massobreloslunes: No toméis pastillas para el mareo

martes, 30 de septiembre de 2014

No toméis pastillas para el mareo

He de dejar de leer autoayuda anglosajona, sobre todo ahora que me he retirado (temporalmente) de la psicología. ¿Por qué? Pues porque esa pandilla de chungos millonarios que viven de sus ingresos pasivos te cuentan su vida como una sucesión de escalones sencillos y blancos hacia el desarrollo personal. Unas iStairs de la felicidad.

Yo me parezco más a la albahaca de mi balcón. Una semana la riego mucho y se pone estupenda. Luego se me olvida y amenaza con morir. Después un día, sin que haya habido ningún cambio en su régimen de regamiento-cuidados, decide mustiarse. Al siguiente se le pasa. Así soy yo.

Cuando empecé mi último reto de autosuperación, a saber: escribir mil palabras al día, estaba contenta. Aguanté las primeras tres semanas sin problema. Había cogido carrerilla con mi novela, y normalmente apretaba el botoncito de la app que he usado para llevar la cuenta a eso de las nueve de la mañana. Estaba contenta, orgullosa. "Así que he formado un hábito", me decía. Ya no era una albahaca ciclotímica. Me estaba convirtiendo en gurú.

Entonces me fui a Cancún, y decidí que allí también iba a seguir con mi reto. Establecí una rutina: cada noche llegábamos de ponernos como cerdos cenar en el bufé, Pablo se tendía con aire insinuante en la cama king size mientras sostenía en la boca una chocolatina del minibar y yo le decía: "Quieto ahí. Tengo que escribir". Me sentaba con el ordenador, divagaba durante un rato y para cuando terminaba, Pablo ya llevaba un rato roncando. Entonces yo me iba a dormir el sueño de los justos, sintiéndome muy satisfecha con mi fuerza de voluntad.

No iba mal hasta que apareció la biodramina. El tercer o cuarto día de nuestro viaje, decidimos hacer una excursión a Isla Mujeres, una isla cercana a Cancún, que incluía hacer snorkel con los corales y un paseo por un pueblito pintoresco. La excursión la haríamos en el Trimarán Lupita: un barco de aspecto dudoso cuya tripulación parecía estar formada por expresidiarios.

No he encontrado fotos de la tripulación

Antes de llegar al Trimarán Lupita, mi madre sacó de su bolso una caja de biodraminas: las pastillas para el mareo que me daba cuando era pequeña. Me la envolvía en un chicle Boomer de fresa ácida; a partir de entonces, los chicles Boomer me empezaron a dar mareo.
- ¿Quieres una? - me preguntó.

Reflexioné y recordé que el día anterior me había mareado por balancearme en la hamaca mientras leía.
- Sí, por favor.

Nos montamos en el Trimarán Lupita, donde saqué unas cuantas fotos a Pablo. Se había comprado una gorra y unas gafas de sol, y parecía un famoso al que persiguen los paparazzi. Era inevitable sacarle fotos.

Casi me hace pagar por la exclusiva

Aguanté sin mareo, bebiendo V8 como una posesa, hasta que llegamos a Isla Mujeres. Snorkeleamos sin estridencias y después atracamos en una calita para turistas, donde podríamos hacernos fotos con un tiburón y comer en un bufé libre.

El tiburón estaba encerrado en una piscina y medio muerto, así que boicoteamos la actividad no haciéndonos fotos con él. En comparación con nuestro hotel y sus cuatro tipos de melón, el bufé libre parecía el rancho de la cárcel de nuestra tripulación, pero comimos algo. Entonces empecé a sentir cierta somnolencia.
- Me caigo de sueño - dije -. ¿Será el jet-lag?
- Eso es la biodramina - dijo mi madre.
- ¿Qué? ¿La biodramina da sueño?

Entonces pasé de tener algo de modorra a estar casi en coma. Sentía el medicamento fluir por mi cerebro. Me sugestiono pronto.
- Necesito tumbarme.

Pablo me llevó a la última hamaca que quedaba libre. Mi madre se sentó en una silla a leer y él se echó en el suelo. Una parte de mi cerebro registró que debía cederle el sitio a mi madre, pero todo me daba igual. Me sentía DROGADA.

Medio segundo después, Pablo me llamó.
- Cariño - dijo -, el barco se va.
- Me da igual. Me quedo aquí a vivir. Dormiré en la tumbona y comeré bufé carcelario.

Me arrastró de nuevo hacia el Trimarán Lupita, donde me tapé la cabeza con mi pareo y me quedé dormida en cubierta.

Mi tarde continuó como sigue:
- Visita a Isla Mujeres = arrastrarme a un bar y tomarme un sorbete de fresa bajo el ventilador.
- Regreso en el Trimarán Lupita = siesta.
- Llegada al hotel = ???
- Cena = ???

Entonces llegó el momento de las mil palabras. No iba a flaquear. Tenía que cumplir mi compromiso, aunque solo fuera por apuntarlo en mi app. Pablo, que estaba hecho polvo de sol y de arrastrarme por ahí, se quedó dormido enseguida, sin hacerme siquiera su numerito sexy. Yo me senté en la cama, coloqué el portátil en mis rodillas y empecé a escribir.

Lo que siguió fue seguramente la sesión de escritura más lamentable de mi vida. Consistía en escribir un párrafo, quedarme dormida, despertarme bruscamente y tener que releer el párrafo para recordar qué narices estaba escribiendo.

Después de luchar durante un rato, conseguí escribir las mil palabras y me fui a dormir. Al día siguiente, revisé el texto y encontré frases como esta:

"Me juraba que no iba a probar la rata de coco. Pero lo sigo probando."

¿Qué es la rata de coco? ¿Algún plato mexicano exótico? ¿Lo habría probado la noche anterior?

Mi error fue corregir sobre la marcha la mayoría de las burradas que escribí. Debería haberlas dejado y convertirme en una Jack Kerouac de las vacaciones de lujo.

Seguí con las mil palabras todos los días, y me mantuve alejada de los barcos y de las sustancias. El día de nuestra vuelta, con el desfase horario y el estrés del avión, me salté un día de mi desafío. Pensé: no pasa nada, ya lo recuperaré mañana.

Y hasta hoy.

Pero bueno, qué le vamos a hacer. Sigo siendo una plantita existencial. Tengo mis días y necesito un cuidado constante. Por otra parte, qué queréis que os diga: tiene mucho más encanto mi albahaca que una estúpida escalera de diseño.

6 comentarios:

  1. Queridos lectores de massobreloslunes. Entiendo que ustedes tipean con emoción "massob", le dan al Enter cuando el browser autocompleta "reloslunes.blogspot.com" y esperan con ansias a que se cargue la página. A mi me pasa lo mismo; cuando Marina me dice que baja a su oficina a escribir un post comienzo a recargar este blog desesperadamente hasta encontrarme con una fresca entrada en el blog.

    Entiendo que si hacen eso es porque les interesa y/o divierte leerla. Pero deben saber una cosa. Una cosa muy importante sobre Marina.



    Miente. Oculta detalles fundamentales.

    Cuando dice que yo le dije "Cariño, el barco se va", lo que en realidad dije "Mopi, vamos que se va el barco".

    Cuando le remarco ese lapsus a través de la pared que divide nuestras oficinas me dice que lo sabe, que habia puesto "Mopi" pero que no le gustó. Así que, en aras de la verdad, que se sepa que ese es su nombre afectivo :D

    Te quiero, Mopi!

    Seguí así, estoy MUY orgulloso de vos!

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  2. Antes de empezar, perdón por el vocabulario que voy a utilizar, no es digno de una persona educada como yo.
    Como ya sé que vas a aparcar la psicología por un tiempo no quiero darte la tabarra con ello pero hay una frase que me dijo una vez un profesor y que me marcó:
    "La enfermedad mental consiste en tener la misma mierda todos los días, la salud es ir variando de mierda de vez en cuando"
    Escribir 1000 palabras todos los días era tu mierda, ¡varía ya, rata de coco!

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  3. Yo tenía dos pequeñas plantas en mi despacho. No sé cómo sobrevivieron durante año y medio regándolas sólo una vez al mes. Bueno, sobrevivieron a medias: una parte estaba totalmente muerta (y ahí se quedaba, tenía la teoría de que la parte muerta caería en la tierra y serviría de adobo para ella misma). Hasta que un día decidí coger ambas, quitarle todas las hojas muertas y trasplantarlas en dos macetas algo más grandes. Ahora están estupendas; las riego cada día y hasta me hace ilusión. Supongo que, en mi caso, soy más constante pero me cuesta empezar (a cuidar las plantas, por ejemplo).
    Por otra parte, y sin menospreciar este post, no hubiera estado mal leer lo que escribiste aquella noche xD.
    Cuídate Marina, saludos!

    PD: Agradecer a Pablo que ponga de manifiesto la "manipulación periodística" y tergiversación de los hechos que está sufriendo este blog. Tus puntualizaciones y aclaraciones siempre serán bienvenidas por los lectores. ;)

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  4. No se si es bueno que te diga esto pero hacía semana que no me reía tanto con tus posts. Sin embargo, ahora que he leido el tema de "Mopi Vs Cariño" quería comentar el cierto campo de discusión que envuelve el tema de los motes hacia tu pareja. Desde luego jamá he escuchado Mopi pero el último que escuché a dos amigos mios fue Titi.

    Aun así, quería animarte y seguir en tu vasca tarea de escribir 1000 palabras cada día. Besos.

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  5. Por fin he dado con la clave de lo que me ocurre: Aun me dura el efecto de las biodraminas que tomé de pequeña. Solo con oír la palabra "barco" ya me mareo, por eso me atiborraba de pastillas cada vez que nos íbamos de vacaciones de Tenerife a Cádiz en barco. Y es por eso que soy incapaz de mantener una rutina diaria con cualquiera de las cosas que me propongo. Y es por eso que me duermo en cualquier lado.
    Me ha gustado mucho este post ;-)

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  6. Mopi, Mopi y Mopi.

    Fdo: Mopi.

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