massobreloslunes: Tercer post: mi primo amarillo

miércoles, 29 de febrero de 2012

Tercer post: mi primo amarillo

Ya sabéis todos lo mucho que quiero a mi primo. Bueno, no, no lo sabéis. Os hacéis un poco una idea, pero no lo sabéis. El caso es que después de leer el libro de los amarillos he llegado a una conclusión importante:

Mi primo Sergio es el amarillo definitivo.

Os recuerdo la definición de amarillo, by Albert Espinosa: persona que no es amigo ni es amante. Que te hace sentir especial. Que no necesita mantenimiento. Que te toca y deja que le toques. Que te ve dormir y despertar. Insisto en que es una definición rara y quizá un poco cursi, y que cuando uno lo lee piensa: Albert Espinosa, se te ha ido el coco y te estás inventando una nueva categoría de gente. Pero dándole vueltas al asunto llegué a la conclusión de que si existen, mi primo Sergio es mi amarillo definitivo, porque me hace sentir única y estupenda, me da cariño físico sin reservas, está ahí contra el tiempo y la distancia y me ha visto muchas veces dormir y despertar.

El sábado fuimos a tomar cañas seguidas de cafés seguidas de copas. Al principio toda la familia; después los adultos se fueron y nos quedamos los jóvenes que, por otra parte, ya tenemos una edad. Nos fuimos al Zeus, el bar de un colega de mi primo.
- ¿Yo a ti por qué te querré tanto? - me preguntó Sergio en algún lugar entre la quinta y la décima cerveza.

Es un tema recurrente entre nosotros. Por qué nos queremos tanto. Porque es un poco inexplicable: él me quiere desde que nací y yo a él desde que tengo memoria. Pero no es un amor típico de primos, ya sabéis: te quiero porque bueno, tengo que quererte, pero en realidad ni siquiera nos vemos mucho. Es un amor mucho más intenso y más salvaje, casi de enamorados no incestuosos. Cuando estamos él y yo, los demás no nos importan mucho. Le escucho hablar, decir chorradas, hacerme reír y no puedo más que abrazarle y/o mirarle embelesada.

El sábado él decía que es una cuestión de vidas pasadas. En el café habíamos estado hablando de qué queremos que hagan con nosotros cuando muramos. Es curioso, porque a mí se me había ocurrido la misma idea mientras iba en el tren, y pensaba que sí, que incineración, pero que a ver qué hacían luego con mis cenizas. Y ahora creo que si sigo escalando el resto de mi vida igual pido que las entierren al pie de una vía difícil y bonita, para ver cómo la gente le da pegues y más pegues durante su eternidad inmutable de roca.
- Yo no creo que todo se acabe aquí, de verdad - me decía mi primo mientras quitaba con la cuchara la nata de su café irlandés -. Yo creo que hay otras vidas. Dime si no por qué tú y yo tenemos esta conexión. Es algo especial, no se explica porque seamos primos, porque yo te quiero a ti bastante más que a todos los demás.

Me reí. Yo digo mucho también lo de las otras vidas; no sé si porque me lo creo de verdad o porque me resisto a pensar que todo se acabe después de setenta u ochenta raquíticos años y que tenga que dejar aquí a gente a la que quiero tanto.

Estuvimos en el Zeus un montón de rato, pero como habíamos llegado temprano aún eran las diez cuando ya estábamos listos de papeles. Sergio y yo bailábamos los Piratas: éramos los únicos del bar y nos podíamos permitir el lujo de pedirlos en bucle. "Ahora prometo solo pensar en ti", cantaba mi primo señalándome, y yo me partía mientras le daba tragos a mi gintonic, porque Sergio borracho baila decentemente pero canta muy, muy mal.

Entonces me miró muy fijamente.
- Si descubro la forma de hacerme vampiro, ¿quieres que te convierta?
- ¿Qué?
- Vampiro, vampiro inmortal. Porque yo cada vez tengo más claro que querría ser inmortal. Pero igual la eternidad solo es muy aburrida, así que dime, ¿quieres que te convierta?
- Claro que sí - asentí yo, decidida. Él sonrió y siguió bailando.

Hoy ha venido al mediodía a despedirse, justo antes de que yo saliera en dirección a Atocha. Está mortal de guapo con su traje azul marino y su camisa celeste, que le hace juego con los ojos. Entra como un torbellino en la cocina y se abalanza sobre mí, que me estoy pintando las uñas en la mesa.
- Que tengo un montón de prisa, dame un beso, gorda, que te quiero - me agarra, me abraza fuerte, yo le abrazo también e intento no mancharle de esmalte la chaqueta del traje -. Uy, casi se me olvida - añade luego, y saca del bolsillo interior un librito. Muchas vidas, muchos maestros, de Brian Weiss: un libro sobre las regresiones y la reencarnacion.

Desaparece detrás de la puerta de la cocina. Luego vuelve, "dame otro beso", y por fin se va, dejándome con la soledad reversible de quien se queda de pronto sin su amarillo favorito y con el libro sobre las regresiones en la palma de la mano. Voy a omitir lo que pienso de las regresiones y/o de los libros que hablan de ellas. En el debate entre el escepticismo y la fe, creo que agoté toda mi fe queriendo ser santa y sólo me queda el escepticismo. Aun así, es bonito, pienso. Es muy, muy bonito que alguien te regale un libro sobre la regresión sólo porque quiere demostrarte que te conoce de otras vidas y que quiere estar contigo siempre.




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Edito hoy miércoles para contaros que escribir una novela es motherfucking difícil y que llevo una hora sintiéndome como si intentara bañar un gato. Así que podéis regocijaros, que igual pronto me doy por vencida y estoy aquí otra vez en mi confortable casita bloguera.

9 comentarios:

  1. ¡No! Disimula al menos una semana!!!
    Yo, si me planteo lo de escribir una novela, simplemente haría una selección de post con algo de común, los enlazaría como en un cuento, y luego, satisfecho al ver ese montón de hojas ya escritas, seguiría como tal cosa, te dejamos hacer alguna trampa a tu mente ;)
    Y sí, soy cobarde, pero ya sabes que me intimidas, y me gustan los amores eternos, ese rollo romántico decadente de película y fundido en negro.
    Besos.

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  2. ¡Basta con el rollo de la intimidación! Que no es usted el primero que me lo dice y ya cansa.

    Por favor, ¿alguien que me conozca en persona podría atestiguar que no intimido tanto? ¿Que soy amor y quizá no del todo dulce pero sí bastante maja?

    Besitos.

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  3. Marina en persona no intimida: enriquece (como el caldo)

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  4. Muy buen post homenaje al primo! (una vez más jeje) mola. y me ha gustado más aún el libro que te ha regalado.....a pesar de tu escepticismo ;) hay párrafos subrayables en ese libro :)
    Feliz jueves :)

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  5. Ja, ja, ja. No se enfade, pensé que la estaba halagando con esas palabras, ya sabe, la perfección intimida y bla bla bla, no me refería a que no fuera dulce y un amor.
    De todas formas en Madrid eso no pasa, somos demasiado chulos para esas tonterías. La invito a un helado de pistacho, ¿ok?
    Beso.

    Pd: De pistacho para que diga que no le gusta y volvamos a empezar...xP

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  6. Me reitero en que me gusta el concepto de amarillo... he pensado y creo que sólo tengo alguien amarillo en mi vida!

    :*

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  7. ¡Menudo rollos os traéis tu primo y tú! Por cierto que eso de "quizá no del todo dulce" como que da mal rollo, jaja. A mí me pareces interesante y con muchísimas cosas por contar, pero no particularmente intimidante; claro, no te conozco en persona, que era el requisito que pedías.

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  8. Mopi!!

    No pienso que intimides, pero me cuesta reconocer ese tipo de características en las personas que conozco desde hace mucho. Y nosotras nos conocemos desde hace diecinueve años.

    Yo creo que no tengo amarillos en mi vida.

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  9. Ah! y tienes que escribir la novela. Vamos a tener que hacer uno de nuestros pactos raros en el que te propongas adithana novelil.

    Besotes

    Els

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