massobreloslunes: Cuerdos entre locos

sábado, 28 de junio de 2008

Cuerdos entre locos

Una cosa que me gusta mucho de mi carrera (y que nunca pensé que me interesaría) son los experimentos. Pero no los de ahora, no. Los de ahora sólo averiguan estupideces, como que la latencia del potencial p300 es ligeramente mayor en daltónicos zurdos cuando llueve en Murcia. Qué va: molaban los de antes, los de la primera generación de psicólogos, cuando todavía estaba todo por descubrir y uno podía contestar a las grandes preguntas: ¿qué es el racismo? ¿por qué los guapos caen mejor? ¿cómo puede un país entero aficionarse de pronto a la Eurocopa?. Además, por aquel entonces la ética era un rumor del que apenas se oía hablar en universidades y laboratorios, y hacían cosas divertidísimas sin que ningún mojigato levantara la voz.

Por ejemplo, Milgram, que descubrió que la mayoría de nosotros estamos dispuestos a freír alegremente al prójimo sólo por obedecer a la autoridad. O Rosenthal, que dijo a unos profesores que la mitad de sus alumnos eran especialmente brillantes y la otra mitad mediocres (era mentira, claro: los niños habían sido divididos al azar), y encontró que al final del curso, en efecto, los resultados de los tests de coeficiente intelectual habían variado en función de cómo los profesores trataban a los niños. O Rosenhan, que se metió en un manicomio haciéndose pasar por esquizofrénico para probar que los psiquiatras no podían detectar que mentía.

Os cuento esto porque hoy, estudiando Neuropsicología (mi asignatura favorita del mundo mundial) me he encontrado, una vez más, con el famoso caso H.M. H.M. era un señor con unas fuertes crisis epilépticas que no remitían con medicación. Su neurólogo decidió que la única solución era extirparle el lóbulo temporal, que es el que se encarga de la capacidad de aprender y consolidar conocimientos nuevos. Así que el pobre H.M. se curó de la epilepsia, sí, pero también se quedó sin memoria anterógrada: no retenía nada a partir del día de la lesión. Cada nuevo día era para él un día nuevo. Literalmente.

¿Qué hicieron los psicólogos de su alrededor? Practicarle pruebas como locos para ver si averiguaban dónde estaban localizados los distintos tipos de memoria, de qué se encargaba exactamente la parte que le faltaba, etc., etc., Más de 100 estudios hay hechos con el pobre H.M. Y hoy estaba yo preguntándome cómo habría consentido el buen señor en ser cobaya humana durante tanto tiempo. Hasta que he pensado: cómo no va a consentir, si no se acordaba de todos los experimentos anteriores. Me he imaginado a los investigadores entrando cada mañana en el dormitorio de H.M. y diciéndole: “Buenos días, señor M., somos psicólogos de la Universidad de Massachussets (es un poner), ¿le importaría colaborar con nosotros en un estudio?”. Y el pobre señor: “Uy, un estudio, qué interesante, ¡claro que sí!”, sin acordarse de que el día anterior le habían tenido toda la tarde aprendiendo a dibujar en espejo o alguna chorrada de este tipo.

Me he reído mucho hoy pensando en el pobre H.M. y en los científicos crueles convirtiéndole en un galeote de la investigación neuropsicológica. Bueno, al fin y al cabo lo mismo le daba, ¿no? Y la investigación, o al menos los investigadores, se han beneficiado mucho de su colaboración.

Además, quién sabe: a lo mejor a todos nos iría mejor si pudiéramos empezar cada día como si fuera completamente nuevo, sorprendidos como por primera vez por nuestro despertador, por nuestra casa, por la cara de nuestra esposa, sin que nos cansara nunca el repetitivo latido de la vida.

Extirpaciones temporales para todos. Pensadlo.

10 comentarios:

  1. Sí, es como tener alzheimer, y lo bueno de tener alzheimer es que todos los días conoces gente nueva.

    Y si estás casado, todas las noches te vas a la cama con una mujer a la que acabas de conocer.

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  2. ¡No es en absoluto como tener Alzheimer! El el Alzheimer degenera todo el cerebro, y aunque la memoria es una de las primeras funciones afectadas (precisamente porque está muy repartida), al final se deterioran todos los procesos: cognitivos, motores e incluso emocionales.

    Lo interesante del caso H.M. es que su lesión sólo afectaba a los nuevos aprendizajes; el resto de su cerebro estaba perfecto. H.M. mantenía su coeficiente intelectual, su vocabulario estaba intacto, era capaz de sostener conversaciones normales y recordaba prácticamente todo lo que había sucedido antes del accidente; el problema estaba en que no podía formar recuerdos nuevos (estoy pensando entonces que de su mujer sí se acordaría, porque la había conocido antes del accidente. Mejor que se buscara una nueva. Claro, que ¿quién iba a querer casarse con un tipo que seguro seguro no se acuerda de los aniversarios?).

    Pero vamos, que he entendido lo que querías decir xD Divago, divago tanto...

    Un beso.

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  3. No hay nada bueno en tener Alzheimer, créeme.

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  4. ¡Qué locura! El cerebro es una puta locura...

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  5. Interesante matización, señor Funes.

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  6. No se, no se..... me veo todos los días pretendiendo aprender econometría de cero....... y el infierno se me hace un sitio super acogedor.

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  7. Yo no se si el cerebro es una puta locura, lo que tengo más claro es que sin cerebro no hay locura.

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  8. Me vas a odiar por esto y vas a decir que solo te digo cosas feas porque eres joven, pero ahí va:

    Línea 9: "?."

    Ay, ay, ya sé que te duele :)

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  9. Aquí creo que añadí las preguntas y se me olvidó quitar el punto de la frase anterior.
    En cualquier caso, búscate un hobbie :P

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  10. Uno de esos con los pies peludos? :P

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