massobreloslunes: Horas brujas, talleres, midnight stuff

jueves, 29 de enero de 2009

Horas brujas, talleres, midnight stuff

Hoy me estoy acordando de Guarismo y de su hora bruja. Llevo una hora aquí sentada, portátil en mano, mandando mails y pseudoescribiendo un cuento (digo pseudoescribiendo porque eso más que un boceto es el boceto de un boceto y parece un churro, Pero bueno). La noche es mi hora bruja, por mucho que me empeñe enn madrugar por las mañanas. La gente duerme o se retira a sus habitaciones, y no hay nada que hacer: todo está cerrado, nadie compra, nadie vende, la calle se relaja despacio.

Ayer empecé mi taller literario. Fue curioso, porque sólo vino una chica y a esa chica, para colmo, ya la conocía de antes porque es amiga de J. Lo que pasa es que se trata del grupo de profundización, y la mayoría de la gente prefiere empezar por el principio, porque les da miedo eso de profundizar. Mañana espero tener un grupillo de al menos nueve o diez personas.

¿Qué opináis de los talleres de escritura? ¿La escritura se puede enseñar?

¿Por qué estoy dando un taller de escritura?

Yo creo que al principio uno escribe. Luego se da cuenta de que escribe y empieza a observarlo como hecho metaliterario, como posición estética: "soy escritor". Entonces devora libros sobre cómo escribir, porque hay algo de mágico en el propio proceso de hacerlo, sin necesidad de manufacturar ningún producto concreto. Es como si uno encendiera el horno sólo por el placer de darse calorcito, sin meter dentro ningún bizcocho.

Más adelante, uno se da cuenta de que, en general, escribir sobre escritura es hacerse pajas mentales, igual que encender el horno sin meter nada dentro. Es tremendamente fácil escribir sobre escritura. Por ejemplo:

"Cuando escribo no soy yo. Me deshago en las palabras que gotean por mis dedos, y de repente desaparece la yo que se preocupa de los exámenes, las listas de la compra o el jersey que he dejado demasiado tiempo en remojo. Escribo y el tiempo se detiene, como una canción con una parte instrumental muy larga al final que da la sensación de haber escondido el reloj por un momento. Escribiendo soy yo misma y soy todos los personajes que salen de mi pluma. Blablabla blabla blabla".

El párrafo anterior lo acabo de improvisar. ¿Qué he dicho? Un montón de cosas y absolutamente nada. Creo que escribir sobre escribir sólo nos interesa a los escritores; la gente normal quiere que le cuenten historias. Cuando uno asimila esto (pero de verdad, no de boquilla) uno empieza a escribir y ya está.

En medio están los talleres.

Cuando fui a mi primer taller tenía diecisiete años y estaba perdidamente enamorada de MQEN. Cuando digo perdidamente quiero decir que pensaba en él desde que me levantaba hasta que me acostaba, y me dolía el estómago de no poder conocerle y amarle. Todos los asistentes al taller eran mayores que yo, y me miraban como a Veda Saltenfuss en "Mi chica" cuando se apunta al taller de poesía para conquistar a su profesor: como a un adorable bicho raro. En aquel taller conocí a Paul Auster (flipa), a Clarice Lispector (que, por cierto, creo que no me gusta), a Truman Capote, a Faulkner, a Dorothy Parker... También aprendí a recortar metáforas y a ahondar en lo real.

En el siguiente taller estaba colgada de J., lo que no era ni la mitad de puro que estar colgada de MQEN pero también resultaba interesante. Sobre todo porque J. también venía al taller,y nos dedicábamos a besarnos en lo que tardaba el ascensor en subir los cinco pisos hasta la casa del profe. Luego nos lanzábamos miradas tórridas desde los extremos de la mesa y nos mencionábamos subliminalmente en nuestros respectivos relatos. Recuerdo concretamente uno en el que yo estaba enfadada con él y le asesinaba, y recuerdo su cara espantada al otro lado de la mesa mientras yo leía en voz alta, con placer casi gore, cómo la sangre chorreaba por su hermoso perfil moreno. Aish, qué tiempos.

Lo que quiero decir es que en los talleres pasan cosas. No importa lo que uno confíe o no en todo lo que le puede enseñar el profesor. El profesor a veces enseña mucho y a veces lo único que hace es obligarte a escribir (lo que, de por sí, ya es un favor muy muy grande para un escritor en ciernes). Pero en un taller de escritura pasan cosas: se concentran poderosas energías, las musas se reúnen en torno al fuego de la inspiración, se chupan con fruición amargos caramelos de café.

Tengo sueño y empiezo a desvariar. Quizá mi hora bruja de hoy acabe aquí, en este segundo, en esta misma frase.

4 comentarios:

  1. Gracias por citarme, Marina. Un detalle por tu parte, que aprecio.

    Nunca asistí a un taller de esos. Siempre me dije que ya es tarde para aprender, en mi caso. No soporto los cursos, de ningún tipo. Pero seguro que me enseñarían a escribir. Ya te dije que si los organizas en Madrid, me apunto...

    Un abrazo, y no dejes de vivir tus horas brujas...

    Miguel

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  2. tampoco fui nunca a un taller. Una amiga mía que escribe libros me lo tiene prohibido porque dice que matan, rematan y entierran el estilo. Y yo siempre le respondo que qué hago con mis problemas de estructura, que qué hago con los nudos que no se resuelven y que qué hago con mi problema con los finales.

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  3. Los talleres... uffff...
    Y, sin embargo, me apunté a uno (a distancia), y en breve incluso echaré una mano en otro!!
    Escribo esto, y lo estoy flipando, la verdad... jajaja... ¿será que la crisis se me está subiendo de los bolsillos a la cabeza??

    Estoy de acuerdo en esto: los talleres te descubren algunos autores, y los coordinadores te obligan a escribir. Si tienes suerte, hasta aprendes algo bueno sobre los demás.

    Lo inmoral es tener que pagar por ello.
    Y el resto, es historia ;)

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  4. me encanta haberte conocido hoy... en este BLOG mágico que descubro casi por casualidad, lo apunté en un papel al final del TALLER DE LA CASA DE PORRAS Y... aparece hoy entre mi caos de papeles

    mi opinión sobre los provocadores talleres, los impulsores, los que hacen parar y compartir¡¡ es muy positiva...

    te escribiré un mail para ANIMARTE A OÍR MI POESÍA ¡¡¡ LUNES A LAS 10 EN EL PÍCARO.

    gracias por darnos lo qe eres*

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