massobreloslunes: Reflexión matutina inspirada por el café, toma I

miércoles, 13 de junio de 2007

Reflexión matutina inspirada por el café, toma I

Esta mañana, en los diez minutos que han transcurrido entre el sonido del despertador y el momento de levantarme, he soñado con Mariana. Como resultado, he pasado el camino entre mi casa y la biblioteca recordándola y reflexionando sobre la nostalgia. Es curioso, porque a lo largo de mi vida he extrañado a mucha gente, pero a nadie de una forma tan intensa y desproporcionada como a ella, que sólo estuvo seis meses en mi vida y dejó el hueco de alguien a quien has conocido desde siempre.

Creo que echar de menos es uno de los sentimientos más desagradables que existen. Yo empecé con siete años, cuando me mudé de Córdoba a Granada. Me recuerdo a mí misma, toda repelente, mirando la lluvia desde la ventana del autobús escolar y pensando en lo deprimida que estaba (y sí, utilizaba la palabra deprimida) y escribiendo cartas a mis mejores amigas de Córdoba y soñando con extrañas configuraciones de circunstancias que me permitieran volver allí. Luego me adapté a Málaga y pasé la infancia y la adolescencia rodeada básicamente por la misma gente y residiento fundamentalmente en el mismo sitio, hasta que me planté en Barcelona con dieciocho tiernos años; desde entonces, la gente no ha parado de entrar y salir de mi vida a ritmos más o menos dispares.

A echar de menos uno se habitúa, como al clima. La primera vez que me despedí de mi dulce ex novio en la estación de autobuses de Pamplona creí sinceramente que iba a morirme de pena, y me asfixiaba entre lágrimas mirando por la ventana del autobús; la última, creo que simplemente vi desaparecer su perfil larguirucho y lánguido por detrás del tabique del metro y pasé a otra cosa. Ahora creedme que extraño a J. durante la semana, pero como nos pasamos los fines de semana pegados como un chicle a la suela de un zapato, lo llevo relativamente bien. Una de las características de hacerse mayor es ser cada vez más consciente de lo alucinantemente rápido que pasa el tiempo.

Sin embargo, no es lo mismo echar de menos a alguien que sabes que siempre volverá, como J. (con siempre me refiero a un plazo más o menos indefinido que a saber cuánto tiempo nos aguantaremos la Langosta y yo), que extrañar a alguien que ya no va estar más en tu vida, a no ser en forma de email esporádico o de brevísima visita de vacaciones. Como Mariana, por ejemplo: lo que me duele de añorarla es que pasé de compartir habitación con ella a no volver a verla en dos años (y lo que me queda para repetir). Lleida y Granada están muy lejos. O Laura, mi compañera de piso de primero aquí en Granada, que también voló lejísimos en cuanto acabó el curso (a Madrid, a Italia y luego otra vez a Madrid), llevándose sus dibujos animados, sus legañas y sus pepinillos. Creo que no es justo que algunas personas pasen por nuestras vidas como una ráfaga luminosa y cegadora y luego desaparezcan. Algunos dirán que alguien no desaparece si uno no quiere, pero no estoy del todo de acuerdo; la memoria es sabia, el olvido es adaptativo y los huecos que se quedan vacíos los llena otra gente.

Afortunadamente, hay personas que sí parecen quedarse siempre. Yo aún salgo con las mismas amigas que cuando tenía ocho años, y que sigamos siendo una piña compacta y bien avenida me parece un auténtico milagro. Y a lo mejor los que se van lo hacen para preservar en nuestra memoria un recuerdo intacto e intachable. Imaginad si yo hubiera acabado peleándome con Mariana por los platos sucios o el dinero del aceite. Mejor conservarla así, en el formol eficaz de la idealización, y alegrarme cada vez que tenga oportunidad de pasar con ella un día, como hice este septiembre.

Echar de menos en catalán se dice "trobar a faltar": te busco y encuentro que faltas. En castellano, echar en falta es más bien cuando pierdes algo o cuando te lo roban. A veces sí que parece que la vida te roba a personas que tú quieres mantener cerca. Como decía Mafalda, ¿quién se cree que es la vida para hacerle eso a uno? Pero bueno, para qué vamos a lamentarnos. Es lo que hay.

5 comentarios:

  1. La verdad es que si que es un verdadero milagro.

    De pequeñillo piensa uno que la vida tiende a compactarse, tu lugar, tu trabajo (qué serás de mayor), el futuro de los otros que es como una neblina invisible (yo bombero yo piloto yo cazador), tu casa, la calle que ya es tu calle por fin... luego resulta que lejos de compactarse todo se dispersa, y la fuerza centrífuga es mucho mayor, como tu propio peso: Todo se va por ahí y acabas echando de menos un porcentaje de amigos que puede resumirse como "casi todo el mundo". Y todos andamos por ahí, completos, complejos, por fin... y dispersos, haciendo malabares con las relaciones como arañas espatarradas en la tela del tiempo.

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  2. Creo que la peor nostalgia es la del amigo que nunca tuviste en algún momento concreto de tu vida.
    Eso es peor que echar de menos.
    Pero bueno... esto que digo también es consuelo de tontos ¿no? No sirve para quitar la nostalgia de ese amigo que sí tuviste, y aun tienes pero que ya no puedes volver a ver.

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  3. Yo creo que ya te he contado muchas veces lo que pienso sobre echar de menos.

    Pienso que es algo feo,feo. Solo hace falta mirar de cerca a la palabra: echar DE MENOS. Indica que algo falta en tí, que no eres tu tú completo.Además, tiene un contenido negativo abismal.

    Yo, siempre le digo a la gente que no quiero que me echen de menos(aunque en el fondo, fondo, me guste que me lo digan)porque es una sensación de ausencia de algo y ya que a mí no me gusta tenerla, si quiero tener un poco de coherencia vital, no se la puedo desear a otros a los que se supone que quiero.

    Otra cosa bien distinta es recordar y contra eso no tengo ningún problema. A veces la gente te dice que te ha echado de menos cuando simplemnte ha pensado o se ha acordado de tí y de momentos tque ha pasado contigo. Itentar tocar esos momentos es dónde reside el problema porque son part del pasado.

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  4. No sé... Para mí el auténtico "echar de menos", el malo, es el de personas que estuvieron y no van a estar, o momentos que no van a volver a repetirse. Por eso contigo (Elsa) no me pasa, por ejemplo: porque sé que nos vamos a volver a ver y que todavía nos quedan muchísimos momentos por compartir (espero). Me pasa con Mariana porque no sé cuándo la voy a volver a ver y porque sin duda no voy a volver a vivir con ella lo que vivíamos cuando compartíamos habitación. De J., por ejemplo, me acuerdo a diario, pero sé que le veré otra vez y que nos quedan muchos días felices; le echo de menos, sin embargo, cuando pienso en los días del Albaycín y en que esos sí que no volverán, al menos no como entonces.
    Pero, en general, estoy de acuerdo contigo: no hay que echar de menos, sino disfrutar del presente y agradecer que esas personas nos dieran lo que nos dieron en un momento dado.
    Te quiero, guapa :D

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  5. es cierto aveces es injusto qe las persnas entren y luego salgan de tu vida..hiere...pero aveces aprendemos..maduramos..reimos..

    pero los recuerdos qedan..

    lo mas dificil es cuando los amigos se van...y no precisamente a otra ciudad..aun no logro superarlo.. me aterra el miedo..me consume la nolstalgia.. y son cosas qe no le puedes contar a nadie..

    tomar cafe.. ..sentarte en alguna banca a solas.. sorbos de cafe... lagrimas en los ojos y maldecir cada sorbo... duele..

    alguna vez estuvieron ahi...ya no.. y ahora?

    http://lalito.wordpress.com

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