massobreloslunes: Pelis

lunes, 27 de julio de 2015

Pelis

Ayer me acosté pensando que las relaciones más intensas y los momentos más románticos de mi vida solo han existido en mi cabeza. Quiero decir románticos de dramáticos, torturados y peliculeros. Si los participantes de esas fantasías supieran todo lo que hicieron en mi mente, se asustarían. Y no estoy hablando de fantasías sexuales. Imagino que las mujeres nos asustaríamos si viéramos las perversiones que hacemos en las cabezas masculinas; ellos se quedarían muertos si vieran lo cursis que son en las nuestras, o al menos en la mía.

Cuando era adolescente, por ejemplo, y todos (TODOS) mis amores eran platónicos, porque yo era fea y tímida y sosa, mi enamorado me salvaba la vida, o yo se la salvaba a él, y así me iba a dormir cada noche, imaginando una escena donde uno estaba arrodillado haciéndole al otro el boca a boca.

Después la cosa se puso más interesante, porque por fin empezaba a pasar algo en la vida real, y entonces las fantasías evolucionaron a relaciones complejas y fascinantes. Así, el tío con el que en la realidad me había dado dos besos y después había pasado de mí, se transformaba en un hombre profundo y comprometido que me decía que esos besos no le bastaban y no podía vivir sin mí.

Luego llegaron las propuestas de matrimonio. Recuerdo una particularmente compleja que tenía lugar en un saco de dormir, dentro de un refugio de montaña. Por aquel entonces, también fantaseaba con bodas, aunque después llegué a la conclusión de que imaginarme cómo arreglar la mesa principal con el desastre post-divorcio de mis padres era demasiado esfuerzo y no compensaba.

En un rincón particularmente oscuro están las pelis que me montaba con hombres que tenían pareja. Estas eran complicadas. Yo no quería rupturas ni divorcios, ni siquiera en mi cabeza, porque en el fondo me daba pena, así que a veces solo imaginaba que nos sentábamos de la mano sabiendo que lo que sentíamos el uno por el otro era profundo pero que, simplemente, no podía ser.

Y es curioso, porque a veces me doy cuenta de que recuerdo a las víctimas de mi mente con emociones que tienen más que ver con lo que sucedió en mi cabeza que en la realidad. Entonces me pregunto cuál es la diferencia, teniendo en cuenta que mi mundo es, de hecho, mi cerebro. Y me digo que me habría ahorrado muchos disgustos si el porcentaje de amor fantaseado hubiera sido todavía mayor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario