massobreloslunes: Madrid impermeable

jueves, 30 de mayo de 2013

Madrid impermeable

Vuelvo a casa después de cenar sushi con Toni. Escucho Vetusta Morla y canto todo lo alto que me permite mi sentido de la vergüenza, mientras me tapo con el paraguas y trato de ignorar este frío extraño de primavera anómala. Mi vida madrileña ha cambiado bastante desde que volví de EEUU. Rehúyo el metro, traumatizada por el transbordo entre la línea amarilla y la azul oscuro en Plaza de España. No salgo de cañas, no entreno y divido mi día entre trabajar, escribir, meditar y comunicarme de forma constante y compulsiva con P. Mientras camino sobre las baldosas mojadas, me viene a la mente que me siento impermeable. Como si esta ciudad me resbalara.

Me molesta el ojo derecho y llevo unos días con las gafas puestas; como están mal graduadas, no veo muy bien, así que bajo la cabeza y fijo la mirada un par de metros por delante de mí. Me recuerda a algo que me contó mi madre acerca de los monjes que están muy cerca de la iluminación: se supone que deben caminar mirando al suelo para no recibir nuevos estímulos que dificulten su progreso.

Yo estoy tan lejos de la iluminación como lo puede estar un ser humano y, aun así, me gusta esta mirada de monje. Después del entusiasmo inicial madrileño y posterior derrumbe y sufrimiento en el infierno de Muertelandia, he concluido que Madrid para mí no es buena ni mala; simplemente, es demasiado. Demasiada gente, demasiados bares, demasiadas tiendas. Todo podría estar bien en menor cantidad, o podría estar bien si a mí la vida me la soplara, pero soy sensible y esta sobreestimulación me agota.

Invierto mucho, ya lo sabéis todos. Invierto en general. Está bien, porque en general recibo beneficios, pero las operaciones que salen mal me dejan agotada. No es que Madrid haya salido mal. Lo que he aprendido aquí no podría haberlo aprendido en Cádiz. Pero estoy cansada de invertir. Quiero guardar mi energía y tratar por un momento de que las cosas me toquen lo justo.

Así que camino impermeable, mirando al suelo y resistiéndome a esforzarme en los dos meses que me quedan. Negándome a querer hacerme un hueco. Renunciando a todo lo que sé que no voy a vivir aquí y abriendo los brazos a todo lo que quizá sí viva. Y, sobre todo, camino intentando aproximarme a uno de los dos lados de la acera, porque tengo que practicar para recordar cómo caminas cuando no vas sola.

8 comentarios:

  1. A mí Madrid también me resbala, suscribo todo lo que has dicho. Todo, todo.

    Me alegro de que estés empezando una buena etapa :-)

    Un besote muy grande.

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  2. Percibo una Marina distinta en este texto, más madura.


    Un abrazo y que abras tus brazos a buenas vivencias, que las tendrás, fijo

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  3. Las grandes ciudades acaban por excluir a los que las habitan de paso, y es mejor así, si las ciudades fueran acogedoras, si nos gustara su ordenado caos impersonal, si necesitáramos ocultarnos entre la multitud, habrían acabado con lo que realmente somos.
    Porque, en el fondo, necesitamos espacios abiertos, mirarnos en el espejo del cielo para saber que el mundo es precisamente eso:inmensidad; y que nosotros somos los habitantes de una casa mucho más grande que las aceras y moles de ladrillos a los que no se puede escalar.

    Daltvila intuye a una Marina más madura, quizá madurar tenga que descubrir qué es lo que uno quiere y qué no, e ir a por ello dejando atrás lo que sobra.

    Siempre estaremos madurando, de hecho, al reflexionar sobre tu escrito, yo también, en cierta forma, lo estoy haciendo.

    Un fuerte abrazo

    Toni

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  4. Marina, has descrito Madrid tal y como yo lo hice la primera vez q lo pisé. DEMASIADO de todo. Too much :D
    pero como dices y como todo...se aprende ;) y mira q bien estás...:)
    un abrazo dsd el frío y lluvioso norte...q hartura.

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  5. Será porque la mayoría de mis recuerdos, y sobretodo los primeros, relacionados con Madrid son negativos. Será porque la recuerdo opresiva, desorganizada o caótica, llena de prisas. Sea por lo que fuere, Madrid no me llama.

    O quizás es que soy más de pueblo que un metro ribazo...

    Un beso

    Txabi

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  6. Me ha gustado mucho eso de "tengo que practicar para recordar como caminas cuando no vas sola"
    ;))
    muy revelador!

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