massobreloslunes: Obsesiones

jueves, 23 de mayo de 2013

Obsesiones

"¿Cuáles son tus obsesiones?", me pregunta P. por mail. Se está leyendo "El gozo de escribir", y es el tipo de persona que hace las tareas de cada capítulo a medida que avanza. Le contesto que primero quiero saber las suyas. Me las manda, así que no me queda más remedio que hacer los deberes.

Se supone que las obsesiones son aquello que se filtra a través de lo que escribimos. Que vuelve una y otra vez y que está lleno de energía. Doy un repaso a las etiquetas del blog y a los relatos de ficción. Reflexiono sobre los programas que emite mi cadena mental a lo largo del día. No tengo claro si distingo bien entre gustos y obsesiones, entre intereses y obsesiones, pero aun así lo intento. Empiezo a escribir sin pensar demasiado y lo intento.

Me obsesiona escribir. Escribo todos los días. Me obsesiona hacerlo bien y encontrar la forma de utilizarlo para profundizar en mi cerebro y en las vidas de los demás.

Me obsesiona la psicoterapia. Hoy un párrafo de Mahoney sobre la profesión de psicoterapeuta ha hecho que se me saltaran las lágrimas. Hablaba de tocar a los demás y de dejar que te toquen, y del peso silencioso que uno lleva sobre sus hombros si se dedica profesionalmente a esto.

Me obsesiona el amor, o la posibilidad del amor, o la plausibilidad de la monogamia. ¿Por qué? Imagino que porque es una bonita promesa. Un Eldorado apetecible. Hace poco estuve pensando que igual la solución para mi efecto apio, a saber: mi capacidad para enamorarme de casi cualquier ser vivo, eran las relaciones abiertas, o el poliamor, o llámalo X. Dejando de lado lo que me cuesta encontrar siquiera a uno, claro. Pero en realidad no creo mucho en eso. Punto uno, porque me ocuparía demasiado tiempo y esfuerzo, y bastante tengo ya con lo mío. Punto dos, porque esto del amor a mí me recuerda un poco a las excursiones del colegio: cuando te cogías de la mano con alguien y era tu responsabilidad no soltar a esa persona, y él o ella se comprometía a no soltarte a ti. Somos muchos. Si unos nos encargamos de otros en grupitos de a dos, quizá la cosa sea menos complicada.

Aun así, insisto, me parece que el amor es una promesa ilusoria. Una de esas cosas que huelen mejor de lo que saben. Estoy leyendo sobre recompensa alimentaria para Psicosupervivencia, y me llama la atención que el concepto de recompensa no tiene que ver con que algo te guste o no: tiene que ver con hasta qué punto te sientes motivado para ir a buscar lo mismo una y otra vez.

Como si el cerebro fuera incapaz de olvidar que la primera vez tampoco fue suficiente.

Me obsesiona mi piel, aunque ahora no, porque está estupenda. He recuperado mi cuello y mis mandíbulas y, sobre todo, el montón de espacio mental que hace unos meses dedicaba al acné. Pero sé que la obsesión desaparece cuando desaparece la causa, y que si mañana me levantara con la cara cubierta de granos, volvería a hacerme la vida imposible exactamente igual que antes.

Me obsesiona la alimentación, y comer, y estar bien nutrida, y que la comida sepa rica, y comer cuando me aburro, y preparar cosas para gente, y simplificar la comida, y comer lo mismo muchos días, o comer distinto cada día, y los macronutrientes, y los micronutrientes. Me obsesiona averiguar por qué comemos más de lo que debemos, o por qué la idea de privarme de algo para siempre me hace tener ganas de arrancarme los ojos. Igual que con el amor, me obsesiona la promesa de una vida mejor a través de una dieta mejor.

Me obsesiona la utilidad. Me obsesiona que los cambios se vean, y el concepto de cambio, y el concepto de posibilidad, y aprovechar bien mi tiempo y el de los demás.

Me obsesiona mirar las cosas. Me obsesionan los detalles y la certeza de que, por mucho que viva, la inmensa mayoría de este mundo se me va a escapar.

Me obsesionan las historias, las novelas, las buenas series de televisión, lo que me cuentan mis pacientes.

Me obsesiona la idea de progresar espiritualmente, entendiéndolo como un todo: la práctica y la ética. Me obsesiona ser capaz de meditar y desarrollar una mente firme. Me obsesiona, de hecho, la idea de fortaleza.

Me obsesiona la preocupación de morir sola y ser comida por los perros.

Me obsesiona comunicar y contactar. Me obsesiona abrirme hasta límites absurdos.

Me obsesiona evitar a toda costa construir una familia disfuncional, incluso si eso significa evitar a toda costa construir una familia. Me obsesiona la idea de no esparcir mi sufrimiento por el mundo. Me obsesiona la inocuidad.

Me obsesiona la escalada. Me obsesiona la posibilidad de poder pasar una época de mi vida escalando todos los días. Me obsesiona la fortaleza mental necesaria para seguir adelante, arriba, arriba, siempre arriba, y también el inmenso mundo que se me ha abierto desde que empecé a tocar la roca.

Me obsesionan las caras de la gente. Los retratos a lápiz, las fotografías de rostros, las descripciones y las miradas en el metro. Me obsesionan los nombres.

Me obsesiona la voluntad de construir una vida que sea mía y que nazca de la autenticidad. Me obsesiona evitar cumplir con los plazos fijos del ciclo vital estándar. Me obsesiona irme.

Me obsesionan, en menor medida, la infancia, la infidelidad, los recuerdos, el sexo. Granada, Cádiz, el chocolate. La locura, el cubo de Rubik, tirar a la basura lo que no sirve, las recetas de repostería desde un punto de vista teórico, las máquinas de escribir antiguas, la certeza de que voy a morirme, las siestas,  terminar las comidas con algo dulce, el olor de los colegios, las tazas bonitas, Estados Unidos, mi ex novio J., los baños calientes y la certeza de que todo podría ir peor todo el rato.

Me obsesiona este blog, siempre.

3 comentarios:

  1. Supongo que todas las obsesiones acaban por tener un final feliz, o muchos momentos pequeños de felicidad satisfecha a medida que las vas alcanzando.

    Me gusta que, al final, casi que te estabas olvidando, incluyeras la obsesión por este blog.

    Abrazos

    ResponderEliminar
  2. Qué discretita está tu obsesión por escalar cuando eres una frikaza redomada ;)

    ResponderEliminar
  3. Pues me gustan tus obsesiones :-)

    Un besote.

    ResponderEliminar