massobreloslunes: De la facu a la biblio
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miércoles, 27 de mayo de 2009

Hoy he tenido un simulacro de sesión con un paciente del practicum. Es un hombre de 45 años diagnosticado de un trastorno ansiógeno-afectivo (que, si os digo la verdad, no sé muy bien lo que es. Ansiedad y tristeza, creo).

Ha empezado la sesión con un “Estoy fatal”. Después hemos estado indagando en su “estoy fatal”, que se traduce en “me siento fatal”. “Estoy triste, apático, irritable. La vida no me ilusiona. No puedo soportar la rutina. Sé lo que voy a hacer mañana, y pasado mañana, y al otro, y eso me desespera”.

Anda, y yo, pienso. Tócate los pies.

Nuestro paciente está casado, con una hija pequeña y en paro, y dice que su entorno no le entiende y no le deja hacer lo que él quiere hacer realmente: crear. Escribir. Toma, si yo también quiero escribir, pero alguien tiene que hacer la colada mientras. No creo que ni siquiera los escritores profesionales pasen todos sus días en un frenesí de gozosa creación.

Mi compañera de practicum le decía: “¿Por qué te sientes mal? ¿Qué puedes hacer hoy para sentirte bien? ¿Escribir? Pues escribe. Si tu mujer no lo considera útil, no le hagas caso. Es útil que te sientas bien”. Yo le decía: “Piensa en todo lo bueno que estás haciendo incluso aunque no te sientas bien. Piensa en lo bueno que es que hagas las camas”. Ella intentaba aleccionarle para que cambiara su estado de ánimo. Yo iba más en dirección de la aceptación y de la generosidad.

Me preocupa la idea de que los psicólogos estemos insinuando que sentirse mal es patológico. Sentirse mal a ratos es perfectamente normal, a no ser que seas Buda. Creo que la diferencia entre las personas que se consideran felices y las que no es que las segundas se asustan de su propio dolor. Consideran que es anormal y que no pueden ir a ningún sitio con él y se paralizan.

Me preocupa que los pacientes consideren que el psicólogo no sólo les va a quitar su tristeza (lo que, hasta cierto punto, es deseable cuando la tristeza es muy profunda e inmoviliza a la persona) sino que, además, va a convertir su vida en un superparque de atracciones mental donde cada minuto va a ser un nuevo y gratificante desafío.

Si como psicólogos no conseguimos transmitir que avanzar hacia lo que queremos exige cierto grado de incomodidad, y que todos, hasta los ricos y famosos, tienen que hacer a diario cosas que no les apetece hacer, vamos a tener enganchados a nuestra teta a clientes preocupadísimos porque hoy no se han levantado flipando en medio de un anuncio de Vivesoy.

martes, 10 de febrero de 2009

Para Paz (I)

(NOTA: Post coñazo sólo apto para personas con problemas en el estudio. Absténganse Martins)

Bueno, por fin tengo algo de qué hablar en época de exámenes: de estudiar.

Este post viene a que Paz, una lectora, me ha preguntado cómo lo hago yo para estudiar, porque se ve con problemillas por su edad y sus circunstancias. Podéis leer el comentario en la entrada anterior (no hay ganas de linkar).

Así que, en primer lugar, voy a contar CÓMO ESTUDIO YO.

Consideraciones previas: lo primero, y lo más importante, es que yo estudio para exámenes tipo test, que no es en absoluto lo mismo que estudiar para exámenes a desarrollar. Si eso, publicaré en un par de días otro post con técnicas que puedan servir también para los exámenes a desarrollar. Lo segundo es que yo saco notas bastante buenas, pero no soy de todo matrícula. Creo que sacarlo todo matrícula significaría cambiar mis hábitos y mi vida en función de ese objetivo, y de momento no es mi intención. Así que lo que yo pretendo es sacar buenos resultados con un esfuerzo mediano.


Hábitos de estudio.


Yo no estudio durante el cuatrimestre. NADA. Me parece que no se compensa el esfuerzo que se invierte con el beneficio que se obtiene. Yo estudio exclusivamente en época de exámenes. Eso sí; en esa época, lo hago de forma intensiva: de nueve de la mañana a dos de la tarde y de tres y media a ocho, más o menos (con sus correspondientes descansos, como hora y media en total).

Estudio en biblioteca. Para mí, esto marca la diferencia. Soy absolutamente INCAPAZ de sentarme a estudiar en mi casa más de media hora seguida. Además, ir a la biblioteca tiene la ventaja de que conviertes el estudio en una especie de trabajo delimitado en el tiempo y en el espacio, y te es más sencillo desconectar cuando llegas a casa.

No planifico los temas ni lo que tengo que estudiar. Lo voy haciendo más o menos sobre la marcha, en función de los ánimos que tengo cada día y de lo que me apetece o no estudiar. Utilizo el método de la hormiga: voy haciendo, voy haciendo, y cuando llega el día del examen, en general, voy con lo que tengo. No suelo quedarme estudiando la noche de antes, a no ser que lo lleve preocupantemente mal. Esto también lo hago porque en los exámenes tipo test el porcentaje de preguntas de cada tema suele ser proporcional al peso del tema, es decir: si no me estudio un 25% del temario, no me sabré un 25% de preguntas del examen; no corro el riesgo de que me pregunten sólo ese 25% que no me sé. Supongo que si no fuera así intentaría llevar más o menos sabido todo el temario. En tipo test es más importante tener muy clarito lo que se sabe que llevar todo el temario con alfileres.

Como más o menos lo mismo que el resto del año. Últimamente he suprimido la siesta (me estresaba encontrar el tiempo para echármela xD) así que procuro almorzar ligero y sin hidratos de carbono para que no me dé sueño (hoy, por ejemplo, he comido pisto con huevo y ensalada). No tomo suplementos vitamínicos (excepto un año, que estuve tomando uno que venden en el Mercadona... pero tampoco noté mucho la diferencia).

No descanso prácticamente ningún día en todo el período de exámenes. Como mucho, la tarde después de un examen, si tengo tiempo para el siguiente. Si por lo que sea pierdo una mañana o una tarde, intento recuperarla estudiando esa noche un par de horas. La PK y yo hemos descubierto lo que llamamos "el síndrome de descansar un día", que consiste en que si descansas un día, te cuesta otros dos coger otra vez el ritmo, y a la que te das cuenta desaprovechas media semana.

Duermo bien (en general, nunca tengo problemas de sueño, ni siquiera cuando estoy preocupada o nerviosa. Me meto en la cama y me quedo frita), unas siete u ocho horas diarias.

Medito de vez en cuando (últimamente con muy poca frecuencia, la verdad).

Creo que lo más importante es mantener la motivación y mentalizarse de que estás en época de exámenes y no tienes tiempo para nada más. Si tengo que compaginar estudiar con otra cosa (por ejemplo, este año con los talleres, o el año pasado que estaba de becaria) intento sacar más horas el resto de los días o un par de horas ese día en otro horario.

Especial hijos: yo no sé mucho de esto, porque no los tengo, pero mi amiga Andrea tiene una hija pequeña y ha estudiado la carrera a la vez que yo. Lo que hace ella es estudiar cuando estudia y estar con su hija cuando está con su hija, y apoyarse mucho en el entorno familiar (algunos años mandaba un par de semanas a la hija con los abuelos). También suele irse a bibliotecas, porque si se queda en casa, aunque su marido se ocupe de la niña no puede evitar estar pendiente (y su hija la llama todo el rato, claro). Ha sido duro para ella (lloraba cuando mandaba a la niña con los abuelos, qué pobre) pero ha sacado la carrera en su tiempo y con muy buenas notas.

Técnicas de estudio propiamente dichas.

Para exámenes de tipo test hay que tener en cuenta que el objetivo no es ser capaz de recuperar la materia, sino dominarla lo suficientemente bien como para reconocer la información correcta y no confundirla con otra. Esto es difícil de pillar si vienes de hacer sólo exámenes a desarrollar, porque estás acostumbrado a memorizarlo todo para ser capaz de recuperarlo desde cero. En los exámenes tipo test es mucho más importante fijarse en los detalles, así que recomiendo NO hacer esquemas, o hacerlos si se quiere para estructurar la información, pero volver siempre a la fuente original.

Es importante recordar que lo que tú consideras importante no es necesariamente lo que el profesor considera importante, así que cuidado al subrayar. Yo subrayo en dos colores: uno para la información importante y otro para la MUY importante, pero al repasar suelo volver a leerlo todo por si se me escapa algún detallito que pueda caer en alguna pregunta.

En este tipo de exámenes, la elaboración es muy importante. Es decir, que hay que entender muy bien las relaciones que hay entre los distintos conceptos y temas: lo que es igual que algo, lo que es diferente a algo, lo que se puede confundir con algo. Es muy importante, por tanto, ser consciente del propio proceso de estudio a medida que se va desarrollando. Yo lo hago más o menos así:

1. Leo el tema y lo subrayo.
2. Releo el tema:
- Las partes que creo que debo memorizar, las repito mentalmente o las escribo en otra hoja. Esto es muy importante para fijar bien los conceptos. Si se lee muchas veces, pero no se recupera, no se memoriza bien. Después, marco de alguna forma lo que he olvidado al repetir.
- Las partes que creo que no debo memorizar, las leo asegurándome de que lo entiendo todo bien y que no leo nada de corrido sin enterarme de lo que dice, y subrayo la información que creo que sí debo memorizar (lo de no memorizar y memorizar lo explicaré después más detenidamente).
- A medida que voy leyendo, intento imaginar preguntas que podrían hacerme e identificar otros conceptos del temario con los que podrían confundirse o relacionarse los que estoy leyendo ahora. Apunto y marco también eso en los apuntes.
- Utilizo otras técnicas, como sacar al margen información muy importante en pequeños esquemitas o poner junto a los párrafos los puntos más importantes que contiene.

3. Repaso el tema, fijándome con más detenimiento en lo que he marcado como "especial".

En un examen tipo test es muy importante memorizar sólo lo necesario. Es decir, que hay información que no tienes que perder el tiempo en almacenar, porque es de lógica y sabrás reconocer la respuesta verdadera caundo te la pongan, pero hay otra que es incongruente o extraña y que sí merece una atención especial.

Por ejemplo, pongamos que estoy estudiándome los efectos del tabaco en la salud. Memorizar que da cáncer, que causa enfermedades cardiovasculares o que disminuye la fertilidad en la mujer es una pérdida de tiempo, porque son consecuencias de lógica y puedo sacarlas sin esfuerzo si me las piden. Sin embargo, el tabaco disminuye el riesgo de Parkinson. Esto sí me lo apuntaría, porque va en contra de mi lógica (que el tabaco es malo para la salud) y podría llevarme a error en el examen.

En ese sentido, también hay información redundante que es necesario identificar. Por ejemplo, el café contiene cafeína, el té teofilina y el cacao teobromina. La cafeína es más excitante que la teofilina, y ésta a su vez más que la teobromina. Esta segunda información es redundante, porque yo ya sé que el café excita más que el té, y el té más que el cacao; aprendérmela es perder tiempo y recursos cognitivos. Así dicho, parece una chorrada, pero si se hace siempre que se puede, se aprovecha mejor el tiempo y el esfuerzo.

También voy alternando unas tareas con otras. Por ejemplo, sé que puedo pasar mucho más tiempo leyendo un tema nuevo (porque es nuevo e interesante) que repasando un tema antiguo, que es mucho más cansado y demandante, así que cuando me canso de repasar, voy a temas nuevos o a lecturas de ampliación que aún no he mirado, y luego vuelvo a repasar.

Intento no estudiar seguida información que pueda ser confusa. Por ejemplo, esta mañana me he estudiado las catecolaminas. Si sigo con los neuropéptidos y los aminoácidos, es muy probable que me haga un lío con los agonistas y antagonistas de todos, así que probablemente esta tarde me estudie los neuropéptidos y mañana los aminoácidos, porque la separación en el tiempo ayuda a diferenciar la información similar y a archivarla en la mente.

Sobre todo, es muy importante el trabajo metacognitivo, es decir: ser muy consciente de cómo se está estudiando, de lo que nos cuesta más trabajo entender, de cómo se relaciona una información con otra y de cómo puedo utilizar lo que ya sé para anclar conocimientos nuevos. Y también es importante el esfuerzo congnitivo propiamente dicho, es decir: no conformarse con repasar de forma pasiva, sino machacar y machacar de forma activa y asegurarnos de que cada cosa está en su sitio en el archivo de nuestra mente.

De momento, lo dejo aquí, que me tengo que ir a la biblioteca y se me descuadran los horarios (jijiji).

domingo, 8 de febrero de 2009

A punto de terminar los exámenes

No me gusta estar tanto tiempo sin actualizar. Lo digo en serio. Odio los blogs que no actualizan a menudo y que me tienen semanas con el mismo puñetero post en la portada. No quiero ser de ésas.

Hoy estoy en Aparejadores, mi biblioteca de fin de semana favorita del mundo mundial. Tiene grandes mesas blancas de dibujo y taburetes que parecen molestar a todo el mundo excepto a mí. En las enormes mesas puede uno hacerse fuerte: colocar los apuntes en varios montones, el abrigo, la bufanda, la botella de agua y el portátil. Estoy contenta de estar aquí. Es la primera vez que vengo en estos exámenes de febrero, porque al parecer la abrieron más tarde y pensaba que no iban a hacerlo este año, hasta que hoy, de camino a Ciencias (the worst sala de estudio ever, por cierto) he encontrado abierta la puertecita lateral. Así que estoy muy contenta. Le tengo mucho cariño a estas aulas de dibujo. Llevo viniendo aquí en época de exámenes cuatro años, y la mayoría de las cosas importantes o bonitas que me han pasado en Granada se han relacionado con ellas en algún momento.

(Inciso releyendo el post: no quiero decir que las aulas de dibujo tengan que ver con todas las cosas que me pasan; lo que quiero decir es que en ellas he pensado en muchas cosas que me han pasado, o he estado con gente que me ha importado... las épocas de exámenes son épocas intensas, en las que piensas en la vida y en la muerte y tienes un montón de ganas de sexo. Así que estas paredes, y estas mesas, han visto todo eso... o me han visto a mí pensando en eso... bueno, lo que sea)

Al final de la época de exámenes siempre hay un momento en que me parece que me han metido la cabeza el algodón y no puedo respirar. Esto, unido a la presión que estoy experimentando últimamente con el tema pseudolaboral (bueno, de pseudo nada, que tengo contrato y todo, ya os daré detalles), me ha tenido estos días con la ansiedad saliéndome por las orejas, que diría mi madre. Hoy, sin embargo, me encuentro bastante bien. Voy a ir a casa, a dejar allí el portátil y volveré a estudiar un par de horas más. En cinco días seré libre.

Hoy pensaba en la memoria a corto plazo, que es un pensamiento muy friki incluso para alguien que está estudiando psicología. La memoria a corto plazo tiene una duración breve y sirve como buffer para ir almacenando la información que necesitamos para movernos en el presente. Si esa información es lo suficientemente interesante, la pasamos a la memoria a largo plazo y se queda ahí por un tiempo indefinido. La corta duración de la MCP es la razón, por ejemplo, de que se estamos pensando en qué decir y nos interrumpen, se nos olvide y parezca imposible recordar de qué íbamos a hablar.

La MCP es también la razón por la que la mayoría de la gente dice que es "malísima para los nombres". Nos presentan a alguien y, como realmente su nombre nos importa más bien poco, permanece unos segundos en nuestra MCP y luego vuela. Así que cuando alguien os diga que no se acuerda de vuestro nombre, es que en el momento es que os presentaron no os estaba prestando ninguna atención. A mí no me pasa, porque a mí me gusta saber cómo se llama la gente. Los nombres me parecen interesantes. De hecho, a veces estoy en algún sitio rodeada de gente que no conozco (por ejemplo, ahora, en la biblioteca) y me parece raro no saber cómo se llaman y que, de hecho, sus nombres sean una información totalmente inaccesible para mí (paranoia paranoia).

Lo voy a dejar aquí, que la farma me espera, con todos sus neurotransmisores, agonistas, antagonistas y etcétera esperando para hacerme la puñeta.

domingo, 25 de enero de 2009

Esta entrada habla explícitamente de sexo

Mañana tengo un examen de Evaluación y Terapia de Trastornos Específicos. Así que me he dicho, ¿para qué estudiar? Mejor escribo un post.

Uno de los temas que me entran mañana en el examen es "Evaluación y tratamiento de las disfunciones sexuales". Después de pasar varios días leyendo sobre eyaculaciones, penetraciones, lubricaciones, penes, vaginas y etcétera, no sé si estoy salida o si mi deseo sexual ha muerto para siempre. Ayer estuve reflexionando sobre lo feo que es hablar de sexo así, con palabras técnicas. Uno querría tener bonitos neologismos cortazarinos para describirlo todo en como es: turbulento, intenso, dulcemente instalado más allá del tiempo.

Analicemos más detenidamente. Sexo es una palabra que no está mal como tal. Es contundente, tiene ahí esa equis con carácter. En italiano es casi más guarra: Sesso. Puede una decirla con mucha cara de viciosa.

La cosa empeora cuando intentamos ser más técnicos.

Coito, por ejemplo. Coito ergo sum, que decía mi amiga Rocío. Es una palabra pequeña, ridícula y plana. Vamos a practicar el coito. No sé, suena a masturbación con el meñique. Masturbación tampoco es exactamente una palabra bonita: es como turbación, que tiene que ver con molestar. Se utilizan como sinónimos autoestimulación o autosexo (esa mola, suena a autocine sólo que con sexo :)

Penetración. Toma ya. Penetración, defenestración, castración, tracción. Todo suena igual y todo es feo. En la misma línea: pene. Practicar el coito con un pene suena demasiado como jugar al ajedrez. Polla, la mujer del pollo. No está mal, pero tampoco sé por qué los tíos lo dicen tanto. Ahí también me gusta la opción italiana: Cazzo, que es como muy guarrete.

(Parréntesis:La PK y yo acabamos de preguntarnos, intrigadas, si penetración vendrá etimológicamente de pene, o a la inversa. No hemos encontrado la respuesta; si alguien lo sabe, que lo diga, por favor, que mi tolerancia a la incertidumbre es muy pequeña desde que se inventó Google)

Nota curiosa: el adjetivo de pene es peneano. Por ejemplo: pletismografía peneana, que nos os voy a contar lo que es porque soñáis.

Otro verbo feo: eyacular. Yo eyaculo, tú eyaculas. Suena a inyectar y a calcular, que no sé cuál de las dos palabras es más gris. Sin embargo, culo me parece una palabra muy decente. Culo. Redonda y contundente. Vete a tomar por culo. Sí señor.

Llegamos al órgano sexual femenino. Vagina. Venga, más difícil, largo, soso y decimonónico. Vagii-na. Los apelativos vulgares no mejoran mucho: el querido coño, que a mí personalmente me parece una palabra oscura y apestosa (y las que dicen "coñito" no mejoran mucho; ahí ya pasa directamente a darme grima), algunos más infantiles en la dirección de chichi, chocho o toto y mi favorito, sin duda: potorro. Mi favorito porque es gracioso, ¿eh? Que no bonito.

¿Alguna propuesta para llamar a nuestro órgano sexual? Yo voto por Hueco misterioso o Sagrado boquete.

Vulva es una palabra que me recuerda tanto a un mejillón viscoso que procuro ni recordar que existe. Terminamos el recorrido por la zona con el clítoris. Para llamarle así, le podrían decir corpúsculo de Kraikovitz, que tiene más o menos la misma poesía.

Y luego están las tetas. Hala. Tetas. Toma palabra. Ahí el poeta que inventó el vocabulario sexual se lució. Me suena a escopeta, o carreta, o peseta. O al sonido de un petardo de feria: ¡teta! Pecho recuerda demasiado a la lactancia. Seno no está mal, pero me resulta cursi, como becqueriano (estoy preso en la curva de tu seno, cosas así). Y el colmo de la fealdad sexo-lingüística: pezón. Recuerda a algo colgante y gordo (que habrá quienes los tengan así, pero algunas poseemos delicados botoncitos del placer y no nos gusta demasiado el término).

Orgasmo, sin embargo, es una palabra que me mola. Me recuerda a algo frutal y de colorines. Orgasmos para todos es una frase que podría aparecer en cualquier camiseta de moderna.

Puede que os parezca exagerado todo esto que estoy diciendo, pero si os fijáis casi ningún escritor utiliza estas palabras en las escenas sexuales de sus novelas. Todo se zanja con mucho eufemismo
y mucho “su sexo” por aquí y por allá. No me extraña.

¿Alguna propuesta de neologismo sexual?

Por cierto, si queréis saber qué estoy aprendiendo de terapia sexual, pues muchas cosas interesantes y divertidas. Por ejemplo, la llave de la muerte, una técnica para dejar al chico sin erección en cinco segundos. ¿Divertido o cruel? Juzgad vosotros mismos. O que es muy importante hacer los ejercicios de Kegel (los de apretar y soltar el potorro) porque así se tienen orgasmos (¿veis? Si es que se te llena la boca) mucho más placenteros y poderosos. O que si hay dificultades en el sexo, lo que hay que hacer es dedicarse por un tiempo a tumbarse en la cama y darse caricias y cariñitos sin obsesionarse por meterla a toda costa.

De momento, eso es todo por hoy. Voy a poner la dirección del blog en el examen, a ver si esta labor divulgativa tan desinteresada me suma puntos.

martes, 11 de noviembre de 2008

Not pleased to be a woman

Estoy en esos días del mes en los que no me siento ni un poco feliz de ser mujer. Me encuentro tan mal que no me apetece ni comer, y eso, creedme, es sentirse muy mal en la escala Marina de estados de ánimo. Ayer, de hecho, le di la paliza a la pobre PK (que, por cierto, ahora es mi compañera de piso, creo que no lo habí dicho) con una parrafada sobre lo inútil, caro y trabajoso que me parece que exista toda esta variedad de alimentos y una tenga que comprarlos, cocinarlos y comérselos para acabar, ejem, expulsándolos y volviendo a empezar el proceso desde el principio.

Es que tengo que ir al Mercadona y no me apetece.

Llegué incluso a proponer algún tipo de alimento único (el Supertrigo) que no hubiera que cocinar y que tuviera todos los nutrientes necesarios. La PK dice que eso sería un rollo, pero es porque está muy apegada a su paladar (opino).

Estoy atravesando una etapa rara. Es como si estuviera desfasado lo que estoy haciendo y lo que me gustaría hacer. Para empezar, no quiero, NO QUIERO estudiar, ir a clase o cualquier cosa que tenga que ver con la facultad. Creo que gracias a la maldita-maldita beca y al crédito europeo de los huevos, he desarrollado un condicionamiento aversivo intenso hacia el edificio gris y verde de Psicología. Es llegar allí, ver a todos esos alumnos vagando de un aula a otra y a todos esos profesores maquinando malvados métodos de evaluación, y se me revuelven las tripas.

(No voy a seguir hablando de esto, que me estoy poniendo de mala leche, y una no lleva una hora meditando para eso).

No sé qué más contaros. Pensaba que tenía muchas más cosas que decir, pero realmente tampoco es tan interesante odiar el mundo por culpa de la regla.

¡Supertrigo ya!

PD: Perdón por escribir tan poquito. Creo que no tener ganas de blog forma parte de mi etapa rara.

martes, 7 de octubre de 2008

Resumiendo

He estado en un curso de Vipassana. Stop. Experiencia estupenda. Stop. De vuelta en Granada. Stop. Sin ganas de empezar el curso y/o la maldita-maldita beca. Stop. Muriendo de amor. Stop. Ya os contaré. Stop. Sin PC en casa. Stop. Se me ha acabado la hora de Internet. Stop. Iremos volviendo a nuestro ritmo habitual. Stop. Si esto fuera un telegrama de verdad, me saldría carísimo. Cambio y corto.

jueves, 10 de julio de 2008

La maldita-maldita-beca (II)

Hoy ya me estoy empezando a cabrear. No he podido cambiar mi turno de mañana (recordemos que aún es lunes y no he salido de viaje) y mi coordinadora de la beca se lo ha tomado como si fuera el cardiólogo jefe del único hospital del país. A ver, coordinadora. Que sentarse cuatro horas a hablar por el messenger lo puede hacer cualquiera. Este problema entronca muy bien con el tema del post de hoy: la atención a alumnos, mi segunda función como becaria.

Para introducir el asunto, pongámonos en el lugar del alumno medio de la facultad de psicología.

"Hola, soy un alumno medio y estoy adaptándome al sistema de créditos ECTS. Gracias a la falta de idea y descoordinación que reina en la facultad acerca de dicho sistema ECTS, mi agenda de esta semana incluye catorce trabajos en grupo, seis lecturas de artículos, dos presentaciones en power point y un examen de prácticas. Me han informado de que hay unos simpáticos becarios en un despacho que me ayudan si tengo algún problema. Se me ofrecen dos opciones: ¿voy a que me ayuden los becarios y pierdo una tarde haciendo un trabajo decente? ¿O mejor hago las tareas para salir del paso y poder disfrutar parcialmente de la que se supone que es la mejor época de mi vida?".

Terrible dilema, vive dios.

Así que, como os podréis imaginar, nuestras horas de despacho transcurren en imponente soledad. Para colmo, las pocas veces que vienen alumnos se empeñan en preguntarnos sobre cosas que no sabemos (al menos yo): misteriosas técnicas de Excel, análisis de varianzas o cómo hacer que el Word no te cambie el formato cuando le apetece. Con lo cual mi parte dos del cometido como becaria se divide entre perder el tiempo y quedar como una tonta. Tendríair que ver la cara de "eres inútil" que te ponen los alumnos cuando te ven trastear con la barra de herramientas del Windows Vista como si fueras una madre intentando mandar un mail.

En general, sin embargo, mi beca no está mal. El problema es que es una beca ciclotímica: tan pronto pasas dos semanas asfixiada bajo montañas de tareas por corregir como te tienes que inventar los informes para que no parezca que no estás cumpliendo con tu importante cometido. Ejemplo:

Informe A: semana tipo alto ejecutivo.

Tarea: corregir ejercicios de metodología en la plataforma digital Ágora.
Tiempo: 5 horas.
Comentarios: ha sido una tarea exigente y agotadora.

Informe B: semana tipo "Los lunes al sol"

Tarea: revisar mi bandeja de entrada.
Tiempo: media hora.
Comentarios: he actualizado mi correo y me he puesto al día con los profesores de los diferentes departamentos.

Premio negociable a quien adivine cuál de los dos contiene una mayor carga de fanstasía becaria.

Y con este post queda más o menos resumido cómo me he ganado el pan durante este último curso. Hale, que me voy a dormir, que mañana hay que madrugar para llegar a Madrid, de allí a Roma y de allí a Lecce a ver a la PK-mon-amour :D

miércoles, 9 de julio de 2008

La maldita-maldita beca (I)

Me he dado cuenta de que mi blog es un poco aleatorio. La mayoría de los blogs tienen un tono más o menos uniforme para todas sus entradas: tono chorri-divertido, tono dramático-existencialista, tono cultureta-sencillo. Mi blog fluctúa. Y últimamente nos estamos deslizando hacia el modo chorriblog a una velocidad pasmosa. Entre los calamares de mi compañera de piso, los cuestionarios para ligar por Internet y los pasatiempos para niños, este blog está perdiendo esa pátina de seriedad literaria que siempre le ha caracterizado. Bueno. Qué le vamos a hacer.

Siguiendo con la tónica chorriposteante de la entrada anterior (que no voy a enlazar porque está justo ahí debajo), he pensado que no os expliqué demasiado bien en qué consiste la maldita-maldita-beca. Ha dado la sensación de que llevo todo el año tocándome la bola y ahora voy a extender la manita para que el Estado me subvencione los macarrones. Nada más lejos de la realidad. Empecemos desde el principio.

Érase una vez una niña que quería estudiar fuera*. No sabemos bien por qué, si esta niña era feliz en su ciudad y, para colmo, ha resultado estar más apegada a su terruño que un geranio. Puede que todo se deba a que su padre siempre le daba maravillosas lecciones sobre la vida como "lo que no hagas ahora no lo harás nunca" o "no te eches novio hasta los 35". Este padre probablemente no sabía mucho sobre el alto coste de la vida pseudoindependiente o sobre la relación de la incidencia de malformaciones en el feto con el aumento de la edad de la madre. A ver, que divago. La cuestión es que, por circunstancias de la vida que no vienen al caso y que tienen que ver con su llamativa maleabilidad y ausencia de opinión propia, esta niña se encontró estudiando periodismo en Barcelona, primero, y psicología en Granada, después (de periodismo sólo hice un cuatrimestre. Otro día os cuento esa historia). En cuarto curso, la niña se dio cuenta de que, o encontraba una forma de subvencionarse el tema vivir por su cuenta, o se iba a tener que volver a su ciudad de origen. Curiosamente, y a pesar de su naturaleza geraniácea, la niña le había cogido el gusto a eso de fregar platos y viajar en el Alsina y decidió quedarse en Granada.

Vale, esa niña soy yo, así que voy a cambiar a la primera persona, que esto es un poco agotador. Cuando estaba planteándome seriamente la prostitución de lujo como modo de vida, apareció, como caída del cielo, la convocatoria de la maldita-maldita-beca, que sobre papel se llama así:

Becas de alumno colaborador para la experiencia piloto de implantación del crédito ECTS.

Ahí lo llevas.


Me apresuré a rellenar el formulario y mi brillante expediente hizo el resto. Así que ahí me tenéis, hecha una becaria. En teoría, la maldita-maldita-beca tiene las siguientes tareas:

Tarea número 1: ayudar a los profesores.

Aquí es donde hay que hacer un breve inciso y explicar un poco qué entienden los profesores de mi facultad por adaptación al crédito europeo. Ellos estaban tan contentos con sus clases magistrales: venían, leían sus diapositivas, observaban pacientemente cómo las aulas iban vaciándose a medida que pasaban los meses, ponían su examen y listos. Cuando se enteraron de que debían cambiar de sistema y favorecer la autoformación, la adquisición de habilidades y la independencia del alumno, se apresuraron a informarse en profundidad y reestructurar su asignatura desde los cimientos.




















Una cosa así
.


Con semejante panorama, cuando yo me presenté en el despacho de los profesores que me habían asignado con mi cara de becaria y mi lección preparadita (HolasoyMarinalabecariadesuasignaturaqueestoyaquíparaayudarleconlaimplantación delcréditoECTSyestoyasudisposiciónparaloquenecesite), la mayoría se limitaba a contestarme: "Ehh... uh". Yo les dejaba un post-it con mi dirección de correo y me marchaba silbando El puente sobre el río Kwai.

Pero no os engañéis. Éstos son los mejores. Los peores son los que realmente se han tomado en serio la chorrada ésta del crédito europeo y quieren hacerlo bien. Porque ésos no te dicen "Ehh... uh". Qué va. En su cerebro se enciende una bombillita con un letrero que dice más o menos esto:

¡¡TENGO UNA BECARIA!!

Y cuando has terminado de soltarles tu frase de presentación, te contestan:

- Muy bien, pues pásate por aquí mañana que tengo una tarea que darte. O bueno, de hecho si eso te lo puedes llevar ya, ¿te importa?

["¿Te importa?" es una frase que, como becaria, vas a oír muy a menudo.
- Uy, es que acabo de terminar de corregir el examen hoy, pero necesito las notas pasadas para mañana, ¿te importa?
O bien:
- Ya sé que no tienes que subir esa tarde, pero es que me harías un enorme favor si te encargas tú de abrir los laboratorios, ¿te importa?]

Este tipo de profesores no se limitan a colgar tu post-it con la dirección de correo en su tablón y a ignorarlo el resto del curso, qué va. Estos te dicen:
- ¿Me podrías dar también tu número de teléfono?

Alarma. Peligro. Danger. Las dos cosas más importantes que he aprendido este año es que trastorno NO se escribe "transtorno" y que NUNCA debes darle tu número de teléfono a un profesor. Si lo haces, corres el riesgo de recibir la tarde de tu cumpleaños mensajes escalofriantes como éste:
"Marina, soy X. Por favor, revisa LO ANTES POSIBLE tu bandeja de entrada".

Pavorosas mayúsculas. Gracias a mensajes como éste, he desarrollado un condicionamiento aversivo por la bandeja de entrada de la Universidad, y cada vez que la abro se me hace un nudo en el estómago. Lo bueno es que estos profesores escasean. Si todos fueran así, esta beca sería demasiado parecida a la esclavitud como para ser legal.

Mañana continuaré hablando del resto de mis funciones como becaria. Sed buenos y pensad en mí, elegantemente tendida en las playas del tacón de la bota, protegiendo mi delicada piel roacutanosa con crema pantalla total.

*Historia ficticia.

martes, 8 de julio de 2008

El traje nuevo del emperador

Mañana me voy a Italia. Creo que eso ya os lo he dicho. Lo que no os he dicho es que antes tengo que cubrir un turno de despacho de mi maldita-maldita-beca. Por si no os he explicado antes en qué consiste mi cometido como becaria, se supone que tengo que ayudar a alumnos y a profesores con el trabajo extra que se derive de la aplicación del plan Bolonia: echar una mano con los power points y presentaciones orales, corregir trabajos, etc. En la vida real, lo que hago básicamente es pasar notas de alumnos a Excel y venir a la facultad dos tardes por semana a atender a un alumnado que no tiene ningún interés en ser atendido. No viene nadie NUNCA, pero ahora es JULIO, así que es imposible que vengan alumnos por la sencilla razón de que aquí no hay alumnos (bueno, miento: acabo de ver a una de las empollonas de mi clase en un aula de informática con otro grupito haciendo nosequé. Seguro que son extras para subir nota de los que no quiere que los demás nos enteremos).

¿Qué haces aquí entonces, dulce Marina? Eso quisiera saber yo, avispado lector. Cuando me enteré de que teníamos que venir en verano a atender al alumnado inexistente, intenté apelar al supuesto sentido común de mis congéneres humanos.
- ¿Pero por qué tenemos que venir en verano?
- Pues porque la beca dura nueve meses y empezamos en noviembre.
- ¿Y por qué no la resuelven antes?
- ...
- Bueno, ¿y por qué no juntamos todos los turnos que nos tocan a cada uno para tener que venir sólo una vez?
- Porque entonces nuestra dedicación al resto de tareas de la beca se resentiría.
- ¿¿¿RESTO DE TAREAS???
- ...
- Bueno, ¿y por qué no venimos en octubre, que todavía no se habrá resuelto la convocatoria del año que viene? En octubre sí hay alumnos y profesores, y a principios de curso es cuando hace falta más ayuda.
- Es que octubre ya es de la convocatoria del año que viene y nosotros ahí no nos podemos meter.
- ¡¡Pero si la convocatoria no sale hasta noviembre!!
- ...

Total, que no ha habido manera. Aquí me tenéis, y otros dos días de septiembre que también me tocan a mí. Y aún tengo que estar agradecida, porque me han juntado los turnos y con venir dos veces mañana y tarde ya he cumplido. A mí no es que me importe trabajar, ni siquiera venir aquí. Me jode la irracionalidad, esta sensación de estar vendiendo mi tiempo en lugar de mi esfuerzo. Que me sienten aquí a echar horas en el messenger para justificar lo que nos pagan (que tampoco es tanto, al fin y al cabo, y que encima nos llega con meses de retraso), hace que me hierva la sangre.

Para colmo, mañana no puedo venir (si todo va bien, estaré metida en un autobús on the way to Madrid para coger el avión a Roma) y no encuentro a nadie que me cambie el turno. Que si convenciera a las conserjes para que encendieran la luz durante el tiempo que se supone que voy a estar aquí, el efecto sobre la comunidad educativa sería más o menos el mismo. Pero ahí me tenéis, suplicando favores porque "esto no se puede quedar desatendido". Como si fuera una centralita del 061. Ya puedo imaginarme a los alumnos volviendo súbitamente de sus vacaciones y haciendo cola en la puerta para que les explique cómo se hace un póster para un congreso. "¡Por favor, por favor! ¡Si no encuentro la forma de pegar esta gráfica, el universo implosionará!".
Bueno, voy a poner esto para que se publique mañana, que si no me voy a quedar sin posts vacacionales enseguida. Seguiremos en contacto, queridos lectores.

PD: Que me vaya de viaje no quiere decir que no vaya a leer con cariño e ilusión todos vuestros comentarios. Es más: mi cariño y mi ilusión serán mucho mayores después de ocho días (¡OCHO DÍAS!) de abstinencia. Esto quiere decir que como llegue y no me encuentre mis posts programados llenos de comentarios laudatorios, en el próximo viaje os dejo a pan y agua quizá me esfuerce menos en disimular mi ausencia.
PD2: Pero os quiero, ¿eh?

sábado, 28 de junio de 2008

Cuerdos entre locos

Una cosa que me gusta mucho de mi carrera (y que nunca pensé que me interesaría) son los experimentos. Pero no los de ahora, no. Los de ahora sólo averiguan estupideces, como que la latencia del potencial p300 es ligeramente mayor en daltónicos zurdos cuando llueve en Murcia. Qué va: molaban los de antes, los de la primera generación de psicólogos, cuando todavía estaba todo por descubrir y uno podía contestar a las grandes preguntas: ¿qué es el racismo? ¿por qué los guapos caen mejor? ¿cómo puede un país entero aficionarse de pronto a la Eurocopa?. Además, por aquel entonces la ética era un rumor del que apenas se oía hablar en universidades y laboratorios, y hacían cosas divertidísimas sin que ningún mojigato levantara la voz.

Por ejemplo, Milgram, que descubrió que la mayoría de nosotros estamos dispuestos a freír alegremente al prójimo sólo por obedecer a la autoridad. O Rosenthal, que dijo a unos profesores que la mitad de sus alumnos eran especialmente brillantes y la otra mitad mediocres (era mentira, claro: los niños habían sido divididos al azar), y encontró que al final del curso, en efecto, los resultados de los tests de coeficiente intelectual habían variado en función de cómo los profesores trataban a los niños. O Rosenhan, que se metió en un manicomio haciéndose pasar por esquizofrénico para probar que los psiquiatras no podían detectar que mentía.

Os cuento esto porque hoy, estudiando Neuropsicología (mi asignatura favorita del mundo mundial) me he encontrado, una vez más, con el famoso caso H.M. H.M. era un señor con unas fuertes crisis epilépticas que no remitían con medicación. Su neurólogo decidió que la única solución era extirparle el lóbulo temporal, que es el que se encarga de la capacidad de aprender y consolidar conocimientos nuevos. Así que el pobre H.M. se curó de la epilepsia, sí, pero también se quedó sin memoria anterógrada: no retenía nada a partir del día de la lesión. Cada nuevo día era para él un día nuevo. Literalmente.

¿Qué hicieron los psicólogos de su alrededor? Practicarle pruebas como locos para ver si averiguaban dónde estaban localizados los distintos tipos de memoria, de qué se encargaba exactamente la parte que le faltaba, etc., etc., Más de 100 estudios hay hechos con el pobre H.M. Y hoy estaba yo preguntándome cómo habría consentido el buen señor en ser cobaya humana durante tanto tiempo. Hasta que he pensado: cómo no va a consentir, si no se acordaba de todos los experimentos anteriores. Me he imaginado a los investigadores entrando cada mañana en el dormitorio de H.M. y diciéndole: “Buenos días, señor M., somos psicólogos de la Universidad de Massachussets (es un poner), ¿le importaría colaborar con nosotros en un estudio?”. Y el pobre señor: “Uy, un estudio, qué interesante, ¡claro que sí!”, sin acordarse de que el día anterior le habían tenido toda la tarde aprendiendo a dibujar en espejo o alguna chorrada de este tipo.

Me he reído mucho hoy pensando en el pobre H.M. y en los científicos crueles convirtiéndole en un galeote de la investigación neuropsicológica. Bueno, al fin y al cabo lo mismo le daba, ¿no? Y la investigación, o al menos los investigadores, se han beneficiado mucho de su colaboración.

Además, quién sabe: a lo mejor a todos nos iría mejor si pudiéramos empezar cada día como si fuera completamente nuevo, sorprendidos como por primera vez por nuestro despertador, por nuestra casa, por la cara de nuestra esposa, sin que nos cansara nunca el repetitivo latido de la vida.

Extirpaciones temporales para todos. Pensadlo.

miércoles, 18 de junio de 2008

Otro miércoles

Llevo tres horas y media metida en este despacho orwelliano de mierda. Sólo ha venido Mi Querido Ex Novio a sacarme a merendar a eso de las seis. Hemos compartido un sandwich de pavo y tranchetes y una cocacola en la cafetería desierta, donde la luz entraba a raudales por las ventanas. Pero no quiero ponerme poética, sino reivindicar la inteligencia de las conductas humanas y preguntar por qué, si no hay nadie en la facultad, si los alumnos no pueden pedir asesoramiento sobre sus trabajos porque están de exámenes, si los profesores no necesitan de nuestros servicios por lo mismo, tengo que pasar yo hoy cuatro horas encerrada bajo los fluorescentes para satisfacer alguna especie de extraña cuota a la que nos obliga el ministerio. Por no hablar de julio. Y de septiembre.

Me rasco frenéticamente la parte superior de los brazos, que gracias al efecto combinado de la medicación y el sol se me ha llenado de eczemas. No me molestan: me dan un cierto aire de indefensión bastante encantador. Una vez conocí a una chica con psoriasis y pensé que podría enamorarme de ella y de sus delicadas heridas rosadas. En cualquier caso, casi he recuperado la piel de mi cara y, puesto que se ve bastante más que los brazos, no me quejo. Camino sintiéndome preciosa. Salgo a la calle cubierta de crema protectora factor total. El otro día me preguntó cierto galán pseudoepistolar que si olía a flores recién cortadas. Pues verá, no: ahora mismo a lo que huelo es a protección solar, a día de playa y verano bajo las luces azules de la biblioteca. A desfase estacional. Un olor la mar de poco romántico. Y conservo el blanco invernal de mi piel con defectos de fábrica. El blanco es mejor que el amarillo de las personas morenas en invierno. Voy a lucir un blanco sin complejos durante todo lo que dure el verano, y todas esas camisetas color pastel, todos esos vestidos claros hechos para resaltar sobre la piel morena, me cubrirán dándome el aspecto de un adorable fantasma rubio. Un fantasma que huele a protector solar.

Os dejo ya. Ha venido MQEN a recogerme y sacarme a la luz. Me ha traído un traje especial, una mascarilla y unas gafas de sol que me cubren media cara. Gracias, MQEN. No pude haber elegido nadie mejor para dedicarle mi amor.

Cuánto bien pueden hacer tres párrafos de escritura absurda y furiosa.

domingo, 1 de junio de 2008

Mi querido HDP

El HDP u Hombrecito de la Posguerra es el señor que me enseña Psicología de la Educación. Lo llamo así yo íntimamente porque podrían recortarlo de mi clase y colocarlo en una escuela rural de 1950, con su chaleco y su bufandilla. Es flaco y tiene el pelo de una sola pieza, como Ken el de Barbie: ni le crece, ni se lo corta, ni se despeina.

Este señor y su asignatura son la versión moderna de los esclavos egipcios que construían pirámides arrastrando piedras. Podría licenciarme sólo con las horas de trabajo que le he echado a P de la E.

Es difícil explicar la personajez del HDP (curiosa coincidencia de siglas)en palabras de nuestro idioma. Es un señor realmente entusiasmado por su asignatura, convencido de que mandarnos setecientas prácticas, doscientas actividades de clase y quinientos trabajos complementarios de crédito europeo es lo mejor que puede hacer por nosotros y nuestra formación. Comienza todas las clases diciendo “esto es muy interesante, ¡interesantísimo! Esto lo pueden aplicar ustedes en su futuro profesional”, y saca un taco de transparencias pintadas de rotulador que nos explica con genuina pasión.

Lo peor del HDP es que se lee los trabajos. Cuando nos manda una actividad, llega al cabo de unas semanas con unas ojeras hasta los pies, porque se ha pasado la noche corrigiéndolas y haciendo transparencias con los mejores y peores ejercicios para que aprendamos de nuestros aciertos y errores. Si descubre que alguien se ha copiado, hace transparencias del plagio y pone con su rotulador rojo al lado: ¡¡¡COMPORTAMIENTO ACADÉMICO INACEPTABLE!!!, y lo proyecta en clase para aleccionarnos.

Mientras exponemos en clase, asiente con una sonrisa beatífica e interrumpe para poner sus transparencias sobre el tema y leernos cuentos de Jorge Bucay. El último día, nos despidió con un power point directamente sacado de los forwards de su bandeja de entrada, con fotitos de flores y velas y más cuentos sobre la educación, la paciencia y el luminoso poder de la esperanza. Y con transparencias.

Todo esto estaría bien si el examen fuera relativamente fácil. Pero encima su examen consta de preguntas del tipo de ésta:

Recuerda cuando trabajamos en clase el artículo de García (1998). ¿En cuál de sus enfoques sobre el aprendizaje podría enmarcarse la teoría de Ausubel?
a) Primero.
b) Segundo.
c) Tercero.
d) Cuarto.

(No es una exageración. Había una pregunta así en el examen de febrero).
(Obviamente, el artículo de García estaba impreso en una transparencia).

Es un profesor que cree fervientemente que aprender no es empollar el último día. Que tenemos que retenerlo, asimilarlo, relacionarlo e integrarlo TODO. Que al final de curso seremos mejores psicólogos y seres humanos. Como ya os he dicho, es un personaje.

Y lo más gracioso de todo esto es que hoy, domingo, mientras termino las prácticas del HDP (cada una de ellas un taco de folios con lecturas, artículos en inglés y análisis estadísticos), y me acuerdo de toda su familia, no puedo evitar pensar que es un señor bastante adorable. Qué poco hace falta para tenerme contenta.

jueves, 8 de mayo de 2008

Psycho-killer

Llevo toda la semana con la ansiedad saliéndome por las orejas, como diría mi madre. Estoy mentalmente tranquila pero físicamente hecha una mierda, con una extraña presión entre el pecho y la garganta que me impide respirar. Y eso que medito un montón. Tanto que Mi Querido Ex Novio Funes, que también medita pero menos, dice que en vez de una estatua del Buda, va a hacer una estatuilla de mí en barro y la va a colocar en su cuarto para que le inspire. Qué tío, este Funes. En cualquier caso, parece que meditar me sirve regulero, porque hace un rato, mientras desayunaba pacíficamente mi tostadita y mi colacao complex, he empezado a pensar que podría matar con mis propias manos al Hombrecito De la Posguerra, mi profesor de Educación, si insiste en obligarnos a hacer a mano un análisis de varianza absurdo sobre una de sus absurdas prácticas. A partir de ahí, ha empezado a germinar en mi mente una idea tan estupenda que no sé por qué la cuelgo aquí en vez de venderla a Hollywood y hacerme de oro. Os cuento.

Contexto: seguimos en la línea reivindicativa-dramática de mi última obra de ficción.

La cosa es sencilla. En la facultad de Psicología de la Universidad de Granada ya hace cuatro años que comenzó la experiencia piloto para adaptarse al Plan Bolonia. Como ya expliqué ampliamente en Euricienta, todo es una mierda, los alumnos no paran de hacer trabajos estúpidos y han perdido las ganas de vivir. Entonces, a mitad de curso más o menos, empiezan a sucederse escalofriantes asesinatos. Los profesores de la facultad van cayendo uno a uno, y lo más inquietante es que cada uno muere de acuerdo a la asignatura que enseña.

¿Una chorrada? Pues ahí está Seven. Diría más: ahí está Tuno Negro. Como idea es algo arriesgada, es verdad, pero la pericia de un buen director podría sacarle mucho partido.

Ejemplos:

El profesor de Psicobiología aparecería, lógicamente, muerto en posición de diseccionar su propio cerebro. O quizá se le obligaría a ponerse a sí mismo en el estereotáxico y perforar su cráneo para liquidar sus núcleos cerebrales uno a uno.

Los profesores de Condicionamiento y Aprendizaje serían comidos por las ratas que ellos mismos han entrenado. En otra versión, se les metería en una caja de Skinner gigante y se les darían descargas aleatorias mientras se les obliga a aprender complicados programas de refuerzo y castigo. Siempre se pueden combinar las dos opciones: muerte en caja de Skinner y cadáver comido por las ratas. Tendría que pensarlo.

Los profesores de Memoria, Percepción y Psicología Básica en general se verían obligados a hacer experimentos frente a ordenadores donde los errores serían castigados con descargas de cada vez más intensidad. La escena final de esta parte sería el profesor/a siendo aniquilado por la descarga final mientras en la pantalla aparece, en letras brillantes: "Gracias por tu participación. Que tengas un buen día". Lo de los experimentos daría mucho juego, según la macabra imaginación del guionista; podrían usarse electrodos, polígrafos, absurdos jueguecitos de cartas...

La muerte del Hombrecito de la Posguerra, que da Psicología de la Educación, aún tengo que pensármela. Probablemente le encerraría en una clase de secundaria con veinte alumnos, móviles de última generación y una conexión a Internet, y dejaría que el predecible devenir de las cosas hiciera el resto.

El departamento de Social y Psicología de los Grupos sucumbiría víctima de algún terrible y siniestro juego de rol vivo en el que tendrían que tomar decisiones grupales y hacer atribuciones causales. Sería una mezcla entre "El Método" y "Diez Negritos". Pero no importa qué dijeran, porque al final morirían todos.

A los de Clínica los soltaría en una habitación cerrada con unos cuantos esquizofrénicos sin medicar y/o psicópatas previamente aleccionados. Y a ver de qué les servían ahora los autoinformes y las técnicas cognitivo-conductuales.

Me quedan los de Metodología, Psicometría, Análisis de Datos y todas esas asignaturas tan divertidas. De momento sólo tengo ideas difusas relacionadas con proponer problemas de probabilidad y hacerles sacar bolitas de cajas para decidir quién va muriendo, pero reconozco que es lo más flojo del guión.

La protagonista sería una simpática estudiante de doctorado (yo no; yo sería la asesina) que acaba de llegar a la facultad y se ve dividida entre su lealtad a la alumna que hace poco que ha dejado de ser y su deseo de luchar por la justicia y la paz. Va desvelando poco a poco el misterio, pero al final de la película también muere por un certero golpe con su propia tesina. No sé cómo acabaría el guión, pero probablemente la asesina extendería su radio de acción a políticos y ministros de educación y acabaría ella sola con el plan Bolonia.

Bueno, me queda mucho para alcanzar la compasión y la ecuanimidad, pero creedme que me he desahogado bastante.

lunes, 14 de abril de 2008

Neuro-sis

En mi estúpida-beca-que-sin-embargo-me-da-de-comer, me asignan tareas muy emocionantes, y mientras las desempeño siento que esta gran maquinaria que es la UGR no podría avanzar sin mí. Mi última y fascinante misión es abrir y cerrar el laboratorio de maquetas del cerebro para que los alumnos puedan hacer prácticas.

Parece fácil. La secuencia, en teoría, es la siguiente:

- Bajo al laboratorio.
- Abro la puerta.
- Abro el armario de las maquetas.
- Me voy.
- Al cabo de una hora vuelvo.
- Paso listas de asistencia.
- Cierro el armario.
- Cierro la puerta.
- Me voy.

Lo que yo hago normalmente es esto:

- Bajo al laboratorio.
- Espero a los alumnos. Normalmente llegan temprano cuando yo llego tarde o tarde cuando yo llego temprano, y en ambos casos me miran con desaprobación.
- Les explico que las maquetas son muy delicadas y caras que pordios pordios no las fuercen.
- Reparto las maquetas.
- Les pido que pordiospordios no roben maquetas, que son muy caras.
- Le pido que pordios pordios no se vayan del laboratorio antes de que yo vuelva, que las maquetas son muy caras.
- Me voy.
- Abro la puerta otra vez y digo que las maquetas son muy caras.
- A la hora, recuerdo súbitamente que tengo que cerrar el laboratorio.
- Busco las llaves como una histérica mientras pienso que alguien las ha robado y va a bajar a llevarse las maquetas para venderlas en el mercado negro.
- Bajo corriendo las escaleras.
- Subo para coger la lista de asistencia, que me he dejado en el despacho.
- Llego al laboratorio. Si bajo temprano, aún no han terminado y me miran con desaprobación. Si bajo a la hora justa, llevan diez minutos esperándome con las maquetas montadas y me miran con desaprobación.
- Paso la lista de asistencia y arrebato las maquetas de las manazas de los alumnos para montarlas yo, mientras mascullo “son muy caras, son muy caras”.
- Llevo las maquetas al armario. En general, tiro al suelo un promedio de dos maquetas al día, y es bastante efectista, porque los trozos de cerebro salen disparados en plan gore.
- Chillo como una histérica y los alumnos me ayudan a recoger las piezas mientras sacuden la cabeza con desaprobación.
- Guardo las maquetas.
- Las cuento compulsivamente unas cuantas veces.
- Cierro el armario y forcejeo con las puertas para ver si están bien cerradas.
- Salgo del laboratorio.
- Cierro el laboratorio
- Abro la puerta y vuelvo a comprobar que he cerrado el armario.
- Cierro la puerta.
- Me voy.
- Vuelvo para comprobar que he cerrado la puerta.

Normal que tenga acné. Lo raro es que aún no me haya dado un ictus.

martes, 8 de abril de 2008

El ultimátum de Euricienta

Con ustedes, el final de esta magna obra de género épico-denuncia.

[Precuelas aquí y aquí]

Volvamos a la escena final de la última parte de nuestra historia, que está congelada como un DVD en pause. Euricienta mira a su alrededor con los ojos desorbitados. Los Caballeros Negros del Crédito Europeo desenvainan sus negras espadas. Los Psicolios enseñan los dientes mientras esgrimen armas, palos y cacerolas. Bolonio sonríe de medio lado y Decanus se esconde tras su sillón y temblequea (esto no se ve porque, como he dicho, la imagen está en pause). Le damos al play y comienzan a entrechocarse las espadas, mientras Euricienta grita, histérica: ¡Paz! ¡Compasión! ¡Amor!

Empezaban a oírse los primeros “ouch” y a agonizar los primeros combatientes, cuando se oyó un petardeo, como la traca final de una feria. Euricienta enseguida reconoció el sonido, así que no se sorprendió cuando vio a cientos de Duendecillos Estándar flotando a varios palmos del suelo y reluciendo con una luz cegadora. Los Caballeros y los Psicolios, sin embargo, pararon de inmediato de luchar, asombrados.

Entonces se oyeron unas trompetas, pretendidamente señoriales pero un poco chillonas, y entró una carroza tirada por dos ratones voladores donde se erguía, orgulloso bajo su diminuto manto de armiño, el Rey De Los Duendes Que Todo lo Puede.

- ¡Salve a nuestro señor! – gritaban los duendecillos con sus voces de pito - ¡Loado sea!
- ¡Silencio, mis diminutos aunque dignos súbditos! – dijo el RDLDQTLP.

Su voz sonaba extraordinariamente potente para su pequeño tamaño, pero si tenemos en cuenta que lo puede todo, es decir, TODO, tampoco hay que sorprenderse mucho.

- ¡Los Duendes hemos perdido hoy a uno de nuestros más queridos compatriotas! – prosiguió, solemne, el RDLDQTLP -. El Duendecillo Sam, recientemente investido Duendecillo ECTS, ha fallecido hoy de agotamiento, mientras repetía entre delirios nosequé de Bolonia, o Bolonio, y decía que se le iba a acabar el plazo para alimentar a una especie de bestia mitológica.
Euricienta se entristeció. Con lo majo y lo trabajador que era el Duendecillo ECTS.
- Ahora – continuó el RDLDQTLP -, los duendecillos sólo queremos una cosa.

Paz, pensó Euricienta que diría, y que algo como esto no vuelva a repetirse en Psicolia.

- ¡¡¡Venganza!!! – gritó el RDLDQTLP con el rostro congestionado, y todos los Duendecillos Estándar se pusieron a chillar como ratas enloquecidas.

Fue un visto y no visto. Las espadas de los Duendecillos eran como palillos de dientes, pero los Caballeros Negros no acertaban a dar a aquellos bichitos con las suyas, enormes y pesadas. Antes de que Euricienta pudiera empezar a hablar de la compasión universal, todos los Caballeros Negros yacían muertos en el suelo del salón de audiencias. Mientras miraba cómo los últimos agonizaban, Euricienta concluyó que de aquello concretamente tampoco se le podía echar la culpa a ella, y confió en que la ley del karma tuviera la manga ancha.

Bolonio contemplaba la batalla como si no fuera con él. Había que reconocerle al cruel dictador una notable dignidad. Pero cuando el RDLDQTLP se dirigió hacia él, enfurecido, para tener el gusto de terminar con su europeizante vida, Euricienta se interpuso, decidida.

- ¿Qué haces, joven guerrera? – preguntó el RDLDQTLP -. ¡Aparta para que se haga justicia!
- ¡Ni hablar! – dijo Euricienta.
- ¿Acaso quieres dejar con vida a este miserable, que os ha tenido atados al yugo ECTS durante todos estos meses?

Entretanto, los Duendecillos Guerreros mantenían a raya a la multitud de Psicolios que, frustrados por no haber podido intervenir apenas en la batalla contra los Caballeros Negros, estaban empezando a linchar a Bolonio arrojándole sus armas desde la distancia y gritándole cosas como "¡A ver cómo evalúas esto ahora!"

- ¡Psicolios! – dijo Euricienta -. Ahora que tenemos a Bolonio bajo nuestro control, no creo que el mejor castigo sea la muerte…
- ¡Eso, eso! – gritaban los ciudadanos -. ¡Que le aten al potro! ¡Que se suelten en una mazmorra con ratas rabiosas!
- ¡No me refería a eso! – exclamó Euricienta -. La muerte, queridos, es descansada, relajada. Incluso la tortura es inactiva y tiene un final. Hay algo mucho peor…

Se hizo el silencio y Euricienta expuso su plan.

Por acuerdo popular, los ciudadanos de Psicolia ataron a Bolonio con una cadena en las mazmorras del castillo. Cada vez que a un Psicolio se le antojaba, podía ir a él y mandarle una tarea autoformativa, a ser posible complicada, absurda y arbitrariamente evaluada. Bolonio fue condenado a cumplir todos los plazos de entrega, so pena de ser despedazado por Ágora, que había sido encerrada junto a él.

Al tercer mes, Bolonio dejó de hacer tareas, exhausto, y se dejó comer por Ágora, que murió poco después de hambre.

En Psicolia, todos fueron felices y comieron perdices.

Decanus había huido de la ciudad en el fragor de la batalla. Dicen que le han visto en Precaria, trabajando arduamente en las minas de sal.

Euricienta se casó con un Ingenio rico y guapo. En cuanto a la iluminación… bueno, está en ello.

viernes, 4 de abril de 2008

Euricienta strikes again (Todavía una historia real)

Esta historia empieza aquí.

Una mañana, Euricienta se levantó más desmoralizada de lo habitual. “No tenía que haber venido nunca a Psicolia”, se decía. “Debí irme directamente a Precaria a buscarme la vida. Seguro que hasta las minas de sal son mejores que esto: no hay que pensar tanto y te pones morena”. Estaba sumida en sus lúgubres pensamientos cuando se dio cuenta de que la habitual montaña de papeles de su escritorio había desaparecido. En su lugar, había una notita.

Soy el Duendecillo del ECTS y he hecho todas tus tareas. Para llamarme, di tres veces “Un crédito europeo es igual a 25 horas de trabajo”.

Euricienta pensó de inmediato que se estaban quedando con ella. Repetiría las absurdas palabras y algún bufón malvado estaría escuchándola detrás de la ventana para imitarla luego en las funciones teatrales de Tutubo. Decidió que hablaría con los monjes de la Abadía de la Copistera para que le hicieran una nueva copia de los apuntes y así poder entregarle sus tributos a Ágora. Estaba a punto de salir de casa cuando reparó en un objeto tirado a sus pies: un sombrerito hongo del tamaño de un dedal. La niña que había en ella y que escuchaba de pequeña los cuentos de los juglares sentada al pie del viejo sauce se preguntó si no habría algo de verdad en la notita de la mesa. Cerró los postigos de las ventanas y, muy bajito, susurró:

- Un crédito europeo es igual a 25 horas de trabajo, un crédito europeo es igual a 25 horas de trabajo, un crédito europeo es igual a 25 horas de trabajo.

Sonó un pequeño “pluf”, como un petardo de feria, y apareció un hombrecillo regordete, pequeño como un ratón.

- Hola, Euricienta – dijo -. Soy un Duendecillo Estándar que contemplaba tu sufrimiento európico desde la ventana. Le pedí al Rey De Los Duendes Que Todo Lo Puede que me invistiera Duendecillo ECTS para poder echarte una mano. ¡Y aquí estoy!

A partir de entonces, los antaño dolorosos y difíciles días de Euricienta volvieron a tornarse luminosos y tranquilos. El Duendecillo hacía sus tareas por las noches y, por la mañana, ella se las entregaba a Ágora y se iba a vagabundear por las bibliotecas y a tomar cervezas. Meditó y meditó hasta estar cerca de la superconsciencia, e incluso pudo viajar un par de veces a Ingenia a conocer mozuelos. Sin embargo, cuando estaba al borde de la iluminación y el compromiso, se dio cuenta de que algo no iba bien. Las tabernas donde se sentaba a leer estaban siempre vacías. Sus amigos no querían quedar con ella para tomar algo. Las bibliotecas estaban llenas, sí, pero de tristes y ojerosos habitantes de Psicolia que trabajaban para pagar sus tributos. Así que Euricienta fue a casa y repitió en voz baja:

- Un crédito europeo es igual a 25 horas de trabajo, un crédito europeo es igual a 25 horas de trabajo, un crédito europeo es igual a 25 horas de trabajo.

Y cuando oyó el “pluf”, empezó a hablar atropelladamente:

- Duendecillo, tienes que ayudarme. Tienes que hacer las tareas de mis amigos, o convencer a otros Duendecillos para que se conviertan en Duendecillos del ECTS, o…

Pero cuál no sería su sorpresa al ver, cuando se deshizo la nube de humo, a un Duendecillo ECTS cansado, enflaquecido, con los ojos rojos de sueño. Parecía un prisionero condenado a muerte.

- ¿Quién te ha hecho eso, Duendecillo ECTS? – preguntó Euricienta, - ¿quién?

Antes de poder articular palabra, el Duendecillo ECTS se desmayó. Euricienta comprendió entonces que no podía pedirle al Duendecillo que siguiera haciendo sus tareas ECTS, ni mucho menos que convenciera a sus amigos para aceptar aquel destino suicida. Era necesaria una solución más radical. Sin pensarlo dos veces, Euricienta se colocó su cota de malla, agarró su flamante espada y salió a la Plaza Mayor. Allí se subió a un banco (Euricienta no era muy alta) y puso las manos en forma de bocina.

- ¡Ciudadanos de Psicolia! – gritó, sin preocuparse por decir también “ciudadanas”. Eran momentos demasiado decisivos para preocuparse por la corrección política - ¡¡Salid aquí, ahora!! ¡¡Salid, os digo!!

Poco a poco, los hombres y mujeres de Psicolia salieron de sus casas, entrecerrando los ojos por la fuerte luz del sol, y se congregaron alrededor de Euricienta.

- ¡Ciudadanos! – exclamó la joven -. ¡Mirad en qué os habéis convertido! ¡Parecéis topos emergiendo de sus madrigueras, esqueletos saliendo de vuestras eurotumbas! ¡La alegría que flotaba por Psicolia se ha esfumado y sólo ha dejado hastío, cansancio y frustración!

Se oyeron algunos débiles asentimientos.

- ¡Bolonio nos tiene esclavizados! ¿Y todo para qué? ¿Habéis estado en Europía? ¿Habéis visto sus cielos grises y el alto precio de sus cervezas? ¿Realmente, ciudadanos de Psicolia, queréis convertiros en Európicos?

La pequeña multitud empezaba a animarse. “¡No!”, exclamaban.”¡Abajo Europía! ¡Arriba Psicolia y la cerveza barata!”.

Y al grito de “Menos Europía y más cerveza fría”, todos los Psicolios se armaron hasta los dientes y echaron a correr hacia el castillo de Decanus. Degollaron sin piedad a los dos soldados que montaban guardia en la puerta (Euricienta no, obviamente, porque era contraria a matar a la gente y utilizaba su espada con funciones meramente intimidatorias) y entraron en la gran sala de audiencias, donde Decanus y Bolonio bebían vino y elaboraban la larga lista de tareas de la semana siguiente. Euricienta, a la cabeza de la muchedumbre, se acercó a ellos y colocó la espada en la garganta del flaco y cruel Bolonio.

- ¡Aquí se acaba tu conquista, malvado ser! – exclamó -. ¡Márchate de esta ciudad y déjanos tranquilos, o separaré tu cabeza de tu cuello y la colgaré de un asta en la Plaza Mayor!

Todos los Psicolios, sedientos de sangre (y cerveza), gritaban “¡menos cháchara, Euricienta! ¡Acaba con él ahora!”. No sabían que Euricienta sólo fingía puesto que, como hemos dicho antes, no sería capaz de matar a una mosca. Bolonio, lejos de alterarse, gritó, con una voz profunda que parecía salir de un lugar ajeno a su delgado cuerpo:

- ¡A mí mis caballeros! – y, en aquel momento, entraron en la sala los veinticinco Caballeros Negros del Crédito Europeo.

La pobre Euricienta miró a su alrededor, desolada. Aquello iba a ser una escabechina y la culpa la tendría ella y sólo ella. Intuyó que se iba a reencarnar en ser unicelular y se puso a pensar a toda velocidad para ver cómo podía remediar aquel desastre…

(Continuará)

(Es que me está quedando más largo de lo que creía).

miércoles, 2 de abril de 2008

Euricienta (una historia real).

Érase una vez, en el lejano reino de Universia, en la ciudad de Psicolia, una dulce muchachita llamada Euricienta. Psicolia era una ciudad maravillosa, llena de sol, de parques, de bibliotecas y de agradables tabernas donde corrían la cerveza y el vino. Sus jóvenes habitantes vivían en razonable paz y armonía gobernados por Decanus, un alcalde tontorrón pero justo y bueno, que sólo exigía, para poder disfrutar de las maravillas de Psicolia, el pago de tributos examinadores dos (o tres, dependiendo de las contribuciones anteriores) veces al año. Durante el resto del curso, los habitantes de la ciudad aprendían, se conocían unos a otros y tomaban tapas en las mesitas que las tabernas sacaban al sol los días de buen tiempo. Algunos jóvenes trabajaban en tabernas y tiendas para poder pagarse sus años en Psicolia, y a otros les llegaban ayudas de las arcas de Universia. No era un sistema perfecto, pero no estaba mal.

Después de vivir unos años en Psicolia, los jóvenes tenían que mudarse a Precaria, capital del reino de Adultia, un lugar mucho más lúgubre y duro dominado por los miembros del poderoso clan de los Usures (formado por tribus como los Santanderos o los Bebeuvianos). Sin embargo, mientras trabajaban en las minas de sal para pagar a los Usures, los ciudadanos de Precaria se consolaban pensando en lo luminosos y fantásticos que habían sido sus años en Psicolia.

Euricienta era feliz en Psicolia. Además de formarse intelectualmente, tenía dos metas en su vida: la iluminación y encontrar un marido, no necesariamente por ese orden. Era difícil encontrar marido en Psicolia, donde había pocos hombres en edad casadera, pero siempre podía acercarse a Cientifia o a Ingenia a buscar mozos de buena planta y con un buen futuro en Precaria. Para iluminarse, procuraba meditar mucho y ser buena persona. Le gustaba frecuentar las tabernas, las bibliotecas, los cines y todos los rincones hermosos de Psicolia. A veces, cuando se sentaba al sol una mañana de primavera, comiendo una tostada de tomate y leyendo realismo sucio, Euricienta pensaba que no necesitaba nada más en la vida (ni siquiera un marido).

Sín embargo, tiempos duros esperaban a los habitantes de Psicolia. Una hermosa mañana de verano, un ejército silencioso y solemne irrumpió en la ciudad. Se trataba de Bolonio y sus terribles secuaces, los Caballeros Negros del Crédito Europeo. Los ciudadanos de Psicolia se encerraron en sus casas, asustados. Habían oído hablar del malvado Bolonio, que estaba conquistando y sometiendo a las principales ciudades del reino de Universia, pero siempre habían creído que a ellos no les tocaría: que podrían escapar al puño de hierro del invasor y mantener su feliz y pacífica existencia.

Tras el pánico inicial, los hombres y las mujeres (porque Psicolia era un reino igualitario y porque, como ya he dicho, había pocos chicos), bruñeron sus armaduras, afilaron sus espadas y salieron dispuestos a vender cara su vida. Sin embargo, ni un arma se desenvainó en aquella batalla. Bolonio, un tipo alto, enjuto y de fríos ojos grises, entró en la sala de audiencias del alcalde, y se postró ante él. Luego comenzó a hablar. Habló de progreso, de innovación, de Europía, el lejano reino de la abundancia del que los habitantes de Universia oían hablar a menudo. Convenció a Decanus de que su hermosa ciudad podía ser aún más hermosa, de que sus habitantes aún podían ser más felices y, lo que es más importante, de la posibilidad de asegurarles un buen futuro en Precaria. Bolonio hablaba lenta y cadenciosamente, hipnotizando con sus tranquilos ojos claros al pobre e ingenuo Decanus, que asentía y sonreía mientras repetía, como encantado: "Progreso... innovación... Europía...".

Como decía, no hizo falta derramar una gota de sangre. Aquella misma tarde, Decanus salió al balcón de palacio y anunció a sus súbditos, que aún estaban ataviados para la batalla y esperaban confusos frente a las murallas, que desde aquel mismo momento Bolonio tenía el control de la ciudad y todos los habitantes deberían someterse a sus decretos, "por el bien de Psicolia y para que Universia pueda ser una tierra tan hermosa y fértil como Europía". Euricienta, que había empuñado su espada decidida a acabar con el invasor, se rascó la cabeza y pensó "Bueno, qué le vamos a hacer. Quizá sea verdad todo eso de la innovación y del progreso".

A partir de aquel día, todo cambió en Psicolia. Bolonio hacía pagar constantemente tributos a los habitantes: no sólo examinadores, sino también lo que él denominaba "autoformatorios". Los tributosautoformatorios debían entregarse casi cada día, y agotaban el tiempo y las fuerzas de los habitantes de la ciudad. Bolonio había traído además a su mascota, Ágora, un animal que hasta entonces sólo había existido en la mitología y que tenía cuerpo de felino, cola de serpiente y dos cabezas de lagarto. Si quería entregar los tributos, uno debía dirigirse a la hermosa jaula dorada donde moraba Ágora y arrojárselos para alimentar su voraz apetito.

Como tenían que estar todo el día trabajando para pagar sus tributos autoformatorios, los habitantes de Psicolia ya no podían buscar empleo en las tabernas o en las tiendas para sacar algún dinero extra. Algunos de ellos no podían permitirse vivir en Psicolia si no trabajaban, así que Decanus, asesorado por Bolonio, les aconsejó que acudieran a los Usures de Precaria. "Hemos hecho un trato con los Santanderos", dijo, "y os prestarán el dinero necesario para vivir aquí si os comprometéis a trabajar después en sus minas de sal". Euricienta se preguntaba cómo mejorarían sus condiciones de vida en Precaria si, además de estar preocupados por ganarse la vida cuando llegaran allí, tenían que trabajar en las minas de sal de los Usures para devolver el dinero que habían gastado en Psicolia. Pero para esa pregunta, como para otras tantas, Decanus no tenía respuesta. "Querido Decanus", le decía Bolonio al alcalde cuando éste le preguntaba, "así se hace en Europía. ¿Te parece lógico que las raquíticas arcas de nuestro reino se empleen en pagar a estos muchachos, cuando ellos mismos pueden trabajar en las minas de sal cuando lleguen a Precaria? Así nuestro dinero podrá gastarse en asuntos más importantes".

Euricienta se sentía desbordada. No tenía tiempo para meditar ni para alternar socialmente, así que no iba a consguir ninguno de sus dos objetivos principales en la vida. Andaba todo el día preocupada por alimentar a Ágora y no perder ninguna oportunidad para entregar sus tributos. Además, vio sorprendida que entregar tributos autoformatorios no la eximía de pagar los tributos examinadores de febrero y junio. Al principio los habitantes protestaron, manifestándose a las puertas del palacio. Decanus se excusaba: "Queridos súbditos, no podemos hacer nada, ya hemos cedido el control a Bolonio. Además.." y hablaba otra vez de progreso y de Europía. Euricienta, por su parte, ensaba que si Europía era aquello, ella no tenía ningún interés en que Psicolia se les pareciera.

Así le iba a la pobre Euricienta, cada vez más cerca de morir soltera y sola y de reencarnarse en escarabajo. Azules ojeras se marcaban en su pálido rostro. Su rubia melena se caía a mechones por las noches, mientras daba vueltas en la cama pensando en cómo haría para pagar los tributos de aquella semana. No tenía ilusión por aprender o por prepararse para su profesión: lo único que le obsesionaba era cumplir con los plazos de entrega de los tributos porque, para colmo de males, si llegabas demasiado tarde, Ágora negaba altanera con una de sus dos cabezas y no se dejaba alimentar.

Sin embargo, un día ocurrió algo maravilloso...

(Continuará).

sábado, 15 de marzo de 2008

Astrología

TAURO (del 21 de abril al 21 de mayo).

SALUD: es posible que su acné recurrente desaparezca a corto-medio plazo, ya que, en vista de la poca efectividad de los tratamientos no farmacológicos, su dermatólogo le ha hecho el gran favor de recetarle su CUARTA tanda de isotretinoína (Roacutan). Hidrate labios y mucosas varias y dedíquese a imaginar la de fotos que se hará cuando esté curada y hermosa. Aun así, recuerde que hay vida más allá del acné.

DINERO: Por primera vez en meses, puede respirar tranquila gracias a la inyección de dinero y paz mental que ha supuesto el reciente pago de su malditamalditabeca. No obstante, no se confíe: un despilfarro excesivo en tapas y lujos marca hacendado podría conducirle de nuevo a la precariedad económica en un plazo menor del que se imagina.

AMOR: Ahora que no tiene vd. pareja estable, haga el favor de tener cuidadito, que en cuanto la dejan suelta tiene bastante peligro. En cualquier caso, este astrólogo se considera incapaz de hacer ninguna predicción fiable y/o válida respecto a su vida amorosa a medio-largo plazo. Sabe perfectamente que tiene las mismas posibilidades de acabar encontrando a su media naranja que de morir vieja y sola y ser comida por pastores alemanes.

TRABAJO: No pierda la perspectiva y no deje que el Crédito Europeo ensombrezca su visión, de natural optimista, sobre su desarrollo laboral. Procure ignorar al Hombrecito De la Posguerra, a la chalada de Educación Especial, al pequeño Hitler de Teórica y a demás freaks que tiene por profesores, y concéntrese en el hecho incuestionable de que en un año y medio podrá decir adiós a este universo de caos y mezquindad que es la universidad y lanzarse de morros en el mucho más terrible mundo laboral.

LE SENTARÁN BIEN: los amigos, el sol con protección (precaución con su tediosamente delicada piel), la familia en dosis moderadas y el descanso.
CUIDADO CON: la rumiación emocional, la culpa, abusar del mortífero combo cervecita+tapita (por el bien de la operación bikini) y el gasto en móvil.

jueves, 21 de febrero de 2008

Neuramour

Me he enamorado.
Sí, qué pasa.

De un profe (Que es más joven que mi novio, así que tranquilidad).
Vale, J., tú puedes ponerte un poco nervioso.

Es mi profe de prácticas de neuro aplicada. Se parece un poco a Paul Rudd, el Mike de Friends.




Quiero ser tu mosca.


He dicho que se parece, así que dejad de intentar matricularos todas en NA que ya no quedan plazas.

Es mono, es divertido y sabe neuro. ¿Se le puede pedir más a un hombre?
El martes tuvimos la clase de presentación, aunque las prácticas no empezarán hasta dentro de un par de semanas (oh, desesperación). Mi amor, al que a partir de ahora llamaremos Paul Rudd (porque su nombre verdadero no me gusta y, además, tengo que respetar su derecho a no salir en este blog de gran difusión) me tuvo embobada la media hora de presentación. Hizo chistes sutiles que le salieron con naturalidad, no porque intentara hacerse el simpático. Dijo algunas cosas, como "evaluación de afasias", "amnesia anterógrada" o "hidrocefalia", que me pusieron bastante caliente. Por último, preguntó si alguien tenía alguna duda respecto a lo que había explicado.

Duda 1:
- ¿Cuáles son los horarios de prácticas?
Duda 2:
- ¿Es obligatorio asistir a todas?
Duda 3:
- De los dos horarios de prácticas, ¿cuál das tú?

Adivina, astuto lector, cuál de las tres fue la que yo le planteé.


Paul Rudd se puso colorado, y ahora tengo que estudiar mucha neuro para impresionarle.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Frustración

Post modificado por el bien de mi karma
¿Os he contado que tengo una profesora con unas ideas ciertamente curiosas sobre la psicopatología?

"Bueno, es que en realidad todos somos un poco esquizofrénicos,es decir, que todos alucinamos un poco, ¿no? (sonrisa) Es como si yo me estoy secando el pelo y digo "Uy, ¿ha sonado el timbre?" (gesto de secarse el pelo, más sonrisa). Pues más o menos eso es lo que les pasa a los esquizofrénicos."

Pues eso.