massobreloslunes: El mal capilar, V: La vida ya es dura y encima yo voy y me tiño

jueves, 1 de diciembre de 2011

El mal capilar, V: La vida ya es dura y encima yo voy y me tiño

Lectores queridos:

El castaño rojizo de mi último experimento capilar me duró más bien poco. La acción combinada de lavarme el pelo todos los días, ir a la piscina y haberme dejado el tinte poco tiempo puesto por si me quedaba hórrido hizo que se desprendiera pronto de mi cabello. Además, como dice un amigo mío, ser rubia no es un color: es una actitud. Se me había quedado un color precioso precioso: así mi rubio natural, pero ligeramente cobrizo al sol y un poco más oscuro que después del verano. Precioso y brillante y cada vez más larguito: una maravilla de pelo, vamos. Que yo guapa guapa no soy, pero tengo un pelazo.

Sin embargo, yo quería emociones fuertes. ¿Tanto rollo con el tinte para volver a ser rubia en tres semanas? Nah. Así que hice caso a mis lectores. Que si el rojo cuesta que agarre, que si prueba con algo más fuerte si total se va en seis semanas. Ni corta ni perezosa (de nuevo, ¡me encanta esa expresión!) me planté en el Bodybell del Palillero. Que, por cierto, van a abrir un Kiko al lado y me voy a querer morir comprándome pintaúñas.

Decidí cambiar también de marca. ¿Antes había usado L'oreal? Pues ahora Garnier. Que no sé por qué lo hice, porque a mí Garnier es una marca que me cae como mal, así con su rollito somos naturales, sus botes de colores ácidos y sus modelos jovencitos e hiperfashions lanzándose a piscinas sin que se les encrespe el pelo. Pero bueno. Me puse a mirar los colores de la gama de tintes impermanentes. Lo que tiene Garnier es que los nombres de los tintes son larguísimos: que si Castaño Claro Cobrizo Caoba, que si Castaño Oscuro Violín Madera y todos así. Que no te da la memoria de trabajo para componer en tu mente el concepto del color, porque cuando llegas al final se te ha olvidado el principio.

Entonces vi el Tono de la Vida: Cobrizo Salvaje. Cobrizo era lo que yo me había echado la vez anterior, y puesto que lo quería un poco más, digamos, llamativo, el Salvaje era lo que yo estaba buscando. Quizá, pero sólo quizá, era un poco cantoso, pero después de la experiencia "el ámbar es castaño" quise creer en mi mente ingenua que el cobrizo salvaje se volvería ámbar.

Llegué a mi casa y me puse el tinte, así envalentonada. Ni pruebas previas con mechones cortados ni ostias. Todo a saco. Además, se me piró ligeramente la olla con el tiempo de posado porque me puse a decir chorradas por Facebook, pero pensé: "No pasa nada. Más salvaje aún. ¿Qué somos, hombres o gallinas?".

De nuevo, enjuague guarreteoso en la ducha (¡los tintes manchan mucho!) y mirada relajada al espejo, rollo "a mí nada me sorprende".

Lo siguiente que supe de mí misma fue que me había convertido en Morticia Adams.

Lo bueno del asunto es que el día anterior estaba preocupada por mi acné. Ahora mi piel pasaba a un segundo o tercer plano: de la piel ya estoy mentalizada, pero a ver qué cojones hacía yo con ese pelo negro zahíno ligeramente rojizo y de una textura un poco rarita, así como de imitación de Barbie.

Así que busqué en Google "cómo aclarar baño de color", y Google me devolvió que debía llenarme el pelo de mascarilla, envolvérmelo en papel transparente, darle calorcito, ponerme una toalla y esperar. La teoría era que el calor y los aceites de la mascarilla disolverían el pigmento y aclararían el tono.

He repetido esa operación como seis veces en tres días, y lo bueno es que ahora mi pelo no está negro, no. Ahora está rojo. Muy rojo. ¿Sabéis que me quejaba de que la otra vez no era nada rojo? Pues ahora sí lo es. Mucho, en serio, mucho en plan Alaska mezclada con Morticia a la sombra, Alaska mezclada con El Rey León al sol.

Como muestra, unas fotos del día siguiente a la Operación Tinte del Averno, escalando en San Bartolo.


Morticia


Alaska


La foto Alaska va con gorrito para no impactar vuestra sensibilidad con la visión de TODA MI CABEZA brillando en rojo intenso.

Mi entorno me dice cosas como "no está tan mal", "el color el bonito", "es que no estamos acostumbrados a verte así". Qué adorables. A mí me parece que estoy horrorosa. No es sólo que el color sea cantoso, sino que es feo, así intrínsecamente. Pero bueno, en teoría el tono es impermanente, como el amor, así que espero que en un par de semanas la cosa adquiera un aspecto razonable. Claro, que también puede pasar que la rojez siga incrementándose con el desteñido y al final no se me pueda mirar porque brille con refulgencia.

No lo llevo mal, no obstante. Me hace como gracia, sobre todo porque se me olvida y de repente me veo en un cristal y/o espejo y digo: joder, tengo el pelo Muy Rojo. Pero ya me vale. Porque esta vez, ni peluqueras del Averno, ni nazis flequililes ni nada: esta vez, queridos, me la he buscado yo más que solita.

4 comentarios:

  1. Cuando se te vaya, te reflejarás en un escaparate y pensarás: ¿pero qué pelo más poco rojo, no? XDDDDDDDDDD A mí me está desapareciendo ya mi moreno y pienso cuando me veo en el espejo: ¿Pero yo antes era tan rubia? XDDDDDDD

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  2. jajajajja estás muy guapa! si mola un montón cambiar de color de pelo! :) buen finde!

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  3. Pues yo soy fetichista del pelirrojismo, así que... ME GUSTA! :D

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  4. ¡Pero si estás muy guapa! Además si te consuela, el rojo se va en nada, y más si tiene un rubio de fondo. Así que disfruta el pelirrojo,que no volverá...a menos que tú quieras. :)

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