massobreloslunes: Semana Santa

sábado, 30 de marzo de 2013

Semana Santa


Estoy en Málaga, sentada en el cuarto de la chica que cuida a mi abuela, y que ahora mismo está de vacaciones de Semana Santa. Me he venido aquí porque mi abuela se partió la pelvis hace un par de semanas y mi madre está cuidando de ella. Yo ayudo un poco, pero lo justo, la verdad. Ni mi abuela es encantadora ni yo soy la Madre Teresa. No tengo ganas de ayudar a cambiar pañales ni de sentarme con amabilidad a los pies de su cama. Quiero que me dejen tranquila.

Quedo con Elsa y Ro para tomar un té en una tetería del centro. Las calles están abarrotadas de gente en busca de tronos. ¿Queréis saber algo friki de mí? Además de querer ser santa, de pequeña era una verdadera adicta a las procesiones. Mis tíos tenían alquiladas sillas en la Alameda, y yo me pasaba allí los cinco días de la semana, recogiendo cera en una bola cada vez más grande, correteando con mis primos de un lado a otro y observando anonadada a los cristos y a las vírgenes.

Lo de la Semana Santa es complicado de explicar si no vives aquí. Reconozco que resulta bizarrísimo si se ve desde fuera. Desde dentro es más fácil de entender. Quedas con tus amigos, paseas por las calles, ves un par de tronos y te tomas una caña. Te compras una patata asada, o una manzana de caramelo, o un limón cascarúo para tomar con bicarbonato. Esperas durante horas en una esquina para ver una salida o un encierro.

Yo no lo hago, que conste. Hace ya muchísimos años que sólo veo tronos por casualidad. A pesar de eso, y a pesar de que ahora soy atea como el infierno, cuando me cruzo con uno me emociono como una idiota. Es una emoción irracional, que se irradia directamente desde mi cerebro reptiliano. El tema es que a mí la historia de Jesús me da mucha pena. Las procesiones consiguen transmitirme muy bien todo el mensaje. La muerte, la humillación, la desesperación. Mel Gibson no se inventó nada; está todo aquí, en las calles de mi ciudad. No soy creyente, insisto; ni siquiera católica no practicante, ni cristiana a secas. Me parece una historia sin pies ni cabeza. Aun así, veo al Cautivo bajar una avenida entre tambores, con la túnica blanca ondeando en la brisa, las manos atadas delante y la corona de espinas sobre la frente y me da mucha pena, igual que me dan pena las vírgenes llorando porque su hijo se muere.

Cuando era pequeña, siempre pensaba en las formas en que se podía haber evitado la muerte de Jesús. Algo dentro de mí creía que no hacía falta todo aquello, Que si Jesús era el hijo de Dios y lo sabía todo, por qué había elegido como apóstol a Judas. Después buscaba fallos en el guión: Jesús podría haber huido, Pilatos no tendría que haberse lavado las manos. Los latigazos, la cruenta tortura de la cruz; todo eso y, sobre todo, que todo se repitiera una y otra vez sin que se pudiera hacer nada por evitarlo, me conmovía muchísimo.

Igual que me pasa con la navidad, me extraña la Semana Santa porque ya no participo en ella. Con profundo egocentrismo, me pregunto por qué se sigue montando este follón en torno a algo que no me interesa nada. A pesar de todo eso, camino por las calles y sigo conectando. Las sensaciones están almacenadas en mi cerebro. La brisa de principios de primavera, el olor a incienso y a manzanas de caramelo, los niños pequeños que tocan trompetas y tambores de plástico mientras sus padres piensan en cómo esconderlas cuando lleguen a casa.

Es difícil de entender si eres de fuera. Incluso a mí me resulta difícil entenderlo siendo de aquí. Pero una parte de mi cabeza lo va a entender siempre, creo yo. Por gracia o por desgracia.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Al igual que tú, yo también hace muchos años que solo veo tronos por casualidad. Además de ateo soy apóstata por convicción aunque lo único que he conseguido después de mi particular "via cruzis" con la iglesia fue un certificado sellado por el obispado de mi ciudad de que renuncio a la fe católica "con todas sus consecuencias" (me entró la risa y todo cuando lo leí).
    Yo, al contrario que tú, nunca he he tenido experiencias religiosas que hayan vinculado emociones a mi cerebro reptiliano y lo que siento al ver toda la parafernalia religiosa es látima y también indignación.
    Hace unos años leí el libro de JJ Benítez "Caballo de Troya" que va sobre la vida y muerte de Jesús (es aún mas salvaje que la película de Mel Gibson)y me provocó bastante angustia y una inmensa pena. Angustia por lo que hicieron con ese HOMBRE y pena por el uso infame que se hace de su historia.
    No voy a extenderme más porque me indignaré y paso.
    Te has explicado de maravilla, como siempre.
    Sigue con nosotros.
    Un abrazo Marina.

    ResponderEliminar
  3. Hola pase por tu blog y me gustó, a mi me encanta la Semana Santa Malagueña, mi novio es de allí y siempre callejeamos para intentar ver todos los tronos posibles, mis favoritos la Servita y el Cristo d la Legión claro jiji.
    El barrio de mi novio es el de Nueva Málaga, sus tronos son unos de los que hacen el recorrido de más tiempo.
    Yo si que me emociono al ver los tronos,el ambiente que se crea en torno a todo eso es sensacional la verdad.
    Un saludito grande. Te leo.

    ResponderEliminar