massobreloslunes: Ling-Ling Wannabe
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martes, 22 de junio de 2021

Algunas cosas que todavía no he contado aquí

Ahora vivo en Costa Rica. Es la primera parada en nuestra NVN o Nueva Vida Nómada. Llevamos desde marzo instalados en Tamarindo, en la costa noroeste. Es una mezcla entre Tarifa y la imagen mental que tengo yo de California. Todo el mundo es guapo y surfero. Los animales son enormes, la naturaleza es violenta y por las noches puedes ver luciérnagas.

Pablo y yo nos casamos en abril; el día del libro, concretamente, que me hace mucha ilusión pero que, la verdad, fue un poco por casualidad. Fue una boda sencilla pero preciosa.



Tengo ya en mi cabeza la segunda parte de El arte de encontrarse por casualidad; el problema es que me he complicado la vida con un argumento que necesita cierta parte de investigación (o, idealmente, experiencia) que ahora no me viene nada bien.

Mis días fluctúan entre arrepentirme desesperadamente de ser madre y querer desesperadamente tener otro hijo (cualquier cosa menos el fantástico término medio que es mi realidad).

Estoy aprendiendo a tocar el violín y lo llevo a todas partes, así que cuando me ve un taxista o el de la cafetería donde desayuno antes de las clases, asumen de inmediato que soy violinista profesional. Por mi edad, imagino. No se les pasa por la cabeza que el 80% de los niños asiáticos menores de cinco años tocan mejor que yo.

(No, no el 80% de los niños asiáticos que tocan el violín; de todos los niños asiáticos)

Me he venido a pasar unos días sola a un hotel porque necesitaba oírme pensar  y sacar la cabeza del venga-vamos-vamos-venga en que parece haberse convertido mi vida. Al llegar, la recepcionista me ha preguntado a qué venía. «A trabajar», he contestado yo. Admitir que me escapo de mi familia «solo» para descansar me da un poco de vergüenza.


La próxima vez que un desconocido me pregunte voy a decir que sí, que soy una violinista profesional. Solo espero que no me pida que toque nada.