Cuando la gente habla de tener dos hijos, un tema que sale mucho es el de los pañales.
«Espera a que el primero ya no lleve pañales; así no tienes que cambiárselos a los dos a la vez».
«Si tardas mucho tiempo en ir a por el segundo, te dará pereza volver a cambiar pañales».
La pañalfobia parece universal y es también por lo que la gente se empeña en enseñar al niño a usar el váter lo antes posible, lo que puede estar bien o ser una pésima idea si no está preparado.
Yo no lo entiendo. A mí cambiar pañales me parece, con muchísima diferencia, lo menos molesto de la maternidad.
[Aclaro que estoy hablando de cambiar pañales normales de plástico de toda la vida. No hay un solo universo en el que uso los de tela, y me da igual que por culpa de gente como yo las generaciones posteriores vayan a vivir en un vertedero y tengan que mudarse a Marte.]
Cambiar pañales es simple. Cualquiera puede hacerlo. Tiene un número de variables limitadas que puedes perfeccionar: con un presupuesto razonable, consigues buenos pañales, una crema efectiva y toallitas sin perfume que te hacen sentir buena madre que respeta el ph de su progenie.
Compara esto con, por ejemplo, la nutrición, y saber qué es bueno o malo para tu hijo, o con la educación y los millones de respuestas posibles que hay para cada pequeño conflicto.
Cuando cambiar un pañal, además, está clarísimo que lo has hecho bien. No dudas de si el bebé ha comido suficiente o necesita echar más gas. El culo estaba sucio y ahora está limpio y huele bien. Puedes tener tu conciencia tranquila.
Los pañales se cambian rápido y ni siquiera en situaciones precarias, como un baño público sin cambiador y un bebé con diarrea, sobrepasan tu capacidad de respuesta. Hasta el episodio más grotesco se queda en una anécdota de la que después te ríes. No te produce instintos homicidas como cuando el bebé no te deja dormir o el niño de dos años se niega a ponerse el pijama.
Y sí, es más cómodo que tu hijo haga pis y caca en el váter, pero la época de transición es muy molesta. Vives con miedo a te la líe, así que vas registrando en tu cerebro dónde está el váter más próximo y preguntándole cada treinta segundos si necesita hacer pis. Te vas a dormir preguntándote si esta será la noche donde tendrás que ponerte a cambiar sábanas con los ojos pegados.
Mi hija ya hace tiempo que no lleva pañales y está muy bien. Hay algo adorable, además, en un niño diciendo «voy a hacer pis» y sentándose en el váter con los piececitos colgando; no me digáis que solo me pasa a mí, porque por algo los anuncios de papel higiénico usan niños desde tiempos inmemoriales.
Aun así, cuando tenga que volver a cambiar pañales, estaré bien. Como decimos en Andalucía, que tó fuera eso.
Totalmente de acuerdo. Para mi lo peor era dormirlas porque yo ya estaba agotada y me ponía muy impaciente.
ResponderEliminarBesitos.