Cada vez que dejo algo más de tiempo (ejem, algo) entre entrada y entrada, me enfrento al típico problema de retomar.
Como mi vida es un frenesí, en estas últimas dos semanas he estado en cuatro países y he cambiado de casa/hotel cinco veces, así que ahora no sé si dar ese contexto o lanzarme directamente a hablar de lo que tengo enfrente: por ejemplo, que mi hija Alana se ha despertado a las seis los tres últimos días de finde largo, pero hoy que tiene colegio sigue durmiendo como un ceporro.
El problema de dar contexto y resumir lo que ha pasado es que el blog se convierte en un aburrido diario pra-adolescente que no es lo que estábamos buscando, pero al final la única culpable de eso soy yo, así que resumamos:
- Nos fuimos de Kalymnos, nuestra isla griega, en una borrachera de nostalgia y de «oh-Dios-esta-gente-es-la-más-amable-de-la-faz-de-la-Tierra». De verdad que no he conocido nunca a un pueblo más simpático que el kalymniano (gentilicio inventado).
- Pasamos diez días en España que fueron un poco horribles porque...
- ... a Pablo le han sacado dos muelas, le han hecho un destrozo tremendo y lleva desde entonces con un dolor súper intenso.
- Por suerte, ya está un poco mejor, entre otras cosas porque se ha dado a la marihuana terapéutica...
- ... que aquí en Tailandia es legal. Vaya, y la recreativa también; el cannabis, en general. Lo pides en la calle como el que pide un café. Y yo que todavía tengo estrés postraumático de la típica película en que un occidental se queda atrapado en una cárcel tailandesa porque lo pillan con droja en la maleta.
- Tailandia: más cara y con más lluvia de lo que pensábamos, pero de momento estamos a gusto y los paisajes son brutales.
- La escalada aquí es un timo, eso sí. No merece la pena venir a escalar.
- Pero los masajes valen siete dólares la hora.
- ¡SIETE DÓLARES!
- ¿He dicho ya que los masajes valen siete dólares la hora?
- Me doy literalmente un masaje cada dos días.
- Me van a tener que arrancar de aquí con agua caliente.
- Fin.
Al final, la dificultad de retomar no es más que la enésima lección en constancia. No hay nada como ser constante, chicos; ninguna otra cualidad que merezca realmente la pena cultivar.
Sigo pronto, lo prometo.
