien xD

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  2. Lo bueno de que las intelectuales seáis sexys, es que ni los años te van a quitar esa inteligencia enteraílla de nínfula tuya, ese no se qué que qué se yo que nos haría morir primero, solo para darse el gusto de decirle a san Pedro, mira quillo, es mi viudita. Y ver como Sanpedro y los jaramagos se estremecen de una envidia celestial.

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  3. Yo también he pensado a veces que tiene que ser guay ser viejecilla, y vestir con colores chulos y llevar el pelo lila en un moño y ser superbondadosa y contar cuentos alucinantes... No quiero que llegue pronto, pero sí creo que me gustará ser viejecica. Me has hecho reír con lo de que escribes como las viejas! Tú? No!!!
    Besos!

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