massobreloslunes: Sobre cumplir años, hacerse mayor y madurar, que no es lo mismo

martes, 13 de mayo de 2008

Sobre cumplir años, hacerse mayor y madurar, que no es lo mismo

Lo sé, lo sé, llevo un montón de tiempo sin actualizar. Al menos, para la frecuencia de posteo que me gusta llevar. Es que se me han juntado varias cosas: mi cumpleaños, que más que cumpleaños ha parecido una boda gitana por la amplitud y variedad de los festejos, y por supuesto los constantes, estúpidos y engorrosos trabajos de la licenciatura que se supone que me va a permitir ganarme la vida (no sé cómo, ¿haciendo power points?).

Me hubiera gustado escribir un bonito post místico el día de mi cumpleaños, que fue el sábado. Mi cumpleaños siempre me ha parecido una fecha superespecial. Cuando era pequeña, leí en un libro que si la noche antes de cumplir años subes a la cama con el pie izquierdo y le das la vuelta a la almohada, al día siguiente pueden ocurrir cosas maravillosas. Algunos años, si me acuerdo, lo hago (este año se me ha olvidado, por cierto). En cualquier caso, paso todos los 10 de Mayo con la extraña sensación de que la energía del universo se concentra en mí. Vale, reíros.

Este año ha sido un cumpleaños raro. No por las celebraciones, todas geniales, que han incluido una fiesta con globos y sandwiches, otra fiesta con una gymkana espiritual, una merienda con sunny y pipas en el monte, un picnic nocturno en un salón, una comida en un restaurante caro y mucho maki sushi... Ha sido la cifra. 23 ya no suena a 20. Con los 21 y los 22 me sentía como de puntillas al borde de la década 20-30, recién salidita de mi adolescencia turbulenta y feliz. Los 23 ya suenan a estar más asentada, a acercarse a la mitad. No quiero ser de esas personas que cada vez que cumplen años se deprimen y piensan que envejecen a toda velocidad, que su vida carece de sentido y blablabla. Si hago balance, estoy mejor ahora que hace un año, y mejor hace un año que hace dos, y si me dieran a elegir, no volvería atrás ni dos meses (mucho menos dos meses). Pero la vida pasa. Y te das cuenta. Y es inevitable pensar en ello y sentirte un poquito triste.

Cuando era pequeña y planeaba el mural mental de mi vida, los 23 eran la edad que marcaba la frontera de la universidad. Al final me voy a atrasar un año, pero es cierto que dentro de poco mi etapa universitaria, la única que voy a tener, habrá quedado atrás. Recuerdo cuando estaba en Barcelona e íbamos a la discoteca de Sabadell (el infierno en la tierra), y el DJ gritaba "¡que saluden esos universitarios!" y yo saludaba y me sentía universitaria y mayor y chachi. Ahora eso se acabó y en breve tendré que ganarme la vida, como mínimo y, si encarta, emparejarme y reproducirme. No me asusta, creo que lo haré todo muy bien, pero es raro. Cuando era niña, pensaba que la infancia y la juventud de los adultos que conocía estaba separada de su vida actual por una especie de bruma, un salto espacio-temporal que hacía que lo que había pasado entonces fuera de una consistencia distinta, como una película, o un sueño. Ahora veo que yo estoy cruzando ese puente, el que separa a los hijos de los padres, y que realmente no existe tal puente, sino que es como todo lo demás: días y días de vida alineados como soldaditos, que se parecen mucho los unos a los otros y que cuando te quieres dar cuenta, se te han acabado.

Cuando soplé las velas (una vela redonda en un sorbete de cava, en una cama llena de flores, con la ciudad iluminada impresa sobre un largo rollo de papel satinado... sólo quería daros envidia), recordé qué pedí en mi tarta del año pasado y qué he pedido en ésta. Durante este vigésimo cuarto año de mi vida sobre la tierra, quiero aprender a ser más consciente, más equilibrada y más amorosa. Quiero aprender a estar sola, física y mentalmente. Quiero ser fuerte para hacer lo que deseo hacer, porque las cosas que me hacen feliz requieren fuerza, y esfuerzo (unas más que otras).

A pesar de lo que he dicho, veintitrés es una cifra bonita (yo siempre he sido de impares) y, además, no me siento para nada como si los tuviera. Cuando conocí a J. hace tres años, me dijo: "hasta los 23 las niñas sois una bomba de relojería". No sé si es cierto, pero sí es verdad que hay algo en mí más sosegado, menos ansioso. Así que, para el que quiera saberlo, ya no voy a explotarle a nadie en la cara.

La cuestión es que he cumplido un año más, y tiene su mérito. Preguntádselo a mi corazón, bombeando sangre todo el día, y a mis pulmones, respirando sin parar, y a todas las pequeñas células que forman mi cuerpecillo. Hasta el último operario del sistema digestivo te dirá que llevar un cuerpo humano, con su correspondiente mente ciclotímica dentro, cuesta su trabajo. Así que felicidades, Marina, y que cumplas muchos más.

7 comentarios:

  1. Felicidades, niña, muchas felicidades. Por tu cumple y por lo que (y cómo lo) escribes. Por cierto, ¿te dio tiempo a todas esas cosas el día de tu feliz cumpleaños? ¡Jó!

    23. Sí es un bonito número, primo, para más señas... Un buen año para estar sobre la Tierra y comenzar los 24, que también es un número bonito, aunque par.

    Víve tus años intensamente. Yo también tuve 23 y jamás pensé que llegaría a los enta y tantos tan pronto... ¡Disfrútalos! Vive, equivócate, corrige, acierta, no corras mucho (que ya corre el tiempo), sé profunda, amable, cariñosa, BUENA. Decidida, descarada, feliz. Así te lo deseo.

    Un fuerte abrazo,

    Miguel

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  2. Felicidades, niña.
    No sé de qué te preocupas con 23 primaveras... yo tengo la inversa, 32... y en algunas cosas, me siento mejor que antes, créeme.
    Madura lo que tengas que madurar, no quieras precipitar las cosas. A veces, ingenuidad e inocencia son deliciosas... mejor que estar ya de vuelta de todo.
    Salud/OS!
    PD: Y reitero mis felicidades!!

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  3. 23 con optimismo, di que sí. Muchas felicidades pesiosa. El día que seas una reputada psicóloga que escriba columnas en la última página del país, podré decir: esa es la Marina, la niña que me tiraba los tejos! Y molará! :D
    Besicos

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  4. Funes: eres dulce.

    Guarismo: las celebraciones duraron de miércoles a sábado. Como una boda gitana, ya te digo xD

    El_Vania: no sé, siempre me ha parecido raro esa gente que reniega de ellos mismos antes, porque eran más ingenuos, y más tontos, y pensaban que la vida era bonita... yo espero seguir siendo ingenua y tonta y pensando que la vida es bonita siempre (lalalaaa) o, si dejo de serlo, no avergonzarme de la yo que soy ahora.

    Andrés: cuando tú seas un importante politólogo que escribe sesudos ensayos y da conferencias, yo podré decir: "¡Ése es Andrés, mi amigo con más alucinaciones!" :P

    Besitos a cascoporro.

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  5. Muchísimas felicidades!!

    No te preocupes que yo ya estoy muy cerca de los 30 y me sigo sintiendo (y comportando muchas veces) como una niña,jejeje.

    Es verdad que da penita ver pasar el tiempo y no poder detenerlo y disfrutarlo, pero hay que conformarse con disfrutarlo lo más posible.

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  6. Lo he pensado mejor. Quizá explote.

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