massobreloslunes

martes, 4 de octubre de 2011

Esta semana está siendo especialmente puteante. Me sigue costando la misma vida pensar en qué escribir. El curro está aburridísimo y mataría por tener pacientes míos. Todas las mañanas, cuando aparco la moto y camino hacia la puerta del CTA, me tengo que convencer para subir por las escaleras en vez de por el ascensor, recordándome a mí misma que por el amor de Dios, no estoy tan depresiva como para no ser capaz de llegar al primero por mis propias fuerzas.

En realidad pues ya lo sabéis, soy feliz, así en general, si lo miramos globalmente. Eso no quiere decir que no sufra. El otro día leía en mi libro de la Vipassana que parte de nuestro problema como personas humanas es que nos creemos que si hacemos las cosas bien dejaremos de sufrir, y que no es así. Que el dolor y el sufrimiento son inherentes a la existencia. Que la vida es una sucesión de momentos buenos, malos y neutros para mí, para Brad Pitt, para Condoleezza Rice y para el Dalai Lama. Y yo lo sé, pero me jode. Yo querría que mi vida fuera una sucesión permanente de paz interior y amor, pero ni lo es ni tiene pinta de que yo sea capaz de llegar a ese estado concretamente en esta vida.

Hoy estoy cabreada. No me hagáis mucho caso, que es el síndrome premenstrual. Lo he notado esta mañana, cuando mi conducción, que normalmente es tranquila y benevolente, se ha convertido en un "me cago en Dios qué cojones te crees haciendo eses con tu moto de mierda delante de la mía". Me pone nerviosa la gente con cascos de medio huevo; no los veo serios.

Así que estoy cabreada, me siento decepcionada y estafada por la vida y el amor, estoy desilusionada y tengo un hueco en mitad del pecho que va a tardar un tiempo en rellenarse. Me había costado un montón rehabilitarme. Me había costado un montón llegar al punto de sentirme tan fuerte y tan contenta como para tener ganas de involucrarme de nuevo con otro ser humano. Ahora es como si te partes una pierna, te pasas meses en rehabilitación y cuando por fin estás lista para salir al mundo te la vuelves a partir tontamente. Y eso me putea. Me putea porque yo no soy así. Yo no tengo miedo al compromiso, ni a la sinceridad, ni a expresar mis sentimientos, ni a llamar por teléfono, y ahora resulta que sí que lo tengo y eso me jode hasta límites insospechados. Y estoy segura de que se pasará y me convertiré otra vez en la ilusa idealista y romántica que cree en el amor y las personas lindas; es cuestión de tiempo. Pero estoy en fase de "¿quién se ha llevado mi queso?", me estoy rebelando contra estos sentimientos y al final no hago más que pelearme con la realidad y no sacar nada en claro.

En teoría la rabia es mejor que la tristeza. Es más productiva, más móvil. La tristeza te convierte en una víctima y la rabia en un agresor, que al final no asusta a nadie más que a sí mismo pero que por lo menos se otorga un poder impreciso y potente. Y yo ahora quiero convertir mi rabia en compasión. Hacia mí misma y hacia ti, claro, eso siempre. Me resulta más sencillo sentir compasión hacia ti. Contigo no estoy cabreada; tú eres lindo. Estoy más enfadada conmigo y con mis instintos kamikazes, con la yo que se sube al skimmy creyendo que su deficiente sentido del equilibrio le servirá de algo y luego se cae, se fisura la muñeca y llora. Estoy cabreada con mi apego y mi debilidad, con mis ilusiones desproporcionadas, estoy cabreada con la naturaleza insatisfactoria de la vida y con el recuento calórico del chocolate. Al final tendré que acabar por sentir compasión hacia todo eso (quizá me pueda ahorrar la parte del chocolate), y es justo escribiendo esto cuando me he dado cuenta de que ése es mi verdadero reto. Yo pensaba que lo había hecho todo bien y que no había nada que perdonarme, y ahora veo que uno siempre encuentra motivos absurdos y pequeños para refugiarse en la culpa.

Tú no tienes la culpa de nada. Yo no tengo la culpa de nada. La vida es así. El tiempo pasará y yo seré capaz de rellenar el hueco. La pierna volverá a soldarse.

Ojalá no tuvieras que leer esto. Pero yo ya no voy a borrar más entradas.

3 comentarios:

  1. Es un síndrome premenstrual DE LIBRO.

    Besos (Ya sabes que se pasa)

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  2. Tengo un día de estos y resulta reconfortante leerte. Me reconozco en tus palabras.
    Gracias

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