massobreloslunes: Mandaos

sábado, 3 de marzo de 2012

Mandaos

Ayer me eché una siesta de viernes. La siesta de viernes es aquella en la que te tumbas en el sofá con tu mantita y tu bolsa de cereales, coges el móvil para poner el despertador y dices: al carajo. Voy a dormir hasta que me duela. Y abres el ojo a la media hora, y lo vuelves a cerrar, y lo abres a la hora y ves que aún es de día y dices: yo hasta que no se haga de noche no me levanto de aquí. Y te despiertas a las siete de la tarde super relajada y a la vez completamente estúpida, con ganas de, por este orden, comerte una tableta de chocolate y morirte luego.

Después de mi siesta de viernes me puse a dar vueltas por mi casa totalmente desorientada, planteándome qué podía hacer con las horas que le quedaban a mi tarde. Me hice un café (descafeinado) y me lo tomé frente al portátil. Al final decidí salir a por lo básico: comprar una alcachofa de ducha y pasarme por el Carrefour a rellenar la nevera. Y me dije: "voy a hacer unos mandaos", que es una expresión que aquí en Cádiz se usa mucho.

Salí a la Viña encendida y ruidosa. Buscar una alcachofa de ducha. ¿Dónde compra uno una alcachofa de ducha? ¿Hay tiendas para eso? ¿Tendrán en un chino? Paseé sin rumbo por las callejuelas bulliciosas hasta encontrar una tienda de electrodomésticos donde me redirigieron a una fontanería. Entonces me entró el frenesí comprador de maruja de barrio y adquirí, por este orden: la alcachofa de ducha, un taco de fichas para anotar ideas para escribir, un flexo para la cama y una plancha rosa.

[Inciso: fragmento de mi conversación con el vendedor de planchas.
Yo: quería una plancha.
Vendedor: ¿De cocina o de planchar?
Yo: de planchar.
Vendedor: pues tenemos ésta, que sale por veinticinco euros, y esta q...
Yo: ¡quiero la rosa!
Vendedor: es una buena opción, pero también tenemos esta de aq...
Yo: ¡¡¡la rosa!! ¿Qué parte de "la rosa" no ha entendido?

Fin del inciso.]

Yo no soy muy de tiendas de barrio; lo compro todo en el Carrefour y no me conflictúo. Pero cuando venzo la pereza y me animo a ir, me gustan las tiendas especializadas en cosas. Me encanta sumergirme en esos pequeños universos regentados por personas que lo saben todo de, por ejemplo, lámparas, o artículos de baño, o lanas de colores. Dan cierta tranquilidad de que está todo controlado. Siempre me entran ganas de hacerles la misma pregunta: ¿le gusta su trabajo? Una vez se lo pregunté a la dependienta de una papelería especializada en Bellas Artes de Málaga, porque pensé que sería genial currar en un sitio tan lleno de colores y posibilidades. La chica me miró un poco extrañada y luego sonrió como si me estuviera contando un secreto, "la verdad es que sí".

Por último, entré en una tienda de congelados. Observé a la tendera mientras me servía un par de rodajas de salmón y un cuarto de gambas peladas. Pensé que el sitio tenía cierto aire de morgue, con todos aquellos alimentos helados y fríos, y concluí que no era muy posible que a la chica le gustara su trabajo. Creo que trabajar allí tiene que configurar de alguna manera tu cabeza. Seguro que esta chica después llegaba a casa y su novio le decía: "cari, qué antipática estás hoy", y ella le miraba con los ojos compungidos, incapaz de derretir su corazón congelado después de un día de frío.

Y me despido por hoy, que estoy cansada de escalar. Por cierto, esto de postear cada dos días al menos me hará practicar más a menudo con la escritura en pasado. Yuju.


1 comentario:

  1. ¡Qué maruja de barrio!
    Me gusta tu vida.
    Besitos
    Marta

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