massobreloslunes: La vida me supera (otra vez)

lunes, 22 de noviembre de 2010

La vida me supera (otra vez)


Ya he comentado alguna vez que mi ánimo se divide entre los días en que pienso que me puedo comer la vida y otros en que la vida se me come a mí. Hoy ha sido un día del tipo B, así que estoy cansada y desmoralizada, preguntándome qué sentido tiene todo esto, hacia dónde voy y de dónde vengo. MQEN dice que la vida sirve porque aprendes cosas. ¿Cosas para qué? Para vivir mejor. ¿Y para qué quiero vivir? Para aprender cosas. Y así, sucesivamente.

Por las mañanas cojo el autobús en el paseo marítimo. Cruzo la calle, me acerco al malecón y observo el mar, la ciudad y el amanecer tras los edificios. Es tan bonito que no se puede describir y, al mismo tiempo, cada mañana pienso que es una mierda que no pueda absorberme por completo en el cielo y el agua, porque estoy demasiado preocupada por lo que pasará cuando llegue al trabajo.

Entonces llega el autobús, me subo y miro por la ventanilla. A esa hora suelo encontrarme entre animosa y tensa. Mi trabajo es impredecible. Puedes saber qué pacientes tendrás, pero no qué te va a traer cada uno de ellos o qué clase de marrones confusos te pueden endosar tus compañeros o superiores, así que es difícil un entusiasmo sin fisuras.

Observo la playa mientras escucho en el ipod alguna canción que me haga sentir que hay vida detrás de las paredes grises del Centro de Salud Mental. Miro a las gaviotas en la orilla y a los gatos tumbados en el murete que separa el paseo de la arena y me da envidia su tranquilidad plácida. Me acuerdo de ese pasaje de la Biblia en el que Jesús decía algo así como “si Dios cuida de los pájaros del campo, ¿no va a cuidar de vosotros, que sois más importantes?”. Como razonamiento es una puta mierda, sobre todo viendo cómo se desarrollaron los hechos desde entonces para los humanos, pero reconforta en el sentido poético. Después miro a la gente que pasea o corre por la orilla. Los desocupados, o los que entran a trabajar tarde, quién sabe, y también me dan envidia por poseer un trozo de tiempo que ahora no es mío.

Odio los días como hoy, en los que la vida me parece sobre todo insatisfactoria. Aunque sepa que normalmente llegan otros en los que me parecerá bella, rica y significativa. Porque luego llegan más días en los que me vuelve a parecer insatisfactoria. Es el cuento de nunca acabar.

Hoy me lloraba una niña en consulta porque no quería separarse de su madre para pasar un test de inteligencia. Al final hemos hecho un trato. Yo ponía la alarma cinco minutos después. Su madre salía. Si cinco minutos después ella seguía llorando, llamaríamos a la madre. A los cinco minutos la alarma nos ha sorprendido a las dos pendientes de algo totalmente distinto. Por supuesto, la niña no lloraba.

Todo será cuestión de aplicarme el cuento.

1 comentario:

  1. Lo de poner la alarma es un truco que funciona para la vida, así, en general? Porque yo también me aplico me cuento pero-que ya.

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