massobreloslunes: 52. Maneras de arreglar un corazón

martes, 20 de septiembre de 2011

52. Maneras de arreglar un corazón

Como tengo el corazón roto y tal, hoy me he echado una siesta doble, como los whiskys, y después me he sentado en el sofá chaiselonguero y me he dicho: Marinita, Marinita, ¿qué quieres hacer esta tarde? Algo bonito y agradable, que te lo mereces. Al factor bonito y agradable había que sumarle varios condicionantes. El primero es que soy pobre como las ratas, desde que el bodorrio de mi primo me desequilibró el presupuesto del trimestre. El segundo es que hoy ha hecho un levante horrible y no apetecía irse a pasear junto al mar pensando en tirarse por el malecón con piedras en los bolsillos. El tercero es que estoy a dieta baja en carbohidratos, con el doble objetivo de perder los kilos de vacaciones y acabar con el acné del Averno. El cuarto es que me duele el codo.

Total, que no podía ni pasear a lo melancólico, ni atracarme a helado de chocolate, ni nadar, ni darme masajes, ni hacerme la pedicura, ni comerme un muffin de chocolate, ni comprarme unos zapatos preciosos, ni matarme en el roco hasta que se me olvidara la vida, ni nada que se pareciera remotamente a un consuelo para el alma.

Como tenía cita en el centro de salud para que me curaran la quemadura de la pierna, he ido tirando para allá mientras se me ocurría algo. Está guay que te curen, es como que te cuidan y además es gratis, aunque no es tan agradable como los masajes. De hecho, la enfermera me raspa la herida y dice que es mejor que sangre, y encima yo luego en mi casa me quito la venda y me pongo otra pomada que me ha recomendado mi padre porque no me fío de ella. Pero quitando que soy una absurda y que duele, tiene su punto.

Después de la cura, cinco de la tarde, levante del Averno, corazón roto, he hecho lo que hago cuando estoy perdida y no sé dónde meter mi maltrecho cuerpo: me he ido al Corte Inglés. El Corte Inglés me pone de buen humor. No sé por qué, no me pasa en otras tiendas. Creo que es la variedad, poder ir de un sector a otro y vagabundear mirando objetos bonitos de todas las clases y colores. Ni siquiera me hace falta comprar para que me buenrolle.

Primero he estado en la sección de deportes, calibrando si ya tengo los suficientes abdominales como para poder ir por la vida en sujetador Nike (la respuesta es no). Me he encontrado a la madre de una paciente que me ha dicho que su niña está fatal y que lo arregle. Le he dicho que vea la Supernanny, porque yo ya no curro en ese equipo del Averno (mentira, soy patológicamente amable, le he dicho que fijaríamos una cita de despedida y lo arreglaría).

Después, por supuesto, libros. Oh, los libros. Ya he dicho alguna vez que de mi padre sólo me fío en dos cosas: sus recetas y su gusto literario. Me había recomendado "Que empiece la fiesta", de Niccolo Amaniti, un libro en el que no me habría fijado si no fuera de Anagrama. Así que me he empezado a leer el primer capítulo apoyada en una columna. Y cuando me he encontrado (cinco de la tarde, corazón roto, la mayor dosis de cariño de hoy me la ha dado una enfermera, etc. etc.) descojonándome de risa mientras el dependiente me miraba, me he dicho: este libro ha de ser mío. Y me he gastado veinte euros en un libro, siendo como soy pobre como las ratas, tócate los pies.

He pasado de mirar zapatos, y mira que me gustan los zapatos de invierno. Esa obscena variedad: botas altas y bajas, con y sin tacón, con y sin cordones, manoletinas, zapatos con hebillas con o sin tacón, de piel, de ante, de charol, y ya paro que me estoy poniendo nerviosa. Pero es que no pega mirar zapatos de invierno con este calor. Así que me he ido directamente a la tienda del Gourmet a comprar chocolate exótico. Libros y chocolate, que Dios me perdone: ya he dicho que tengo el corazón roto. He dudado un rato entre naranja y fresa con pimienta, y al final me he llevado el de fresa por variar. He caminado entre las estanterías, acariciando las tarrinas de foie y los paquetes de setas desecadas. Luego me he tomado un descafeinado y unas cuantas pastillas de chocolate con fresa y pimienta, que no está mal, por cierto, pero el de naranja sigue siendo un caballo ganador.

Cuando ya me iba me he acordado de P., que es una ex paciente que trabaja allí. Siempre que voy me acuerdo de ella, pero estaba de baja maternal y nunca la encontraba. Hoy he tenido la inspiración de que se había incorporado ya, así que me he ido a buscarla a su sección. Y ahí estaba, toda guapetona post parto. P. es una de las pacientes a las que tengo más cariño. Tiene unas ansiedades de la muerte y hubo que quitarle todas las pastillas porque se quedó embarazada. Así que fue una especie de intervención en crisis, un bonito reto terapéutico, porque no le quedaban más narices que enfrentarse a la vida sin química. Recuerdo consultas al límite, con ella respirando en una bolsa de papel y yo diciéndole "¡Piensa en tu hijo, P.! ¡Piensa en él!".

La saludo superentusiasmada desde lejos, y ella me mira raro y cuando me reconoce también se superentusiasma. Nos abrazamos. Habrá quien se pregunte qué tipo de vínculo establece realmente un psicólogo con sus pacientes. Pues yo a la mayoría termino por quererlos, pero yo me encariño con una escarola, así que no sé si es lo más común. Charlamos, me cuenta que tuvo un parto horroroso, me enseña fotos de su hijo. Me pregunta si voy a volver al equipo, porque ha intentado pedir cita conmigo y no puede. Le explico que ya no trabajo en ese equipo del Averno, pero que si alguna vez me veo obligada a volver será la primera en enterarse.

"Que me acuerdo mucho de ti, Marina. Que no sabes lo que me has ayudado", me dice. "De vez en cuando me encuentro tus papeles por ahí y los releo. Tú no sabes la influencia que ejercéis en la vida de la gente, en serio. Y ya la ansiedad no me paraliza. Sigue ahí, pero no me paraliza, no me da la gana". Nos hemos abrazado tres veces, así que la enfermera ha bajado un puesto en el ranking de personas que me han dado cariño hoy.

Al final creo que el camarero me ha puesto el café con cafeína, así que perdonadme la verborrea. Acabo de ir en bici hasta Cortadura para ver si se me pasaba un poco, pero qué va. De todas formas ha sido un bonito paseo, escuchando Vetusta Morla, cantando cuando no había gente y observando las playas enormes y vacías de Cádiz. La fauna veraneante ya ha dado paso a la gente de aquí, y se nota la diferencia en cantidad y en una cierta intimidad tranquila de los habitantes de la ciudad reencontrándose con ella.

Total, lectores, que entre el chocolate, el libro, mi paciente y la bicicleta, pues ni tan mal. Sí que hay cierta continuidad extraña entre la tristeza y la alegría, Anónimo76. O a lo mejor soy yo y la ciclotimia poseyéndome; el caso es que ha sido una buena tarde, la de hoy.

Siempre hay tiritas, pequeños. Siempre hay tiritas.

9 comentarios:

  1. Qué emoción me ha dado el momento ex-paciente achuchándote <3 Tiene que ser genial esto de poder ejercer una influencia positiva en la gente y que, además, te lo agradezcan así. Eso jamás lo viviré en mi trabajo intelectualoide de oficina XDDDDD

    (Chocolate de fresa con pimienta *___* Mi dermatólogo me mataría, pero creo que me voy a acercar al club del gourmet un día de estos *____*).

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  2. ¡Qué placer leer tu post!
    Está cargadito de todo lo que me gusta: los libros y chocolate.
    Me he metido en tu piel y pienso que debió estar genial todo, todito.
    Es buena la reflexión de Anónimo 76

    No te he dicho que es un placer cuando os ponéis a debatir.

    Muchos besos y que tengas un ALEGRE día.

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  3. He leído un poco tu blog, me gusta mucho y creo q tenemos un problema en común. Seré breve: prueba a no comer lácteos, sobretodo de vaca. Yo he pasado años luchando contra el acné desde muchos frentes, ginecólogo, dermatólogo...y un día un médico naturópata me dijo: no tomes lácteos de vaca.Así, sin más. ¡Y sólo con eso, me mejoró un montón! El problema es q es difícil ser estricto pq la leche de vaca está en muchas comidas, y a veces no puedo o no quiero renunciar a algunas cosas (pizza,helado, carbonara, galletas...mmmm...me encanta comer). Pero realmente cuando lo hago bien y no como nada q lleve leche ¡mi acné mejora! Y ahora incluso tampoco tomo ni de oveja ni de cabra, pq aunque en principio el médico no me lo prohibió, me he dado cuenta de q si dejo todo tipo de lácteo aún estoy mucho mejor.
    Espero q a ti tb te vaya bien.
    Un beso

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  4. Menos mal que hay tiritas! ;P

    Speedy

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  5. [...]"y me he gastado veinte euros en un libro, siendo como soy pobre como las ratas" si los libros ganan a los zapatos y demás es q eres la auténtica gafapastas, jajaja. Me encanta tu club, a mí me pasa lo mismo.

    Dentro tí hay un templo q cuando acudes a él te aporta felicidad y te recuerda de manera permanente q eres un ser especial e irrepetible. Míra dentro de tí, lo demás desaperecerá.

    Cariños y abrazos a mi escritora favorita

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  6. Querida Marina:

    Hoy estoy superentusiasmado, tengo un día de los espléndidos, así que que no sé hasta qué punto el que te escribe esto soy yo. Claro que también podría decir lo mismo del resto de los días más bien amargos cuando me esforzaba en escribir algo para que no se disolviera mi identidad: ¿ era yo? No lo sé. Supongo que será al lector al que le toque juzgar la continuidad de lo que somos. Me alegro, en cualquier caso, de que tú puedas creer que sí, que hay cierta continuidad extraña entre los libros y el chocolate.

    Un beso.

    Anónimo76.

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  7. Qué bien ^^. Y me ha encantado este post.

    Una pregunta un poco marginal, al respecto de lo que cuentas de tu expaciente, ¿tú crees que la ansiedad (cuando parece que viene de serie) es posible de erradicar, aunque sea a periodos, o es más como lo que te decía esta chica, que no paraliza, pero ahí sigue? Si esto es trabajo no me contestes (:

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  8. Aldery: Sí que es genial. Compensa por todos los marrones que te comes y por todas las veces que te ves impotente/absurda. En cuanto al chocolate de fresa y pimienta, no está mal, pero yo prefiero el de cereza con chile, que lo venden en el Hipercor.

    Daltvila: me alegro de que te haya gustado el post y mis debates con Anónimo76 (aunque en verdad no debatimos tanto, más bien conversamos, en mi opinión).

    Juno: Ya he probado a no tomar lácteos en varias ocasiones, y la verdad es que no he notado tanto el efecto como para que me compense. Eso sí, no tomo leche, sólo lácteos fermentados y altos en grasa (mantequilla y nata). Pero gracias por el consejo :)

    Speedy: ¡¡Menos mal!!

    Ciudadano: La última frase de tu comentario me ha alegrado la mañana :) En cuanto al resto, no sé si conoces la cita de la charla del último día del curso: "Haz de la verdad tu isla, haz de la verdad tu refugio. No hay otro refugio. Haz de ti mismo una isla, haz de ti mismo un refugio. No hay otro refugio". Es de mis favoritas y siempre me da fuerza, y tu comentario me ha recordado mucho. Gracias.

    Anónimo76: Jajaja que no te consideres tú mismo cuando estás superentusiasmado dice mucho de tu autoconcepto. Me alegro de que tu día haya sido de los espléndidos. Estoy segura de que hay un montón de alegría dentro de ti. En cuanto a quién eres tú, pues no lo sé... eres la esencia, la voluntad de escribir y de vivir, supongo.
    Y que conste que entre los libros y el chocolate los libros ganan con ventaja, ¿eh?

    Avernícola: Es una pregunta compleja. Yo creo que el que es ansioso lo es siempre. Es una respuesta aprendida muy poderosa y poco controlable. Pero sí que se puede mitigar, si uno se esfuerza lo suficiente. A ver si uno de estos días escribo un post al respecto. Resumiendo: dieta, deporte y meditación. Al menos en mi caso.

    Besos a cascoporro y gracias, de verdad, gracias a todos por el pequeño pero valioso esfuerzo de comentar.

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  9. Pues me encantará leerlo.

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