massobreloslunes: Por eso me quedé soltera, I

lunes, 9 de agosto de 2010

Por eso me quedé soltera, I

He decidido comenzar una saga bloguera que tendrá como objetivo desentrañar las cualidades de mi pareja ideal y, por lo tanto, inexistente. Se va a llamar "Por eso me quedé soltera", y me ayudará a entender por qué me quedé soltera cuando llegue a la vejez y me encuentre rodeada de gatos.

Comencemos.

Desde que lo dejé definitivamente con J., hace ya casi seis meses, ¡guau!, dedico cierta parte de mi tiempo a pensar qué tipo de cualidades me gustaría encontrar en un tío para quedarme con él toda la vida. Más que nada por si resulta que las encuentro y no las reconozco.

En realidad, tengo una lista hecha. Las cuarenta exigencias. La idea se la copié a J., que escribió una lista parecida en su blog. Al final resulta que los dos cumplimos un número importante de las exigencias del otro (yo creo que cumplo todas las suyas, pero quizá me sobrevalore), y aun así no estamos hechos para estar juntos.

Así que he llegado a la conclusión de que esas exigencias son una tontería.

El amor no es una lista. Sobre todo porque esas listas son, en general, listas sobre nosotros mismos. Sobre nuestras cualidades y nuestros defectos. Hay dos tipos de requisitos: los que queremos porque creemos que los tenemos (que le guste leer, que le guste escribir, que le guste Paul Auster) y los que queremos para que compensen nuestras carencias (que se levante temprano y no gruña por ello, que me aguante, que me saque a la calle cuando a mí me da pereza). Encontramos a alguien así, nos volvemos locos/as por esa persona y pensamos que morimos de amor.

Precioso, vamos. Como Narciso mirándose embobado en el reflejo del agua.

Después resulta que la otra persona no es lo que creíamos. Que además de esas cuarenta exigencias tiene otra lista enorme, de doscientos o trescientos ítems, compuesta por sus propias características, sus neuras, sus miedos y su historia. Y ahora no es tan fácil querer, ¿verdad? Se nos llenaba la boca de amor cuando el otro encajaba perfectamente en el molde compuesto por nuestra imaginación.

Y la otra persona nos falla y entonces la damos de lado. No sé si tiene que ver con la sociedad de consumo. Esta idea tan curiosa de que las personas se pueden tomar y dejar como si fueran vaqueros del Zara. Yo nunca he podido comprender cómo se puede querer a una persona y después dejar de quererla, rollo interruptor de la luz. Ahora sí, ahora no. "Te he querido mucho", te dicen luego. Genial. ¿Y dónde está ese amor ahora? ¿Te lo has tragado? ¿Se ha deshecho porque ya no me lo merezco?

Supongo que existen muchas razones para "dejar de querer". Se puede aducir que el otro "ha cambiado". ¿Ha cambiado o siempre fue así? ¿Ha cambiado o tú te negabas a ver cómo era entonces para que se adaptara a tus expectativas? La gente no cambia tanto. ¿Ha cambiado él o has cambiado tú?

También se puede decir que en ciertos puntos de la vida se toman caminos diferentes. En ese caso no dejas de querer. Te separas con razonable amistad. Puede haber dosis variables de cabreo, claro; yo me he cabreado con J., pero no puedo decir que haya dejado de quererle. ¿Por qué? ¿Porque no quiere estar conmigo? Él es básicamente el mismo que había sido siempre. Otra cosa es que yo no quisiera darme cuenta. Es más: ahora es incluso mejor en muchos sentidos que cuando le conocí, porque ha madurado y tal. Así que le quiero; lo que pasa es que no quiero ser su pareja y, de hecho, ahora mismo ni siquiera le quiero como amigo. Pero espero que podamos serlo llegado el momento. Y mi amor permanece.

Y luego está el "me hizo daño, así que me alejé". De todas las razones, quizá ésta sea la más lógica, porque te alejas para protegerte. Pero igualmente, ¿por qué dejas de querer? ¿Porque no es como esperabas? ¿Pensabas que era un santo o una santa, incapaz de hacerte daño jamás? ¿Sus fallos le invalidan como persona? ¿Ya no te merece? ¿Crees que ese daño estaba dirigido a ti, expresamente? ¿Crees que quería verte sufrir? ¿No se te pasa por la cabeza que quizá él o ella también sufre, y que en general el dolor de otros no es más que el efecto colateral del propio dolor?

Si creo que puede existir un amor más fuerte y más duradero que todo eso, es porque lo he vivido. He vivido el amor después del cambio, después del rencor y después del dolor. Y os aseguro que es una relación más fuerte y más intensa que cualquier enamoramiento absurdo y engañoso, porque al amor se le suman el perdón, el conocimiento y la aceptación.

Así que mi primera condición es que mi hombre ideal comparta conmigo todas estas ideas absurdas y locas sobre el amor. Que me prometa que me va a querer siempre. Eso creo que es factible. Quizá no se pueda prometer que estarás con alguien siempre, pero puedes querer a alguien siempre. Si pones el suficiente interés. Si tienes el corazón suficientemente ancho.



Edito para añadir la tira entera:



4 comentarios:

  1. Yo tampoco entiendo cómo se puede dejar de querer a alguien... a mí, al menos, nunca me ha pasado.

    ResponderEliminar
  2. Pues te advierto que somos las raras. Todo el mundo lo ve muy normal :S

    Besitos.

    ResponderEliminar
  3. Tienes tanta razón en esta entrada que me he enviado el post a mi cuenta cosasimportantesquenosedebenperder@gmail.com

    La gente ha visto tantas pelis y tiene tantas ganas de vivir en una peli de Disney y enamorarse que luego se caen con el equipo cuando la gente no era como pensaban.

    No se deja de querer. Sólo se aprende a sobrevivir con ello.

    Gracias por este post.

    ResponderEliminar
  4. La gente lo ve muy normal porque consideran amor a la idealización, al enamoramiento. La gente lo ve muy normal porque, en general, hay mucho analfabetismo emocional. Yo creo que hay una especie de circulo de intimidad que nos rodea a todos, y una vez que alguien entra dentro de ese círculo, ya no vuelve a salir, aunque las circunstancias cambien, aunque se deje de compartir lo que se compartía, aunque los caminos se separen. Bueno, ya hablé de esto una vez. Quien no lo entiende, no sabe querer, he dicho!

    ResponderEliminar