massobreloslunes: Navimal, II: Cualquier tiempo pasado fue mejor

martes, 13 de diciembre de 2011

Navimal, II: Cualquier tiempo pasado fue mejor

Andaba yo esta tarde paseando por la Viña, que es un barrio antidepresivo, en serio. Un barrio Prozac. Estás en tu casa pensando que la vida carece de sentido, sales a la calle y si no te animas es que estás muerto por dentro. Caminas por las callecitas oscuras y sin coches, con las luces de navidad encendidas y los villancicos saliendo de la puerta de los comercios. Ves al ferretero, a la frutera, al zapatero y escuchas salir de las tiendas el rumor de las conversaciones, "llévate esta lana que no pica nada", "ponme chirimoyas, pero sólo si están para comerlas". Mi tutora me cuenta que su padre vive en el centro de Cádiz porque dice que está "seducido por los callejones". Así me siento yo: seducida por los callejones, qué preciosa frase.

Y mientras caminaba he visto un belén que había montado nosequé asociación en una casapuerta (casapuerta=portal+patio en gaditano), y entonces me he acordado de esos tiempos antiguos en que no estaba poseída por el señor Scrooge y me gustaba la navidad. Aquellos tiempos en que la vida era no mejor, pero sí más simple. La infancia.

Cuando yo era pequeña me ENCANTABA la navidad. Para empezar, las navidades de la infancia duraban como doscientos años, o por lo menos a mí se me hacían larguísimas. En el colegio preparábamos villancicos y los cantábamos en la fiesta. Nunca me elegían para hacer los solos, porque querían a niñas con la voz muy aguda y yo canto bien pero un poco ronco, pero podía llevar mi pandereta y tocarla con el dedo mojado en saliva. Y me encanta cantar y me encantan los villancicos, sobre todo los rocieros que nos enseñaban en el cole.

Además, yo de pequeña era superreligiosa. Ésa es una faceta oscura de mi vida que algún día revelaré aquí, pero el caso es que yo de verdad de verdad que creía en Dios. Oye, y estaba guay: era como no sentirse nunca sola. Dios estaba allí, te escuchaba y te consolaba por algún mecanismo extraño. Durante un tiempo, incluso, me empeñé en que quería ser santa. El proceso mental por el que llegué a esa conclusión era sencillo: si la vida duraba X años pero el cielo duraba infinito, yo prefería hacer méritos para el cielo. Y ya que iba a ir allí, quería pillar un buen sitio. Luego me di cuenta de que ser santa era muy complicado e implicaba celibato y soltería, y como yo siempre he tenido muy claro que no quería ser ni célibe ni soltera, me quité.

Al grano, que me despisto. Como era superreligiosa, pensaba en el sentido profundo y espiritual de la navidad. Me pasaba todo el Adviento intentando ser más buena para preparar la llegada del niño Jesús, porque por aquel entonces no me la pelaba el niño Jesús. La Historia Sagrada siempre me ha parecido muy bonita: como una gran cuento épico, una especie de Señor de los Anillos trascenental. Y Jesús, aunque me la pele, me cae muy bien, y de hecho de pequeña me daba verdadera penita que lo hubieran crucificado, y siempre deseaba que fuera de otra manera, como la típica peli de la que ya te sabes el final pero que no puedes evitar querer cambiar. Así que me daba pena el niño Jesús, porque pensaba: ahora eres un bebé primoroso, pero en breve serás un niño repipi y allá por marzo te putearán y te crucificarán. Así que disfruta ahora que puedes y que la gente te trae regalos en vez de escupirte.

También me encantaba el día en que ibas al colegio y te disfrazabas de pastorcita. El traje de pastora era genial: Camisa, chaleco, delantal, falda de florecitas, pañuelo en la cabeza y sobre todo sobre todo las zapatillas de pastora, esas con esparto y cintas que se ataban alrededor de la pierna y que al final del día siempre se te quedaban colgonas, a no ser que te las apretaras hasta cortarte la circulación. Y el zurrón donde tu madre te metía mantecados. Ah, porque también era una época en que te podías llevar mantecados al recreo y/o desayunar mantecados, que también era algo muy genial de la navidad y afortunadamente lo sigue siendo. De hecho, si me apuras, los mantecados casi casi hacen que esta Época del Averno me compense.


Fotito del día de disfrazarse en mi infancia. Yo soy la del centro.
La PK es la que está justo debajo del mural. ¡Te quiero, PK!


Además estaba todo lo de hacer manualidades navideñas, belenes variados, plastilina, dibujitos etc etc etc. Qué chollo los profesores, que en esa época no tienen que pensar temática para las actividades. A mí me encantaba dibujar belenes, pero no sólo el nacimiento, sino belenes con muchas figuritas, con pastorcitos, ángeles, los reyes, gallinas, patos, árboles, ríos... y la estrella fugaz encima de todo, enorme y muy amarilla, con la cola terminada en picos. Los belenes siempre me han fascinado, y de niña imaginaba que me hacía muy pequeñita y podía meterme en el belén, pasear por el río de papel albal y tocar con la mano a los burritos de plástico.

Los regalos estaban muy bien, aunque en realidad mi relación con ellos se basaba en el autoengaño. Me engañaba diciéndome que este año sí, que este año jugaría con la Nena Melenas, el Penique Elástic o La Herencia de la Tía Ágata, cuando en realidad yo nunca en mi vida he jugado a prácticamente nada. Mi infancia se reducía a leer todo el rato, y no estoy fardando de intelectual: es que leer me parecía mucho más divertido que todo lo demás. Como ya os he contado alguna vez, menos mal que mi madre me llevó a los scouts aunque llorara y me salvó de convertirme en una autista. Aun así, los regalos me hacían siempre mucha ilusión, y pasaba por lo menos tres días inseparable de mi nueva muñeca/peluche/cosa y creyéndome que era una niña normal.

Había más navicosas en mi infancia. La obra de teatro, que solía ser vanguardista e incomprensible porque mi profesora estaba loca. La fiesta de los scouts, que también tenía sus teatrillos y donde hacíamos concursos de tartas y disfraces. Con los scouts también fuimos un par de veces de... ¿cómo se llama? Cantando por la calle para recoger dinero para los pobres. Tiene un nombre, pero no me sale ahora mismo (Edito: PASTORAL. Íbamos de pastoral). Y después de Nochebuena nos íbamos de campamento, que era un campamento que a mí nunca me apetecía porque se pasaba muchísimo frío dondequiera que fuéramos, pero que al final me acababa molando.

Total, que aquello sí que eran navidades bonitas y especiales y ambientadas. Eran mágicas. Estaba guay que todo estuviera lleno de navidad, porque tú eras parte de ello, eras el núcleo. Porque hacías cosas divertidas con alegría y con ilusión. Así que bueno, a lo mejor sí es verdad que las navidades se hacen por los niños, y a lo mejor hay que resignarse a su obligatoriedad aunque sólo sea para que ellos se lo pasen tan bien como yo me lo pasaba entonces. En cualquier caso, ahí están, que le vamos a hacer, así que intentaré poner buena cara, comer muchos mantecados y, ¿quién sabe?, quizá comprarme una pandereta.

3 comentarios:

  1. Yo también tenía La Herencia de Tía Ágata. Lo malo es que nunca aprendí a jugar en condiciones. Tenía una prima que se inventaba las reglas de los juegos, y que como era mayor que yo y mi hermana, nos lo explicaba como a ella le daba la gana. Con Línea Directa hacía lo mismo... (Tendrá esto la culpa de mis desengaños amorosos? :P)

    A mi también me tocaba siempre ir de pastorcita...La virgen o el ángel, que era así como más guay, se lo daban siempre a las niñas rubias y con ojos azules de mi clase... :( pero bueno, los pastorcitos no pasabamos frío y teníamos un zurrón con comida muajajaja

    Cuando eres niño la verdad es que tienes ilusión por las cosas...aunque yo no sé por qué siempre he sido muy retraída para expresar mis emociones y aunque me encantaba ver el árbol lleno de regalos y sabía que eran para mi, me hacía la despistada como si no me acordaba que habían venido los reyes. Extraño, no?

    En fin ... que eso, Aquellos maravillosos años ... :)

    ResponderEliminar
  2. ¡¿Quien es esa profesora?!Se parece a Eva, pero la recuerdo con la cara más fina. ¿Y por qué parece sacada de los 80? A lo mejor es que -como en HIMYM- a las teresianas los 80 les llegaron en los 90.
    Muchos besitos,
    Marta

    ResponderEliminar
  3. Yo me recuerdo bastante antinavideño desde que tengo memoria... y tengo memoria de cuando era bastante peque. Por alguna razon, siempre me ha parecido triste. Que cosas, porque me considero bastante positivo y animado, pero es asi. Ya de mayor lo empece a llevar mejor, como cuando tienes un sueño raro y aprendes a despertarte. Ahora se que es lo que hay y bueno, intento pasar el rato. Eso si, lo que nunca he entendido es que si la llegada de elniñojesus es en navidad, como van los romanos y le cuelgan con solo 4 meses.

    PD.: le cambio el email que me debe y mas fotos futuras por historias jugosas de su etapa beata. No me diga que no es un buen plan!

    ResponderEliminar