massobreloslunes

martes, 9 de marzo de 2010

Debe de haber alguna manera
de escribir y sentirse seguro al mismo tiempo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Me doy

Hace tiempo que este blog ha dejado de tener sentido para mí. Llevo meses escribiendo con cuentagotas, y cada nuevo post me cuesta la misma vida. El blog ha dejado de ser ocio para convertirse en un pesado deber. A veces ni siquiera abro la página porque me da cargo de conciencia ver siempre el mismo post encabezándola. No me siento cómoda con quien soy aquí; la mezcla de realidad y ficción, de anonimato y veracidad, es demasiado extraña y dolorosa como para mantenerla sin sufrir una especie de esquizofrenia creativa agotadora.

Así que me doy. Considerad el blog cerrado por derribo. Gracias por los buenos ratos y un abrazo fuerte.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Oposeitor

Uno no sabe lo que es estudiar hasta que no oposita. Por lo menos si, como yo, has hecho una carrera que podría terminar casi cualquiera que sepa leer y escribir. Yo pensaba que estudiaba mucho, pero en realidad lo que hacía era llegar tarde a la biblioteca, leerme el 20 minutos, echar una horita, irme a tomar café, echar otra horita, dar vueltas por la sección de literatura inglesa, echar un ratillo más e irme a casa a comer porque tenía hambre. Por la tarde, más de lo mismo. Como lo hacía con cierta continuidad (en época de exámenes, que yo antes de enero nunca he tocado un apunte) y tengo un buen cerebro, he sacado notas razonablemente buenas con un esfuerzo moderado.
Ahora estoy mutando. De una estudiante normal me estoy transformando en OPOSEITOR: un modelo de estudiante que te repugna hasta que empieza a suscitar tu admiración y que, sin darte cuenta, te fagocita y se apodera de tu alma.

¿Cómo se convierte una en Oposeitor?

Uno: empiezas a llegar a la hora a la que abren la biblioteca, o puede que cinco minutos antes, para coger sitio. Realmente, creo que esta es la característica de Oposeitor que peor llevo, porque me apaño sistemáticamente para entretenerme en casa antes de salir, pero lo compenso angustiándome un montón por llegar a las nueve y diez en vez de a las nueve en punto.
Dos: dejas de tomar café. Tus descansos se reducen a ir y venir del servicio o, como mucho, a comer algo de pie en el pasillo con cara de pena. Porque ésa es otra: el auténtico Oposeitor está solo, porque él no ha venido aquí a hacer amigos.
Tres: te compras unos tapones de los oídos por si a) hay ruido ambiental, b) tu compañero de mesa está resfriado y no conoce el concepto “pañuelo”, c) te has sentado en frente de unos amigos muy amigos con muchas dudas sobre los apuntes.
Cuatro: empiezas a ponerte los tapones de los oídos siempre, aunque no haya ruido. Oposeitor posee la agudeza auditiva de Superman, y cualquier leve susurro alteraría su concentración de hierro.
Cinco: te sientas de cara a la pared y miras agresivamente a la gente que habla, diciéndoles con los ojos: “Os estoy escuchando y llevo tapones para los oídos”.
Seis: te compras un cronómetro y lo paras cada vez que te levantas o te distraes para tener un índice OBJETIVO de cuánto estás estudiando realmente. Los compañeros de mesa observan tu cronómetro con respeto y tú sacudes la cabeza con suficiencia sin dejar de mirar los apuntes.
Siete:llegas a la conclusión de que las manzanas son unas malditas ladronas de tiempo, así que cambias tu merienda por un zumo y te lo bebes a escondidas delante de tu mesa para no tener que levantarte. "Ojalá no necesitara comer", piensas, maldiciendo el deficiente diseño humano.
Ocho: te pones las manos sobre la frente estilo anteojeras. Si alguien se acerca y te saluda (algo difícil, porque ya hemos dicho que Oposeitor no tiene amigos) te sobresaltas un montón y dices: “perdona, es que no te había visto”.
Nueve: dejas de beber agua para no tener que mear; sobre todo si, como yo, tu vejiga tiene el tamaño de una cereza. "Ojalá no necesitara evacuar residuos", piensas, agitando un puño en dirección a Dios.
Diez: te das cuenta de que a) te sientas siempre en el mismo sitio (en la última mesa y de cara a la pared) y te pones nerviosa si alguien te lo quita; b) caminas hacia dicho sitio y mentalmente taraeas la música de Darth Vader en La Guerra de las Galaxias.

Una vez que la mutación se ha completado, tú la sistematizas en un decálogo y lo escribes en tu blog, para que así tu opo-obsesión se alimente de ti y siga crecieeendo y crecieeendo…
Argh.

domingo, 4 de octubre de 2009

Me he comprado una bici estática

Mi padre me dijo una vez que una opinión es como el culo: todo el mundo tiene una. Qué frase más útil. También me dijo que las excusas son como el culo, y también me pareció una frase la mar de útil, pero hoy centrémonos en las opiniones.
Es curioso, porque cuando hablas con alguien de cualquier cosa o le comunicas una decisión que has tomado, la persona tiene enseguida algo que decir al respecto. O sea, que tú llevas equis tiempo dándole vueltas a esa decisión y calibrando pros y contras, pero él o ella saben lo que es mejor para ti después de cinco microsegundos de procesamiento.
Esto viene a que me he comprado una bici estática. Cuando se lo cuento a la gente, lo primero que me dicen es:
- ¿Una bici estática? ¡Qué coñazo! ¿Por qué no coges la normal y sales a que te dé el fresco?
Claro. Qué buena idea. Resulta que cuando llegue a mi casa a las nueve y media de la noche después de estar todo el día memorizando psicoconceptos, voy a coger mi bici, a bajar del pico del águila donde vivo y a jugarme la vida en oscuras callejuelas de barrio residencial para hacer el hippie al aire libre.
Yo creo que en la vida hay dos tipos de personas: aquéllas para las que el deporte es un placer y aquéllas que lo consideran una obligación. Yo soy del tipo B. Sí, mola hacer deporte, cuando terminas tienes un montón de endorfinas y tal, pero a mí no me lo pide el cuerpo. Lo hago (cuando lo hago) porque si no mi organismo, de por sí de una calidad regulera, va a empezar a deteriorarse a toda velocidad y tendré todavía más posibilidades de terminar mi vida soltera y comida por pastores alemanes. A mí el cuerpo me pide leer, escribir, tocar el piano o dormir la siesta, pero ponerme a sudar gratuitamente, casi que no. Así que lo de la estática es, digamos, una solución de compromiso entre mi culo y yo: él dice que en seis meses de oposición está dispuesto a ponerse como un puf de esos de bolitas que se desparraman por el suelo, y yo que bueno, que haré un ratito de ejercicio al día para no llegar al punto en el que el daño sea irreparable.
De momento, a la estática no le veo más que ventajas. Me la compré de segunda mano por setenta euros y ya la he usado unas diez veces, así que me queda poco para amortizarla. Me pongo series en el ordenador y hale, a pedalear. Es verdad que no ves el exterior, que no respiras el aire fresco ni saludas a los niñitos con el timbre, pero también es verdad que, a cambio, puedes ver House, que a estas alturas es bastante más entretenido que la calle. Te libras de escalones, peatones molestos, coches abusones, cuestas y aire contaminado. Sólo pedalear sin pensar en nada más que en qué coño tendrá este paciente, que lleva siete punciones lumbares y dos resonancias magnéticas y todavía no tienen ni idea de qué le pasa.
Además, no pierdo tiempo desplazándome a gimnasios o al paseo marítimo, puedo ponerme estupendos modelés de ejercicio casero (pantalones cutres, tripa al aire, cintas en el pelo), liquido el asunto en cuarenta minutejos y después me voy directamente a la ducha y a la cama. ¿Que pedaleando en el sitio no se llega a ningún lado? Pues sí, es verdad, pero estoy segura de que eso es bueno para mi ego y la comprensión de la impermanencia.
Y por último, pero no por ello menos importante: si no consigo la plaza en Enero, al menos mi culo estará estupendo.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Sigo viva (dicen)

ACTUALIZACIÓN: ESTUDIOS.

Sigo estudiando oposiciones. Esto quiere decir que lo más emocionante que me ha pasado la última semana es que han empezado de nuevo todas mis series favoritas. Las series son el consuelo de los corazones aburridos. No es que me disguste especialmente el trabajo de estudiar. Tiene sus ventajas: no interaccionas con nadie, pero no te peleas con nadie, vas a tu ritmo y las únicas expectativas que tienes que cumplir son las tuyas. Las desventajas de opositar y de mi vida actualmente es que no tengo alicientes. No creo que de aquí a Enero me pase absolutamente nada digno de mención.
¿Cómo llevo el estudio propiamente dicho? No malament, que se diría en catalán. Aún tengo inmensas lagunas, y de lo que he estudiado en la primera vuelta no creo que recuerde más de una cuarta parte. No obstante, tengo confianza en mí misma y en que en el repaso los conocimientos se despertarán mágicamente de mis neuronas dormidas. Por otra parte, me he dado cuenta de que no me preocupa demasiado el examen PIR, al menos de momento. Ampliaré eso un poco más en “vida espiritual”.

ACTUALIZACIÓN: VIDA ESPIRITUAL.

Decía que no me preocupa el PIR porque he estado haciendo un curso de Vipassana y en lo que menos pensaba era en eso. Creí que pasaría los tiempos muertos agobiadísima, dándole vueltas a mi futuro, a mis posibilidades y a qué pasará si no saco la plaza, pero qué va. Pensaba más bien en viejos y persistentes asuntillos emocionales y en chorradas, como capítulos de Friends que reproducía en mi mente cuando no podía formir. Del PIR nada absolutamente. Estudio bastante, pero no estoy agobiada. A lo mejor debería echar más horas, pero ahora mismo no me encuentro capaz. Necesito descansar y estar despejada. De todas formas, después de meditar, los conocimientos entran en mi mente como por una autopista de cuatro carriles.
El curso ha sido muy provechoso. Una vez más, me he dado cuenta de hasta qué punto la Vipassana está salvándome la vida y ahorrándome enormes cantidades de sufrimiento emocional. Ahora intento meditar mis dos horas diarias, aprovechando que no tengo un horario fijo y que me puedo distribuir las horas de estudio como yo quiera. Estoy tranquilísima. Un cosa buena de mi falta de emoción vital es que mi mente está calmada como un lago zen: ni ligues, ni presiones más allá de ir estudiando poco a poco, ni peleas, ni nada de nada. Aburrido, sí, pero tranquilito.

ACTUALIZACIÓN: VIDA SENTIMENTAL.

Pues me estoy planteando poner un anuncio en el blog, como Undermind. Busco novio. Razonablemente guapo (¡yo soy guapa! ¡tengo fotos que lo atestiguan!), con inquietudes espirituales, sentido del humor y buen corazón. Que se preocupe por los demás y no sólo por su estupendo ombligo. Que tenga ganas de aprovechar la vida sin estresarse y que esté dispuesto a querer y a dejarse querer. Sin embargo, tampoco tengo tan claro que esté buscando pareja ahora mismo. En el tiempo que llevo aquí en Málaga estudiando me han llamado la atención levemente dos personas (con novia en los dos casos, maldita propiedad privada), y en los pocos días que ha durado cada flash amoroso, apenas podía mantener la vista fija en la página. O amor o plaza, eso está claro. Además, ¿quién me iba a querer a mí, una monja del PIR que medita dos horas diarias, no bebe alcohol y sabe resolver el cubo de Rubik de 2x2, 3x3 y (casi) 4x4? Soy una freak, y ni mi rubiez natural me va a salvar de eso.

Por otra parte, me siento seca. Tampoco hace tanto que ventilé por completo el asunto J., y ahora es como si hubiera estado trabajando de sol a sol en el árido campo de nuestra relación durante ls últimos cuatro años. Estoy hecha polvo. Además, estar sola te aleja de las emociones de tener pareja, pero también te mantiene a salvo del dolor emocional. No hay desconfianza, ni apego, ni incertidumbre, ni decepciones. Nadie te juzga y tú no juzgas a nadie. Nadie te evalúa para ver si eres la mujer de su vida y nadie te absorbe la energía como si fuera un vampiro y tú una moza de jugosas arterias. No es que no quiera volver a tener nada con nadie nunca, pero sola estoy bien y estoy a salvo y, en esta época de mi vida, es lo que más necesito.

De todas formas, conociéndome a mí y a mi historial (hombre que me gusta-> hombre que se cambia de ciudad) seguro que me enamoro de alguien de otro país o, lo que es peor, de alguien de Málaga justo después de haber elegido la plaza PIR en otro sitio. Así que, mientras más tarde todo eso en llegar, casi mejor.

ACTUALIZACIÓN: AMIGOS.

Además del post de busco novio, también podría poner otro de busco amigos. Mis amigos/as están esparcidos por el mundo. La PK en Granada, María en Estambul, Elsa en Almería, Caro en Canadá, Metemari en Sudamérica, Adri en Holanda, Funes en Granada, la Albina en Madrid y el único que está en Málaga es el imbécil de J. Como decía Ethan Hawke en Grandes Esperanzas, soy un juguete del destino. Que sí, que eso también está muy bien para no distraerse, pero que con tan poca distracción sacaré la primera plaza pero me volveré loca por el camino. Así que si alguien de Málaga quiere ser mi amigo/a y acompañarme al cine o a tomar una tapa después de estudiar, que se ponga en contacto conmigo. Para los amigos no soy tan exigente como para los novios.

ACTUALIZACIÓN: EN GENERAL.

Para ser una opositora de 24 años sin novio, sin amigos residentes, con una familia desmembrada y perspectivas profesionales dudosas, me encuentro sorprendentemente bien. Muy tranquilita. Echo de menos escribir más a menudo: escribir me hace sentir viva. Pero mi creatividad está tan ausente como mis amigos o mi vida sexual. Tengo ideas, pero cuando llego por las noches no tengo ganas de ponerme a escribir, y los fines de semana hago poca cosa más que dormir. A ver si con el horario de otoño me administro un poco mejor los días y consigo sacar algo, aunque sólo sea para recordar que soy una mente creativa y no sólo una acumulación de datos sobre psicología.

Con esto me despido hasta dentro de espero que poco. Recordad que sigo contando mis intimidades pasadas y presentes en http://marinasecreta.blogspot.com, y que para haceros lectores sólo tenéis que cumplir tres requisitos: 1) No ser mi madre; 2) No ser mi ex y 3) Escribir un mail a massobreloslunes, arroba, gmail.com.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

martes, 25 de agosto de 2009

El día del bacterio

Para el Húngaro, con todo mi cariño

Estábamos en una fecha indeterminada entre enero y marzo. Yo acababa de entrar en mi cuarto cuando escuché a Dani, mi compañero de piso húngaro, llamarme desde su habitación con voz quejosa:

- ¡¡Mariiinaaa!! ¡¡Mariiinaaaa!!

Para algunas cosas, Dani es como un niño pequeño: el hijito que la PK y yo nunca pedimos. Durante este año, solía entrar en la casa gritando: “¡Marta! ¡Marta! ¡Maartaa! ¡MAARTAA!” desde la puerta de entrada por todo el pasillo hasta llegar a la cocina, donde la PK le esperaba mesándose los rizos y chillando: “¡¡QuéquieresDaniporDios!!”. De hecho, en nuestra pequeña familia, estaba claro que la mamá era la PK. Creo que yo era el padre, o la tía soltera; no lo tengo muy claro.

Me acerqué a la habitación de Dani y abrí la puerta. Me lo encontré bajo su edredón nórdico (yo aún no lo sabía, pero ese edredón estaba destinado a permanecer ahí hasta mayo), retorciéndose de dolor, con la cara de un curioso color blancuzco.

- ¡Estoy malito! – gimió -. ¡Tengo diarrea y vómitos!

Luego me miró muy serio y anunció gravemente:

- Creo que es un bacterio.

Tuve un breve flashback del fin de semana. Dani se había calzado, además de sus habituales cervezas, cubatas, chupitos patrióticos de Unicum y psicotrópicos, una hamburguesa, comida china y lo que le gustaba llamar “una Shawarma Perfecta”. Sí, claro. Un bacterio.

[Nota: tengo que aclarar que a Dani muchas veces no le corregimos las palabras que dice mal porque nos hace gracia que las diga mal. ¿Maldad? ¿Humor? Qué sé yo; es tan fina la línea que los separa…]

Llamé a mi madre, que es médico de digestivo, para que me aconsejara. Me dijo que la diarrea no había que cortarla: que lo mejor era que tomara limonada alcalina durante un día y luego se pasara a dieta blanda. Que si le dolía el estómago se tomara un paracetamol.

Como yo tengo alma de madre y, de hecho, no sé por qué he estado relegada al papel de padre-tía en nuestra pequeña familia del piso, bajé a comprar limones y le hice a Dani dos litros de limonada alcalina. Se lo coloqué al lado y me miró como si le estuviera obligando a beber basura.

- No tengo sed – lloriqueó.
- Pero ¿tú quieres deshidratarte, o qué?
- ¿No te ha dado tu madre el nombre de ninguna pastilla que me pueda tomar?
- No, Dani, la diarrea no hay que cortarla para que eches lo que te hizo mal. Pero te puedes tomar un paracetamol para el dolor.
- ¡¡Quiero paracetamol!! ¿Me das paracetamol? – Dani era de los míos. Quién quiere dolor habiendo drogas.

Le disolví un efferalgan en un vaso de agua y se lo tragó con mucha cara de autocompasión y un par de arcadas. Insistí otra vez en que tenía que tomar mucho líquido y me fui a mi cuarto. Creo recordar que le amenacé con el desequilibrio electrolítico y la muerte, pero como tengo un poco de fama de aprensiva, no sé si me hizo mucho caso.

Al cabo de un rato, empezó a darme toques al móvil. "Si no tiene fuerzas para gritar - pensé -, mala señal".

- ¿Y no crees que me sentaría bien comer algo? – me dijo, en cuanto llegué corriendo a la puerta de su cuarto.
- No, Dani. NO. Tienes que tomar limonada hasta mañana.

En esos momentos entró la PK. La capacidad de gritar de Dani se reinstauró:

- ¡Marta! ¡Marta! ¡Maartaa! ¡MAARTAAAA!
- ¿¡¿Qué, Dani?!? - la reconfortante vuelta al hogar no existía para la PK.
- ¡¡¡TENGO UN BACTERIO!!!
- Dani, no tienes un bacterio – la PK seguía la misma lógica aplastante que yo -. Te sentaría mal el shawarma, el chino, la hamburguesa, la Guinness, el Unicum…
- ¡Pero si a mí nunca me ha sentado mal una Shawarma Perfecta!

Sacudimos la cabeza. Su lógica no tenía fisuras.

En la hora siguiente, nos llamó unas setenta veces para preguntarnos:

- Si podría tomar vitaminas y luego hacerse algo blando de comer, como una patata cocida. Para el que no lo conozca, el Húngaro lo cocina todo con una media de siete especias y tres kilos de mantequilla. Una patata cocida en sus manos tenía todas las papeletas para terminar acompañada de nata, picante y un montón de paprika.
- Si podría tomar Unicum, porque el Unicum son hierbas y en la Hungría antigua se recomendaba como medicina.
- Si no sería que el problema era no comer y debería hacerse algo blando, como una pechuga de pollo con ajito. Como veis, el concepto de blandura en su mente iba deteriorándose a medida que avanzaba el bacterio.

Al final conseguimos mantenerle medio entretenido diciéndole que al mediodía siguiente, si estaba bien, podría hacerse sopa de pescado.

- ¡Oh, qué bueno, sopita de pescado! – Dani alucinaba bajo su edredón nórdico. Recordemos que llevaba aproximadamente dos horas de dieta líquida .

La siguiente vez que fuimos a verle, tenía cara de preocupación.

- Yo creo que estar aquí tumbado tanto tiempo no es bueno para mi cuerpo – decía.

Qué tío. Todo el año debatiéndose entre el alcoholismo y la vigorexia, y ahora resultaba que lo malo para su cuerpo era estar tumbado. ¿Hacer pesas y después irse de copas? ¿Jugarse la vida boxeando con los calorros borderline de su gimnasio? Mariconadas al lado del reposo y la dieta líquida. El verdadero valor de un hombre se mide en la enfermedad, eso está claro.

Al día siguiente, al volver de la facultad, me encontré a Dani de pie en la cocina, con todos los tarros de especias abiertos y un papel de envolver pescado extendido sobre la encimera. Esto lo veía venir, pensé.

- Llevo soñando con la sopa todo el día – me dijo, con los ojitos brillantes. Parecía que acababa de volver de Auschwitz.

Eché un vistazo a la sopa. Tenía tal densidad de merluza, patatas y gambas que no se podía mover el cucharón. La paprika flotaba en tranquilos charquitos anaranjados sobre el caldo.

- No tienes medida, Dani – suspiré, moviendo la cabeza, mientras él reía malévolamente y le echaba pimienta a su sopa.

Esa misma noche empecé a potar yo. Pasé ese día y el siguiente debatiéndome entre la vida y la muerte, aunque mucho más resignada que Dani al reposo y a la dieta líquida. Unos chicos que estaban de huéspedes del couchsurfing me trajeron alkaseltzer, que sólo consiguió que fuera al baño a vomitar cinco minutos después, no sin antes anunciar en el salón: “Voy a potar; gracias, couchsurfers”.

Sin embargo, lo peor de estar enferma no fue la pota, ni la diarrea, ni el dolor abdominal. No fue la pérdida total de mis habilidades como anfitriona. Ni siquiera que la PK no se contagiara y proclamara la superioridad de su sistema inmune por no haber pasado su vida atiborrada a pastis como yo.

Lo peor fue que el maldito Dani tenía razón. Era un bacterio.