En algún momento de la edad adulta, empecé a ponerme el pijama solo para dormir. Algún oculto rincón de mi cerebro empezó a identificarlo como una muestra de vagancia y pereza, y lo cambié por ropa de estar por casa. Ya sabes a lo que me refiero: leggins, sudaderas y bragas de regla.
De un tiempo a esta parte, sin embargo, he recuperado el placer del Punto Pijama. El Punto Pijama es ese momento de tu día en que sabes que no vas a salir más a la calle, así que te pones el pijama entero. Esto es importante, porque si cedes a las presiones sociales y solo te pones la parte de abajo, pero conservas un jersey decente o una sudadera de persona, ya no es Punto Pijama. Una parte de ti todavía quiere estar presentable y preparada para el mundo exterior.
Mi amiga María la de Gijón es experta en Punto Pijama. Le da igual que estés con ella en su casa y que tú no tengas pijama: ella se pone el suyo, se desmaquilla, se quita las lentillas y que salga el sol por Antequera. Me pregunto si será porque es asturiana y allí los inviernos son oscuros y lluviosos y apetece meterse en casa con el brasero. A los mediterráneos nos gusta más mantener en la retaguardia la posibilidad de que alguien te llame después de cenar para comer pipas en algún banco.
En cualquier caso, el Punto Pijama es Bien. Se me había olvidado que los pijamas están hechos para ser suavitos y cómodos, a diferencia de los leggins, que son una prenda mentirosa que promete comodidad pero casi nunca la da. Esa es otra historia que da para otro post, pero si en el Universo conocido hay leggins que no aprietan pero que tampoco se caen, yo no los he encontrado.
El pijama es otra cosa. No le importa ti se hace buen o mal culo. Es gustoso y un poco ridículo. Una vez te has puesto el pijama, nadie te convencerá para salir o se te acoplará en casa sin tu consentimiento. El pijama te protege de decir que sí por compromiso: es la armadura del introvertido.
Así que ya sabes: la próxima vez que la vida te supere, ponte el pijama y deja que sus amables contornos le manden a tu cuerpo el mensaje de que todo está bien. A veces, lo único que tienes que hacer en esta vida es dormir.

¡Ay, lo practico fervorosamente! Me levanto muy temprano (6 y media) y tengo una vida bastante activa (trabajo, dos niñas, hago deporte a diario...) así que sobre las siete de la tarde me llega ese momento, ¡y no sabes cuánto lo disfruto!
ResponderEliminarBesos.
Me encantan estos post, tu capacidad para hacer magia de lo cotidiano. Un besito enorme!
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