massobreloslunes: Mamá, yo quiero ser santa

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Mamá, yo quiero ser santa

Esta entrada se la dedico a Neikos y a su dulce y recién nacido Mateo. Sed felices, pequeños.

Yo no sé en qué punto de mi perturbado cerebro infantil nació la idea de ser santa. Ya os digo que creo que era una mezcla entre querer coger buen sitio en el cielo, por un lado, y pretender ser siempre la mejor en todo y también en la religión y la bondad. Igual que quiero sacar dieces, pues quiero ser santa: así funcionaba yo.

Mi inspiración era clara: Santa Teresa de Jesús, la santa que fundó mi colegio, las Teresianas. Santa Teresa así grosso modo era muy muy buena de pequeña, y su madre se murió, y luego quería irse a África para ser mártir y que le cortaran la cabeza, pero la pillaron saliendo de Ávila y se tuvo que confirmar con ser santa a secas. Creo que me gustaba porque había empezado a ser santa desde pequeña, que era lo que quería yo. Por otra parte, yo tenía bastante claro que quería ser santa, no mártir, que he tenido mi época religiosa, pero sufrida no he sido nunca.

De pequeña el rollo religioso me gustaba mucho. ¿Por qué? Pues no sé, me resultaba reconfortante. Había cosas buenas y cosas malas, tú te limitabas a hacer las buenas, Dios siempre estaba ahí, te escuchaba y tú podías pedirle cosas aunque no te hiciera ni caso. Y si la liabas, pedías perdón y punto. Yo hablaba mucho con Dios y le contaba mis problemas. A lo mejor de haber podido escribir un blog de pequeña no habría necesitado la religión, quién sabe. Pero así tenía como una especie de amigo invisible superpoderoso que encima me prometía cosas bonitas para después de la muerte. Recuerdo que entonces la muerte me daba cero miedo; más bien sentía curiosidad, y algunas veces hasta me entraban ganas de suicidarme para ver qué pasaba (esto es cien por cien morboso y raro, lo sé y lo siento).

Total, que quería ser santa. ¿Qué hacía para conseguirlo? En mi cabeza era bastante fácil: se trataba de ser buena todo el tiempo, punto. También rezaba mucho: por la mañana, por la noche y cuando me acordaba a lo largo del día. Recuerdo perfectamente mi rutina de rezo nocturno: un padrenuestro, tres avemarías, un gloria, angel de la guarda, Jesusito de mi vida y la señal de la cruz. Luego lo fui tuneando a medida que aprendía oraciones nuevas, como una superbonita de la que todavía me acuerdo:

Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea
pues todo un dios se recrea
en tan graciosa belleza
a ti, celestial princesa
Virgen sagrada, María
te ofrezco desde este día
alma, vida y corazón
cuídame con compasión,
¡no me dejes, Madre mía!

Me encantaba la exclamación del final y la pronunciaba mentalmente así como en un éxtasis de fe. Recuerdo que mi abuela me regaló una virgen de escayola pintada a mano para que la colgara en el cabecero de mi cama y tuve una época super friki hardcore de Dios en que por las noches rezaba de rodillas frente a mi Virgen de escayola. Era preciosa y tenía dedos largos largos, que según mi tío Quique tienen que ver con la espiritualidad. Las oraciones me reconfortaban, por el tema poético-lírico, creo yo. Ahora, de mayor, de vez en cuando recito poesías que me sé de memoria porque tranquilizan a mi corazón ateo. La única oración que sigo rezando cuando me acuerdo es la de San Francisco, sobre todo la parte de "Oh, Señor, haz que yo no busque tanto/ ser comprendido, sino comprender/ ser consolado, sino consolar/ ser amado, sino amar." Me gusta, yo qué sé.

Yo debí de ser la única niña de España y del mundo que hizo la comunión firmemente convencida de que quería hacer la comunión, seguir a Jesús e ir al cielo. El momento problemático llegó en la confesión, cuando teníamos que ir a decirle nuestros pecados al cura para comulgar en gracia de Dios. Que es la caña el tema de la religión cristiana: al fin y al cabo, te confiesas y vuelves a quedar limpio, es como meter el alma en la lavadora. Los budistas y su karma infinito e inmutable: eso sí que es complicado.

La cosa es que yo no sabía cómo decirle al cura que yo... en fin... que yo había pensado y hecho cosas llamémosle sucias. Pero sabía que tenía que decírselo porque eso era muy muy malo, y si comulgaba sin confesar eso me iba a freír en las llamas del infierno. Al final lo camuflé entre otros pecados menores, como el típico que va a comprar a la farmacia y dice "tiritas, betadine, condones y esparadrapo". Pues yo dije algo como "he mentido, he pegado, he cometido actos impuros y me he peleado con mi hermano". El cura asintió y no me llamó pervertida ni nada, así que bien. Hice la comunión en gracia de Dios y me puse super contenta de haber lavado el pecado original, y durante una época iba a misa los domingos y rezaba rosarios por las tardes.

Durante la adolescencia mi relación con la religión iba y venía. Seguí creyendo varios años, aunque todo se hacía cada vez más laxo y confiado en la supuesta misericordia infinita de Dios y en que al final me pasaría la mano. Digamos que era muy difícil combinar mis oraciones a la celestial pureza de María con mis pensamientos lujuriosos hacia Leonardo DiCaprio y diversos maromos morenazos dos o tres años mayores que yo. Me separé definitivamente de Dios cuando, en cuarto de ESO, llevamos a cabo una serie de debates sobre anticonceptivos, homosexualidad, masturbación y sexo prematrimonial que me hicieron ver claramente que aquello no era para mí. Me afectó especialmente el tema de la homosexualidad: ¿cómo podía estar Dios en contra del amor? Me resultaba muy ajeno y simplemente dejé de creer.

Tonteé de nuevo con la fe en unos campos de voluntariado religiosos a los que fui con dieciséis años, pero ahora creo que no era la fe, sino las hormonas. La última vez que pensé en Dios fue también haciendo voluntariado, en un centro para enfermos de SIDA de Málaga, porque uno de los enfermos me miró a los ojos de una forma que yo pensé que era Jesucristo. Verídico. Y yo tenía casi veinte tacos, ojo, pero se ve que seguía siendo sugestionable.

Por último decir que ahora no es que no quiera creer; simplemente es que tengo cero fe. Cero. Nada. No me lo trago. La religión cristiana/católica y la Iglesia me parece que están fundadas sobre una serie de mitos y dogmas tan raros y tan absurdos que hace falta ser muy ingenuo para creérselos. Por eso supongo que fui religiosa siendo niña: porque sólo pude creer en Dios mientras creía en los reyes magos o tenía amigos invisibles. En el momento en que perdí mi capacidad de fantasear e imaginar con cierta verosimilitud, perdí la fe.

Hoy pienso que en realidad ser cristiano es superguay, y que ojalá ojalá yo me tragara la historia del Dios que lo creó todo y que vino a salvarnos y que nos va a llevar a un lugar mejor si somos buenos. Ojalá pudiera seguir hablando con Dios por las noches y pensando que le da un sentido a todo. La vida sin Dios da bastante más miedito. Pero bueno. No me va mal. Ahora mismo creo en la Iluminación y en practicar el amor bondadoso y confío en que me irá bien en lo trascendental... y bueno, sólo espero que después de la muerte no pase como decía Mr. Bean en un monólogo que vi una vez: que al final los judíos tenían razón.

6 comentarios:

  1. Me resulta muy adorable esta entrada :) Me identifico con bastantes cosas como moza-procedente-de-colegio-de-monjas, incluída esa especie de nostalgia hacia el ente al que podías dirigirle tus plegarias cuando quisieras, así de fácil. Ay.

    Yo siempre digo que del cristianismo me quedo con la filosofía del tal Jesús, que me parece mu bien pensada. De hecho yo procuro seguir haciendo lo de no hacerle a los demás lo que no me gusta que me hagan a mí, porque me parece una idea mu lógica y cojonuda, ea xD

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  2. Marina, me ha dado mucha nostalgia tu entrada. A mi me pasaba algo también raro: tuve mi época religiosa (más orientada al tema de ser misionera y eso, me parecía muy guay), pero de repente empecé a agobiarme pensando que yo iría al cielo, eso clarísimo, y mis padres, con todo lo que me regañaban, al infierno (clarísimo también). Conclusión: atea. Una pena, pero al menos iré al mismo sitio que mis padres.
    Un besazo!

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  3. Yo no soy creyente, pero me gustaría hacerte un apunte, cuando dices:
    "Me separé definitivamente de Dios cuando, en cuarto de ESO, llevamos a cabo una serie de debates sobre anticonceptivos, homosexualidad, masturbación y sexo prematrimonial que me hicieron ver claramente que aquello no era para mí. Me afectó especialmente el tema de la homosexualidad: ¿cómo podía estar Dios en contra del amor? Me resultaba muy ajeno y simplemente dejé de creer."
    Mmm... hay gente que que acepta los anticonceptivos, la homosexualidad, la masturbación, el sexo prematrimonial y etc, y cree en Dios y se considera cristiana. Quiero decir que no veo una relación inherente entre creer en Dios y seguir esos dogmas de la Iglesia. Por eso hay gente que se separa de la Iglesia pero no de Dios. Yo he conocido incluso a gente de ir a misa cada domingo pero tener sus opiniones independientes después. Hay cristianos así (y más que debería haber). Pongo la mano en el fuego de que, en caso de que yo creyera en Dios (creía de pequeño, en la adolescencia dejé de creer porque simplemente creo que dificilmente pueda existir un ser superior), seguiría pensando lo que pienso sobre sexo, homosexualidad y todas esas cosas. O sea: mi opinión sería distinta a la de la Iglesia. Y no por ello dejaría de creer.
    De todas formas, no se puede negar tampoco que la mayor factoría de ateos es la propia Iglesia Católica, por un puro efecto de causa-consecuencia

    Muy buena entrada.
    Un saludo :)

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  4. Hola =) soy estudiante de psicología y hace un tiempo que sigo tu blog, me gusta mucho lo que escribes! (además yo estoy empezando a escalar jajaja) con respecto a esta entrada te quiero decir que no tienes que renunciar a la espiritualidad para siempre, hay más religiones que el cristianismo, yo empecé hace años a tontear con la filosofía oriental y el budismo y de verdad que he encontrado un apoyo enorme porque veo que todo aquello que ya pensaba tiene cabida en esa filosofía de vida, es más, es que me ayuda a desarrollarme como persona, a crecer para ser mejor para mí y para los demás. Por ejemplo, te recomiendo al autor Osho, pero sus primeros libros más que los últimos que son más comerciales, para mí fue un gran descubrimiento. Un abrazo!

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  5. Vaya, en estas fechas tan señaladas, me llena de orgullo y satisfaccion que me(nos) dediquen una entrada!! Te pongo al dia con el peque en breve como recompensa.

    En cuanto a los santos yo siempre he sido ateo. Y no por llevar la contraria sino porque es algo que nunca me plantee de pequeño. Supongo que fue por la poca interaccion con la materia en cuestion por parte de mis padres. Por ejemplo, en mi clase solo tres personas ibamos a etica, aunque el numero iba creciendo segun pasaban los años. Luego, cuando creci un poco mas y pense en ello lo deje de lado como algo con poco sentido, como quien piensa en la existencia de los marcianos.

    En cualquier caso las historias religiosas son mucho mas abundantes de lo que la gente piensa de primeras. Supongo que al crecer uno no distingue a quien fue protosanto de quien no, pero a poco que preguntes uno se lleva sorpresas. Luego esta lo que dice Byron, que una cosa es creer en dios y otra creer en la iglesia.

    Besos!

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  6. Hablar con Dios, haciendo balance del día y pedirle deseos era temendamente bonito. A mi me daba seguridad cuando era pequeña.
    De acuerdo contigo en muchas cosas.

    Un abrazo

    * También a mí me trajiste bellos recuerdos.

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