massobreloslunes: La felicidad subversiva

viernes, 13 de agosto de 2010

La felicidad subversiva

Hoy estoy cansada. Diría que estoy triste, pero en realidad no: simplemente estoy cansada y como un poco atontolinada por el calor. Llevo toda la tarde sola, paseando por el centro y después cocinando en casa y viendo Bones. De verdad que no entiendo el problema de la gente con estar sola. A mí no es que estar sola me guste o me deje de gustar. Es que no lo percibo como un estado raro o antinatural. Para mí es mucho más difícil estar con gente; no quiero decir que no me guste, pero sí que me resulta más exigente y me produce mucha más tensión que la soledad. Es como si yo sola fuera yo, y yo con gente fuera una metonimia de mí misma, el todo que hay debajo por la parte que se muestra cuando te encuentras con otros.

Supongo que esto de llevar bien la soledad tiene que ver con meditar y con que ahora mi mente está mucho más tranquila que hace años. Me acuerdo de que cuando fui a Barcelona era incapaz de gestionar el tiempo que pasaba sola. Mi mente me engullía y me aterraba con la inmensidad de su confusión. Me levantaba por las mañanas intentando decidir qué hacer ese día, en constante tensión por aprovechar mi tiempo y mis horas, esforzándome hasta la médula en que mi vida mereciera la pena. Hiciera lo que hiciera, al final nunca estaba contenta. Siempre deseaba estar en otro sitio. A mi día siempre le faltaban horas.

Ahora mi vida es sumamente normal, pero por dentro me siento salvaje. No sé cómo explicarlo, pero es como si todos los actos de mi día estuvieran llenos de significado, y el simple hecho de sentirme contenta y tranquila en un mundo donde lo normal es estar agobiado y triste pareciera subversivo.

Una de las cosas que más me está costando vencer en mi camino espiritual/personal es el apego a las ideas, a las emociones y a las experiencias. Cuesta renunciar a la intensidad, sobre todo cuando te lo pasas tan bien como yo enganchándote al drama. Tanto el sufrimiento emocional como las discusiones intelectuales proporcionan una pseudosatisfacción pajillera de la que es difícil desengancharse.

Sin embargo, cuando atisbas aunque sea un resquicio de paz interior te das cuenta de que es todo lo que hace falta. Tienes paz y eres capaz de hacer todo eso que dicen los libros de autoayuda de disfrutar las cosas pequeñas, de encarar los días con la energía y la capacidad suficiente para actuar conforme a lo que crees y a lo que quieres conseguir. Al lado de la paz, la intensidad que antes te resultaba placentera ahora te parece una basura, un sucedáneo violento y ansioso de la felicidad verdadera.

Es una pena que esa paz sea difícil de alcanzar y conservar. Enseguida viene algo que te desequilibra y te olvidas, te vuelves a enganchar a las emociones y a las ideas y sientes el breve respiro de estar arrastrado por la misma corriente de deseo y de ego que el resto de la humanidad. Lo subversivo es difícil y solitario a veces, y lamentablemente éste no es un camino recto. Pero si sólo fuera capaz de mantener el recuerdo de cómo me siento ahora, de lo sencillo que me parece todo, del descanso que supone abandonar la lucha y la tensión, creo que haría lo que fuera por continuar viviendo de esta manera.

2 comentarios:

  1. Amén.

    "Tanto el sufrimiento emocional como las discusiones intelectuales proporcionan una pseudosatisfacción pajillera de la que es difícil desengancharse". Una verdad como un templo que cuesta aceptar, es muy difícil liberarse de las autojustificaciones... y más complicado aún es hacerlo sin que resulte traumático.

    Qué bonito es leer tus experiencias y reflexiones narradas con tanta claridad. Gracias, crá.

    Un besote

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  2. Sí, estoy desbordando el ganges de mi claridad narrativa :P

    Gracias a ti, guapo. Muchos besos.

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