massobreloslunes: Reflexiones hiperprofundas sobre la vida y la muerte que deberías plantearte seriamente si quieres leer

miércoles, 17 de abril de 2013

Reflexiones hiperprofundas sobre la vida y la muerte que deberías plantearte seriamente si quieres leer

Estaba yo hoy haciendo la compra en el Carrefour Express cuando me he puesto a pensar en el suicidio. Pero de buen rollo. Nada de "me suicido porque mi sufrimiento es insoportable"; más bien un "me suicido porque total, tarde o temprano me moriré, y cuando lo haga probablemente sea entre indecibles sufrimientos, y para eso casi mejor hacer acopio de algún tranquilizante buenrollero y agilizar los trámites".

No me voy a suicidar. Tranquilidad en las masas. Simplemente trato con toda la fuerza de la que soy capaz de encontrarle un sentido a esto. Cuando trabajas con enfermos terminales, es inevitable preguntarte cómo te quieres morir tú. La gente no se muere como en las pelis: no hace listas, ni viajes increíbles, ni graba casettes para sus seres queridos. Para empezar, porque uno se muere en medio de bastante sufrimiento físico, y no tiene muchas ganas de ese tipo de florituras. Además, la mayoría de la gente tiene tanto, tanto miedo que distribuye su tiempo entre fingir normalidad, negar la realidad y tratar de curarse.

Yo he llegado a un punto de mi vida en el que me daría igual morirme en lo que a sensaciones se refiere. Me refiero a que creo que, más o menos, he vivido todas las que merece la pena vivir. ¿Amor? Check. Dado y recibido. ¿Dolor? Check. Ídem. Mucha diversión. Muchas risas. Amistad, suficientes viajes, éxtasis variados frente a la contemplación de la belleza. Escribir, escalar, mirar a la gente a los ojos, tocar el piano y recibir masajes. Me falta la maternidad, pero tener hijos no me interesa en absoluto ahora mismo; no encuentro razones contundentes para hacerlo, y el sentimiento de amor maternal no me atrae. Demasiado apego y demasiado riesgo, para mí y para mi posible hijo/a. Bastante tengo ya con lo mío.

El amor lo he aparcado. No os lo vais a creer, porque ya sabéis que el 90% del contenido de este blog se resume en "oh, Dios, ¿por qué no tengo novio?". Pero os voy a contar algo. Hace cosa de un mes, en medio de una resaca brutal, me apunté a una web para conocer gente, y con gente quiero decir tíos, y con conocer quiero decir tener sexo. Me habían hablado de una que está muy bien y pensé: por qué no probar. Colgué fotos, respondí cuestionarios y me preparé para esforzarme de verdad por encontrar a alguien. Nada de lloriquear: iba a coger el toro por los cuernos.

En menos de doce horas, conocí a un chico alucinante. Interesante, guapo, listo, divertido. Bloguero, viajero, que estudia psicología y hasta ha hecho un curso de Vipassana. Alucina pepinillos. Hablamos por teléfono. Hablamos por Skype. Quedamos justo después de semana santa. Y bueno, sin entrar en detalles, me di cuenta de repente de que aquello estaba sacando lo peor de mí. Mi parte más desequilibrada, más llena de ansia y apego, más empeñada en encajar al pobre chaval en las expectativas de mi ego. Estaba tan ansiosa de que alguien me sacara de todo el dolor y la tristeza que estoy viviendo este año que no podía ver más allá. No le estaba viendo a él y no estaba sabiendo ocuparme de mí. Tanto tiempo creyendo que soy independiente y es mentira, porque la promesa del amor, sea lo que sea, siempre ha estado ahí como opción. Como el comodín del público. No sé si me explico.

Desde entonces, intento desapegarme de la idea del amor. Del ansia por que llegue alguien y me cure las heridas. No tiene que ver con ese "cuando menos te lo esperes" del que habla todo el mundo. Tiene que ver con que, objetivamente, ya he estado ahí. Ya he tenido relaciones de pareja: enamoramiento, amor, sexo y llámalo X, y NO me ha hecho feliz. No más feliz que ahora. Abandonar la idea de que la felicidad llegaría con un amor perfecto que probablemente no existe es bastante más difícil que dormir sola. Sin embargo, desde que tuve esa revelación, me encuentro bastante bien. Bromeo diciendo que he abrazado el celibato, pero en realidad es bastante cierto. Y no tiene nada que ver con evitar activamente conocer a tíos o tener sexo con ellos (por otra parte, es innecesario, ya que en general son los tíos los que me evitan activamente a mí). Tiene que ver con abrazar de verdad la idea de estar sola y dejar de buscar fuera lo que sólo puedo darme yo.

Y, aunque no os lo creáis, está siendo muy bueno. Mucho más que ese estado de falsa espera despreocupada que mantenía hasta ahora.

Casi todo es bueno con la suficiente conciencia.

Volviendo al tema del suicidio buenrrollante: tiene que haber algo más. Algo más que acumular experiencias y sensaciones como si nuestra vida fuera el muro del facebook. Porque si no, de verdad, esto no tiene ningún sentido. Nos vamos a morir. En serio. Y antes de eso perderemos un montón de cosas y de personas. Llegarán buenos momentos y se marcharán. Conoceremos a gente encantadora que nos dejará de una u otra manera.

¿Cómo quiero morir yo? Quiero morir consciente. Cuando esté terminal, si llego a estarlo, quiero saberlo. Quiero despedirme de los míos y escribir sobre lo que significa saber que vas a morir pronto. Quiero saber que contribuí de forma positiva al mundo y que supuse una diferencia en la vida de la gente. No tengo ni idea de por qué estamos aquí, pero lo cierto es que estamos. Que el sufrimiento es muy real. Es la primera verdad de Buda, y es incuestionable. Así que, ya que estamos, intentemos aliviar ese sufrimiento. Eso quiero hacer yo. La posibilidad de conseguirlo es mi razón principal para no suicidarme de buen rollo.

Aliviar el sufrimiento era también lo que quería antes, supongo, pero ahora es distinto. Creo que ahora estoy llegando al punto de ser capaz de dejar marchar cosas. Expectativas, ideas de cómo debería ser mi vida y aspiraciones más o menos superficiales. En Semana Santa, le decía a Elsa que el camino espiritual (o llámalo X) es muy difícil porque te sientes distinto a todos los demás. "Pero es que yo no quiero NI DE COÑA ser como los demás, Mopi", me dijo ella. Elsa dice últimamente que va a tener cuidado cuando hable conmigo, porque sus palabras me impactan de una forma desmedida. Pero es que tiene tanta razón. No se trata de despreciar a la gente ni de querer ser diferente porque sí. Se trata, y voy a escribir esto en negrita para que no se me olvide a mí, de abandonar la idea de que tener lo que a la gente parece hacerle feliz te va a hacer feliz a ti. Eso es una putada. Porque esa idea es bonita. Te trae consuelo en los momentos de desdicha. Vale, piensas, no soy feliz, pero quizá lo sea cuando (encuentre pareja, consiga trabajo, deje mi trabajo para viajar, tenga más amigos, mejore este puto-tiempo-de-mierda). Pero ¿y si no? ¿y si el camino que sigue el resto a ti no te va a traer más que problemas?

En ese caso, no te queda más remedio que construir tu propio camino.

Y es ahí cuando las cosas empiezan a ponerse interesantes.

6 comentarios:

  1. Me ha encantado y me ha tocado mucho. Gracias.

    ResponderEliminar
  2. Empiezas a apuntar maneras joven padawan... como bien dices, no se trata de evitar nada, sino de dejar de necesitarlo.

    ResponderEliminar
  3. http://www.youtube.com/watch?v=ERITbHh-St0

    ResponderEliminar
  4. Para mí lo interesante es pensar que podría comprar en el Carrefour express disfrazado de mujer y haciéndome llamar Marina porque he llegado a las mismas conclusiones. Eso sí, yo nada de buen rollo que me sabe muy dulce y he dejado el azúcar.

    ResponderEliminar
  5. Decide el camino:
    experiencia+experiencia+experiencia+experiencia=muerte
    experiencia+conocimiento+experienciamejorada+conocimiento+experiencia aumentada=muerte.
    Yo, por mí te recomiendo el segundo. Lo del suicidio está sobrevalorado. Yo me quedo hasta la última parada.

    ResponderEliminar
  6. Santa razón que tienes. Es muy complicado aceptar que no necesariamente vas a ser más feliz cuando tengas a)otro trabajo, b)una pareja, c)más amigos, y por eso supongo que está tan extendida esa idea de buscar un amor que te complete (porque sobre todo es con respecto a la pareja, creo yo). Y es complicado aceptarlo porque eso significa que tendrás que levantar el culo del asiento y hacerte feliz tú mismo.

    Entiendo lo que dices de sacar la parte más ansiosa y apegada, a veces pasa. Pienso que el funcionamiento sano en pareja es complicado de alcanzar y se encuentra escasas veces, si es que hay suerte. A mí no me ha pasado, pero sí creo en el amor, en La Pareja. Pero no creo que sea tu media naranja, sino que juntos formáis un plato bomba.

    Es complicado. Perdón por el rollo y feliz jueves :)

    ResponderEliminar