massobreloslunes: Perfeccionando lo simple I: Macarrones a la putanesca

domingo, 29 de junio de 2008

Perfeccionando lo simple I: Macarrones a la putanesca

Queridos lectores/as:

Aprovecho el inicio del verano para inaugurar esta nueva sección. Desde que soy estudiante con asignación monetaria restringida, me he visto obligada a encontrar los pequeños lujos de la vida que combinan su escaso coste en tiempo y en dinero con su exquisitez más allá de toda duda. Perfeccionando lo simple es algo más que una estúpida categoría en un estúpido blog: es una filosofía de vida, una visión del mundo. Se basa en la creencia de que hasta lo más sencillo puede mejorarse y alcanzar cotas de perfección que hacen la vida más hermosa y agradable. También tiene que ver con la voluntad de disfrutar de las pequeñas cosas y no estar esperando siempre a que nos toque una semana gratis en un spa o que nuestra pareja nos lleve a comer marisco. Esta sección abarcará muchos aspectos simples y perfeccionables de nuestra vida: desde recetas de cocina hasta paseos bajo la lluvia o posturas eróticas. Espero que disfrutéis.


Hoy: MACARRONES A LA PUTANESCA

Empezamos con comida por una razón muy sencilla. Mi padre me dijo de pequeña que lo importante de saberse cocinar no es tanto la autonomía (al fin y al cabo, cualquiera puede apañarse para sobrevivir) como la calidad de vida. Ser capaz de prepararme para mí sola una deliciosa cena de dos platos y postre me hace sentir rica de espíritu. Por eso, creo que es importante perfeccionar lo simple en la cocina, sobre todo cuando se cocina para uno y a veces sólo hay ganas de hacerse un sandwich.

Una amiga mía dijo una vez: "la pregunta no es ¿qué comemos hoy?, sino ¿qué le echamos a la pasta?". El precio y la versatilidad de este alimento italiano, unidos al hecho de que hace falta ser oligofrénico para cocinar mal un plato de pasta, la convierten en un elemento indispensable en la cocina de cualquier estudiante o mileurista de a pie.

La cuestión es que a veces el tema de la pasta se hace un poco monótono. No tenemos tiempo, así que acabamos echándole un chorreón de tomate y un poco de sazonador para espaguetis marca Hacendado y para el buche. Tenemos buenas ideas, claro, pero esas ideas requieren tiempo y ganas de cortar, sofreír, dejar cocer a fuego lento, etc etc.

¿Existe un término medio entre la pasta de gourmet y los macarrones de comedor del colegio? ¿Cómo encontrar un plato de pasta que se prepare rápido yque sea exquisito? Tranquilos, tengo la solución: Los macarrones a la putanesca made in Marina.

El procedimiento es el siguiente. Se pone a hervir abundante agua en una olla grande. Mientras, puede uno dedicarse a fregar los platos del día anterior o a inspeccionar la nevera en busca de alimentos en estado avanzado de descomposición (una práctica muy útil en un piso de estudiantes). Una vez que el agua ha hervido, se le echa una cucharadita de sal e inmediatamente después, los macarrones. Aquí uno puede tirar del Mercadona o, si realmente quiere perfeccionar lo simple, marcársela con unos Barilla o algo parecido. Sin embargo, el espíritu de esta sección implica recortar gastos, y en cualquier caso lo bueno que tiene este plato es que va a estar rico igual. Hemos escogido macarrones porque su forma hueca facilita el atrapado de los tropezones y la salsa, un punto muy importante para la degustación de esta receta.

Si queremos que el aprovechamiento del tiempo sea óptimo, éste es el momento de empezar a cocinar la salsa. Ponemos al fuego un cazo pequeñito en el que mezclamos (del tirón, no importa el orden de los ingredientes ni tienen que hacerse unos antes que otros):

- Un buen chorro de tomate frito. Después de una larga experiencia con la cesta de la compra, he seleccionado algunos productos que pueden comprarse de marcas blancas y otros en los que, sin duda, merece la pena gastarse el dinero para comprárselos de marca. Uno de ellos es el tomate frito: comprad Orlando, por favor. Hacedlo por mí. Además, la modalidad con aceite de oliva tiene una tapita que se abre y se cierra y es la mar de práctica.
- Otro buen chorro de cerveza o vino blanco. Nota: el vino blanco se vende en tetra briks pequeñitos, como los de los batidos del cole. Son muy útiles si sólo lo utilizáis para la comida o si queréis que vuestros hijos tengan un recreo divertido.
- Una cuantas aceitunas negras partidas en trocitos.
- Otras cuantas aceitunas verdes partidas en trocitos.
- Aceitunas negras y verdes enteras o por la mitad. Esta variedad en el tamaño de los tropezones es otro de los ingredientes principales del éxito del plato, así que no os saltéis este punto.
- Un puñadito de alcaparras. Mi vida como cocinera y como persona tiene un antes y un después de las alcaparras. Si uno prueba una alcaparra, en general encontrará su sabor indefinible y asqueroso; sin embargo, si se mezcla con salsa de tomate se produce el milagro y uno se pregunta cómo ha podido su paladar vivir hasta ese momento sin esa explosión de sabor.
- Un par de cayenas enteras. La cayena debe dejarse un rato, en función de lo mucho o lo poco que os guste el picante. Para amantes de las emociones fuertes, recomiendo machacar la cayena en el mortero y añadirla a la salsa. Para los demás, no os olvidéis de sacarla de la olla antes de servir el plato. Masticar una guindilla en plena comida la convierte en algo muy alejado de la perfección.
- Sazonador de espaguetis del Mercadona y otras especias al gusto.

Todo este mejunje se deja hervir tranquilamente mientras se hacen los macarrones. Para que la pasta esté en su punto, hay que sacarla del fuego un pelín antes de que esté hecha y verterla en el colador con un chorrito de aceite. Una vez allí, ella sola terminará de cocerse con el calor residual. Esto me lo enseñó J., a quien a su vez se lo enseñó su compañero de piso italiano. Me hace gracia que los italianos sean tan sibaritas para cocinar algo tan simple como la pasta. Realmente, ellos están muy en el espíritu de este post.

Una vez hecha la pasta, se mezcla en la olla pequeña con la salsa. Si sois más de poner los macarrones en el plato y verter la salsa por encima, allá vosotros, pero a mí me gusta más mi sistema porque todo coge más el sabor de todo. Soy muy maniática con la temperatura de la comida, así que lo remuevo hasta asegurarme de que está al rojo vivo.

Para terminar, se sirve en el plato y se espolvorea con queso rallado. Recomiendo rallar un poco de Grana Padano por encima: en el Mercadona venden trozos a tres euros, y creedme que por l o que dura y por la medida de la mejora que introducirá en vuestras vidas, merece la pena. El Grana Padano lo mejora prácticamente todo en la cocina (a excepción, quizá, del gazpacho).

Recomiendo comer con cuchara para coger bien los tropezones, pero allá cada cual.
¡Que aproveche!


Próxima entrega de Perfeccionando lo Simple: La siesta.

6 comentarios:

  1. La probaré ...

    Por cierto, puedes pasar a recoger tu premio aquí.

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  2. Ayer por la noche quise probar la receta, pero el problema llegó cuando serví los platos y quise añadir el queso. Mis compañeros me miraron muy sorprendidos cuando llegué a la mesa con el queso y un rotulador para rayarlo.

    -Are you sure?- me preguntaban. Yes, yes, rayar por encima! Do you prefer a pencil?


    2-0 Jejeje, supongo que será la temperatura ;) Ahora en serio: puedo llegar a discutir por una coma, pero lo que no consiento es el tomate frito. Si friegas los platos justo después de lanzar en la sartén el tomate crudo (con su aceite, un poquito de sal y azucar -hay quien le pone tb un chorro de vinagre, pero hay que tener más mano-) consigues que sea más barato aun y muchísimo más bueno. De tiempo, igual.

    Ahora, en lo que sí te doy toda la razón es en la calidad del tomate. Y orlando crudo es también la que mejor resultados me ha dado.

    Ay, que las becas y la cocina tocan mis fibra sensible...

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  3. Oh, my god... España habrá ganado la Eurocopa, pero yo he perdido mi honor.

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  4. Contesto con más tranquilidad...
    Esta falta ortográfica me ha convertido en una de esas personas que detesto: una persona con faltas ortográficas. No obstante, me lo tomaré como una lección de humildad y perseverancia en el perfeccionamiento de mi lenguaje y calidad bloguera.

    A mi favor diré que llevo un mes de exámenes y escribiendo casi un post por día (y sin tirar de archivo). Algo se me tenía que escapar...

    En cuanto a lo del tomate... veamos, el tomate crudo de lata me parece excesivamente ácido (¿vinagre? ¡qué locura!). Aunque le añada azúcar, el resultado no me convence mucho. Me gusta más con tomate natural cortado y cocinado, pero eso ocupa mucho tiempo y se aleja del espíritu de este plato (por cierto, si le añades azúcar, hazlo al final, porque si la echas al principio el tomate no cuece bien).
    Además, tengo que admitir que el tomate frito me encanta ;)

    Y no te me pongas sensible, Neikosnero, que en esta vida no hay que tomarse en serio casi nada...

    Lucía: gracias por tu premio, aunque no tengo muy claro qué significa! :)

    Besotes a los dos.

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  5. No se preocupe, mopi, que en realidad solo lo dije porque sé que le molesta (así de majo que es uno, 5 años en Granada, qué le vamos a hacer) :)

    Lo del vinagre ya digo que tiene su historia. Me lo han comentado ya por varias fuentes (una viene del Oliver, el de Localia) y parece que se consigue algo rico, y no ácido.

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  6. Si de ahorras se trata, tengo el plato estrella... pasta al ajillo!!

    Si si... reiros, pero con alguna que otra especia, y un poquito de mantequilla, te saca de apuros.

    Otro plato, pasta a la sal, jajaja... pero ya este me parece demasiado rácano.

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