massobreloslunes: Sonrisas y lágrimas

domingo, 26 de mayo de 2013

Sonrisas y lágrimas

Ayer fui con mi madre a ver el musical de Sonrisas y Lágrimas. SyL fue mi película favorita durante toda la infancia; después la reemplazó Dirty Dancing, que muy probablemente va a ocupar ese lugar hasta el día de mi muerte. A no ser, claro está, que me haga mayor e, igual que Patrick Swayze vino a sustituir a Friedrich, un seductor bailarín geriátrico conquiste mi corazón.

No entiendo muy bien por qué me gustaba tanto esa peli. Además, normalmente veía sólo la primera parte: hasta que María volvía del convento para culminar su amor por el capitán Von Trapp. A partir de ahí, la historia de amor, los nazis y la huida montañosa me la traían floja. Hoy reflexionaba sobre el musical (que, por cierto, es precioso) y trataba de enumerar los componentes posiblemente responsables de mi obsesión:

1) Familia numerosa. A mí de pequeña me gustaban las familias numerosas. No entiendo por qué; no aguantaba a mi hermano, así que no sé para qué quería más. Quizá para tener alternativas. El caso es que todos esos niños juntos, organizando teatros de marionetas, canciones por el pueblo y locos bailes regionales me parecían lo más.

2) Uniformes. Yo de pequeña quería llevar uniforme. Imagino que si lo hubiera llevado, habría querido ropa normal. El caso es que para mí levantarme de la cama y no tener que pensar qué ponerme era una maravilla.

3) Desfilar. Yo qué sé. Me parecía diver. Y dar pasos al frente, y decir mi nombre, y tener institutrices. Era una niña rara. Algún día os contaré lo de querer que estallara una guerra para poder escribir sobre ella como Ana Frank y hacerme famosa.

4) El campo. Yo soy campófila. En un entorno más apropiado, habría evolucionado como montañera hasta terminar enmarronándome hasta la muerte en los Himalayas. Cuando veía SyL quería vivir en Austria, corretear por las montañas, beber leche muy espesa que me dejara bigote y tener vacas. Todo el kit.

5) La música y los bailes. Obvio. Me encanta canturrear, y me encantan los musicales porque la gente se pone a cantar a lo chalao en mitad de la calle y a todo el mundo le parece normal. También me gustan los flashmobs, y versionar temas, y todavía echo de menos La Parodia Nacional. Verídico.

6) Friedrich. Ya os lo he contado. Ese chico me ponía palota. Después evolucioné y me gustaba Rolf, y ahora, como ya confesé en su momento, me está empezando a parecer atractivo el capitan Von Trapp. Qué triste es envejecer.

Sin embargo, si pienso en las tres películas vergonzosas que me han encantado a lo largo de mi vida (SyL, DD y Sister Act 2: de vuelta al convento), el elemento común podría llamarse... no sé... evolución, supongo. Posibilidad de cambio. Porque los niños Von Trapp no cantaban y de repente cantan genial; Baby era súper torpe y luego se vuelve una bailarina sexy y experta; los chicos del instituto St. Francis eran unos macarras chungos y tras mucha práctica asombran al mundo con una versión marchosa y noventera de "Joyful, joyful".*

Lo que me gusta de SyL es la posibilidad de la magia.

Yo siempre intento vivir mi vida así, con la posibilidad de la magia a un lado, y a veces la siento crecer calentita y emocionante en el fondo del corazón y me doy cuenta de que es porque he tomado demasiado café esa mañana. Después sigo adelante y pienso que la magia es una cuestión de probabilidad y de crear el entorno apropiado, como cuando ponía semillas en algodones húmedos dentro de botes de yogur.

Ahora es curioso todo. Porque cuando alquilé el Acurrucoche en Boulder y enfilé hacia Moab con menos gasolina de la cuenta, pensaba: ¿y si conozco a un chico interesante, y se me va la olla, y cambio todo el plan, y nos vamos a escalar por ahí, y es todo como súper romántico, y después seguimos en contacto, y hacemos viajes transoceánicos, y volvemos a Utah después de veinte años para celebrar nuestro aniversario?

Luego pensaba: qué va. Yo no soy el tipo de chica al que le pasan esas cosas.

Entonces quedé para escalar con un chico de un foro y acabé muriendo de amor en Idaho. I-da-ho.

¿Moraleja? Quizá no todos estemos hechos para cantar en un coro, o quizá en nuestras próximas vacaciones no haya un profe de baile cañón que nos vaya a dar lecciones y bambú al mismo tiempo. Pero la posibilidad de la magia existe. Siempre. Aunque a veces haya que estar dispuesto a viajar hasta Utah, Idaho o cualquier otro lugar perdido de la mano de Dios** para encontrarla.

* Me sigue encantando este vídeo. Si no se os pone la piel de gallina con la introducción de Lauryn Hill, es porque estáis muertos por dentro.
** En teoría, por otra parte, Utah no es precisamente un lugar dejado de la mano de Dios.

2 comentarios:

  1. Mopi,

    Yo también hecho de menos AHORA La Parodia Nacional, aunque hace 5 minutos no me acordara de que existiera.

    "Joyful, joyful" es genial y me hace un montón de gracia lo ridículamente ancha que resulta la ropa que llevan para nowadays.

    Te amo muuuuucho

    ResponderEliminar
  2. ¿No será que querías/quieres ser "militara"?.

    Feliz lunes, feliz semana!

    Besos

    Txabi

    ResponderEliminar