massobreloslunes: Los conquistadores de lo inútil

lunes, 5 de marzo de 2012

Los conquistadores de lo inútil

Creo que lo que me mueve a escribir, más que las ideas abstractas como el amor o la justicia, son las imágenes. Porque si estás lo suficientemente atento hay imágenes que te atrapan y no sabes por qué; de alguna forma, intuyes que cuando las pongas sobre el papel te van a enseñar algo. Sobre ti o sobre la vida: alguna forma perversa de verdad. Al fin y al cabo, mi objetivo como escritora no es más que el egocentrismo de intentar que veáis las cosas como yo las veo. Y me pregunto por qué: si al final esas imágenes, esas intuiciones breves, me las podría quedar para mí. Pero me parecen importantes y auténticas, y pienso que compartiéndolas puedo hacer que perduren: propagar la emoción como un lento y literario efecto mariposa.

El tema es que hoy llevaba todo el día queriendo escribir sobre escalada, así que he empezado a describir el fin de semana. Intentaba reflejar el sol que iluminaba los campos de camino a Benaocaz. La ilusión que tenemos todos: esa ilusión tan tonta, ese grupo de personas tan distintas empeñadas en medirse con un trozo de pared. Estudiantes, parados, un militar, un ingeniero; de veintimuchos, de treinta y pocos, precavidos, temerarios, risueños o tímidos. Cruzando bromas, intercambiando barritas de muesli, hablando de vías y asegurando. Y, sobre todo, trepando: porque hay un momento en que te quedas solo aunque haya veinte millones de personas a pie de vía. Estás tú amarrándote el nudo y poniéndote los gatos, sabiendo que te vas de viaje y te vas tú, punto, con tus manos y tus pies, tus cansados músculos y tu mente cobarde.

Desde que me torcí el tobillo a principios de año voy con más miedo. Es curioso, porque se trata de un miedo circular: miedo a escalar y caerme porque si me lesiono no podré escalar. Si estás lo bastante atento puedes sentir cómo fluctúa tu cerebro entre los breves momentos de seguridad (cuando pasas la cuerda por el seguro, cuando pillas un agarre bueno para la mano, cuando puedes reposar sobre tus dos pies) y los de riesgo: desplazas los dedos y los gatos sin tener claro que te vayas a quedar agarrada, mirando de reojo la distancia que separa tu cuerpo de la chapa anterior. Ayer mi cabeza se resistía a salir de la zona de seguridad y cruzar a la de riesgo, y mi débil voluntad intentaba respirar, acallar el pánico y seguir en movimiento.

No trepé mucho; ya había escalado el sábado y me notaba cansada. Al final de la última vía, donde volé unas cuantas veces y pasé un miedo de flipar, decidí que iba a buscar una roca con una inclinación óptima y a echarme una siesta. Me imaginaba al día siguiente exactamente como estoy hoy: cansada, dolorida, masajeándome los brazos en la reunión matutina del trabajo, frotándome blastoestimulina en las yemas despellejadas antes de ponerme los guantes de la moto.

Así que localicé la piedra y me tumbé, con el plumas bajo los riñones y el polar cubriéndome como si fuera una mantita. Mi cuerpo me agradecía el respiro. Tenía una visión perfecta de la placa, la formación rocosa que se ve en la foto. Miradla primero y después imaginadla conmigo. Cerrad los ojos. La temperatura era perfecta: templada pero sin calor, con una brisita fresca que te echaba un cable cuando estabas arriba apretando. La Veredilla tiene una luz especial, que cruza limpia por entre las rocas grises y los matojos andaluces de monte bajo. Y frente a mí, en la placa, tres notas, tres, trepando de primeros como tres leones. Sergi a la derecha del todo en un 6b de treinta y cinco metros. Pablo en medio en un 6c un pelín más corto. El otro Pablo, un físico tranquilo y serio al que le gusta escalar a vista,  en un complicadísimo 7c de placa en el que no se veían los agarres ni con lupa.

Entonces tuve una visión muy clara de lo absurdo que es escalar digamos a nivel cósmico. Aquellos tres chicos dejándose todo ese esfuerzo para subir y después bajar. Se podía ver la placa irguiéndose tan tranquila en medio del campo y tú podías darte cuenta claramente de que ni a la placa ni a Dios les importa un carajo que escales. Y, sin embargo, el esfuerzo de los tres era muy hermoso, muy puro. Subir por subir y bajarte luego; al final, tampoco es que la vida dé para mucho más.

Y esa era mi imagen para hoy. Era lo que quería transmitir. Ese momento de darte cuenta de lo efímero y absurdo que es todo si lo miras con la suficiente distancia. Como escribir aquí: dejarte las yemas en el teclado y que después el tiempo y las actualizaciones vayan borrando tu esfuerzo. Nada le importa a nadie y, sin embargo, nos importa muchísimo. Y, no sé por qué, pero eso me parece precioso.

4 comentarios:

  1. Como siempre, coges una idea que en principio no parece gran cosa y construyes un texto que llena, hermoso y henchido.
    La verdad es que cambiar la distancia desde la cual vemos las cosas tiene su peligro: ya sea por mirarlas con demasiado detalle o con demasiada distancia, corremos el riesgo de caer presas de la futilidad de la existencia que vivimos, de que hagamos lo que hagamos no vamos a tener relevancia alguna. Aunque consigues arrastrarme un poco con la imagen final de la paradoja del esfuerzo vano para todos menos para nosotros mismos, para mí no es algo tan bello: si no le importa a nadie, si realmente es un esfuerzo que no sirve para nada... ¿tiene sentido siquiera? ¿Cuánto tiempo puedes mantener la cabeza agachada y seguir tirando hacia delante negándote a pensar en ello? Ah, la futilidad, qué peligro :)

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  2. Subir y después bajar, simplemente vivir y después morir.

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  3. A nivel cósmico , todo es absurdo, tanto escalar como escribir una novela. Pero es que la vida parece ser una excepción en el orden cósmico. Por eso, siempre que algo le importe a alguien, el orden cósmico será alterado y lo efímero y lo absurdo gozarán del privilegio de lo eterno.Y lo eterno, claro, no lo es por su duración: puede ser una tarde de escalada al sol, una comida con los amigos o un abrazo a una desconocida; lo es por su cualidad. La vida da justamente para eso y, si no diera para más, ya sería suficiente.No será todo tan inútil cuando años después de que Terray le pusiera título a su libro, lo has elegido tú ahora para encabezar tu post.

    Anónimo76

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  4. Me encanta cómo escribes!

    Estoy muy de acuerdo contigo. En realidad seguir entusiasmándose por casi cualquier cosa, aunque como tú dices, sea absurdo tomando la suficiente distancia, es una capacidad. Y es una de las que más me enternecen. Precioso post!

    :*

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