massobreloslunes: Konmari 2: Libros

viernes, 24 de julio de 2015

Konmari 2: Libros

Pues resulta que no nos va Internet porque la obra que están haciendo frente a casa ha tocado un cable, o algo así, por lo que no puedo adornar mis fascinantes (ejem) crónicas sobre el orden con fotos y vídeos, que sería lo suyo. Puedo conectarme a Internet, pero es por móvil y tengo que ahorrar megas. Así que vuelvo a la crónica verbal tradicional, y colgaré las fotos y vídeos cuando el de Telefónica se deje caer por el pueblo.

Varios días después de ordenar mi ropa, he de decir que el efecto del Konmarismo ya se deja sentir. Es curioso, porque tengo mucha menos ropa y, aun así, me da la sensación de que tengo más o, al menos, de que disfruto más la que tengo. Saber que todos los días me voy a poder poner ropa que me gusta, aunque sea más o menos la misma, se siente extrañamente lujoso.

Después de la ropa, Marie te dice que ataques la segunda fuente de acumulación de muchas personas, sobre todo los gafapasta como una servidora: los libros.

Yo tengo un interés personal por tener pocos libros que se resume en que pesan muchísimo en una mudanza, así que compro la mayoría en versión Kindle, tomo muchos prestados de la biblioteca y trato de deshacerme rápido de los que no me gustan. 

Teniendo esto en cuenta, ha sido una sorpresa deshacerme de 35 de los 75 libros míos que hay en casa. ¡¡35!! Si me hubieran dicho que me sobraban tantos libros, no lo hubiera creído.

Como buen seguidor del culto Konmariano, tienes que tirar todos tus libros al suelo y después cogerlos en tus manos uno por uno, preguntándote si te hacen feliz. Aconseja empezar primero por el "Salón de la fama": esos libros que no tirarías ni muerta porque quieres que estén conmigo. Mi salón de la fama está compuesto por:
- Juliet, desnuda, de Nick Hornby.
- El mundo después del cumpleaños, de Lionel Shriver.
- Libertad, de Jonathan Franzen. 
- El gozo de escribir, de Natalie Goldberg.
- No más dietas, de Geneen Roth.

Esos son los cinco libros que me llevaría a una isla desierta. Vale, quizá el de las dietas no, porque total: si solo vas a poder comer cocos y pescado, no te sirve de mucho un libro sobre dietas y atracones. En ese caso, lo cambiaría por Quién vive, quién muere y por qué, un libro con el que he dado tal por saco a mis pobres lectores en los últimos años que el autor debería darme royalties.

Después de esos, van otros libros que te encantan y te hacen disfrutar por distintas razones. Por ejemplo, el de Calvin y Hobbes, el de recetas de cocina de Marian Keyes o mi guía de los parques nacionales de EEUU Oeste.

Como soy escritora, también guardo los libros que me encantan porque de vez en cuando los consulto para tratar de aprender cómo se hace la buena literatura. Por ejemplo: los relatos de Alice Munro, David Benioff y Truman Capote; algunas novelas de Fante, John Irving y Nick Hornby; y algunos libros que podrían ser vergonzosos pero que a mí me gustan, como Bajo la Misma Estrella, de John Green.

[Paréntesis sobre John Green y su libro: aunque me gustó, creo que Green se ha beneficiado mucho del fenómeno fan de los vlogbrothers y la nerfighteria; como libro de adolescentes con cáncer, Antes de morirme, de Jenny Downham, es mejor y menos conocido]

Y como soy psicóloga, también tengo libros de terapia y psicología, aunque los libros técnicos tiendo a comprarlos en versión kindle desde que asumí que no tenía que demostrar nada a nadie apilando sesudos volúmenes en la estantería de mi consulta.

Los libros que se han ido, lo han hecho por muchas razones.

La mayoría, porque quería que los tuviera otra persona. Los mayores beneficiados van a ser mi amigo Anxo, que es un lector apasionado y voraz, y mi madre, que lee en modo cabra, es decir: lo que le echen. Pablo también se ha quedado con algunos, aunque le pasa como a mí y lleva mal que le den libros; prefiere ir buscando por su cuenta lo que le apetece en cada momento.

Ha habido también una pequeña sección de lo que Espido Freire llama "qué pena de árbol", que son libros que no deberían haber llegado nunca a la imprenta por el bien del Amazonas y nuestros cerebros. La estrella de esta sección la compré en una estación de autobús en un momento de crisis, y se llama "Single Story: 1001 noches sin sexo". Es el libro más deprimente que he leído en toda mi vida y habla de una escritora desquiciada que decide que su vida no tendrá sentido hasta que encuentre un marido que le haga un bombo. Lo dicho: qué pena de árbol.

La sección más interesante ha sido la de "libros que pensé que siempre querría que estuvieran conmigo, y sin embargo no". Por ejemplo:

- 1001 discos que debería escuchar antes de morir. Fue uno de mis proyectos más breves, hasta que me di cuenta, una vez más, de que la música y yo nunca vamos a ser buenas amigas. Es solo que me gusta demasiado el silencio. 
- Los libros de Paul Auster que tenía en casa. ¿Sabéis que creo que ya no me gusta Paul Auster? Me resulta un poco deprimente, y creo que es porque él también está deprimido. Solo hay que ver la cara de torturado que tiene en sus fotos.
- El mundo que vendrá, de Dara Horn, y Este libro te salvará la vida, de A.M. Homes. Son dos novelas que en su día me encantaron, pero que por algún motivo no necesito conmigo. Es muy misterioso.
- Un par de libros de terapia que he aceptado que nunca leeré, como Mindfulness y psicoterapia, aburridísimo a morir. 

En fin, que esto de organizar libros es fascinante. Al fin y al cabo, los libros físicos se tienen por muchas razones, y casi nunca es porque quieras releerlos. A veces solo te apetece tenerlos cerca porque te dan tranquilidad. Otras veces quieres que la gente vea lo culta que eres y lo sesudas que son tus lecturas. Pero a la hora de la verdad es bastante sencillo decidir los que te dan alegría de los que no.


1 comentario:

  1. Todavía no he comenzado el libro (¿dónde está mi kindle?¿alguien lo ha visto?) y ya estoy enamorada de esta mujer.

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